Sábado, 26 de enero de 2019
En aquel tiempo, "Jesús llegó a casa con sus discípulos y de nuevo se juntó tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí". Al principio de su vida pública, Jesús vivió el éxito del anuncio del Evangelio rodeado de mucha gente, pero también de la incomprensión de la familia. Los suyos no tenían buena opinión de Jesús. Creían que había perdido la cabeza. Por eso, tratan de hacerle regresar a su casa antes de que sus palabras y sus gestos comprometieran el buen nombre y honor de la familia. A pesar de ello, Jesús siguió con su misión. Tal incomprensión sigue vigente con frecuencia en los familiares de aquellos a quienes Dios llama para un servicio especial. Este breve relato evangélico se convierte de este modo en un aviso contra la pretensión de juzgar las cosas de Dios desde criterios puramente humanos. Gracias, Señor Jesús, por tu valentía ante la incomprensión de tu familia.
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