
Domingo, 17 de febrero de 2019
Hoy es domingo el día del Señor. A la luz de la Palabra de Dios que proclamamos en la Eucaristía de hoy, hemos de preguntarnos: ¿En quién tenemos puesta nuestra confianza? El profeta Jeremías (Jr 17,5-8) recoge estas palabras del Señor: "Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor...Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza...". El que aleja su corazón del Señor es como arbusto en la estepa, que crece raquíticamente. Lo contrario, el que confía en el Señor será como el árbol que crece exuberante junto a las corrientes de las aguas. En la misma línea, el salmista (Sal 1, 1-2.3.4 y 6) afirma: "Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor". En el Evangelio (Lc 6,17.20-26) de hoy se recogen cuatro afirmaciones positivas de Jesús: Bienaventurados los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, y los que son odiados por este mundo. Y cuatro negativas: ¡Ay de los ricos, ay de los que están saciados, ay de los que ahora ríen y ay de los que este mundo alaba! Los cuatro primeros pueden estar alegres, porque su recompensa será grande. Los cuatro segundos están destruyendo la felicidad en sus vidas y en la de los demás. En definitiva, Jesús pone ante nosotros una nueva forma de entender la vida y las relaciones: romper con la ambición, la injusticia y la indiferencia. Si rompemos con estas actitudes negativas, estamos en la mejor disposición de vivir unas relaciones auténticas con Dios, con los demás y con el mundo. De este modo pondremos nuestra confianza en el Señor. Esto conlleva estar más cerca de los pobres, de los que sufren, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. No olvidemos que a Dios no lo vamos a ganar en generosidad. Señor resucitado, danos la gracia de vivir el espíritu de las bienaventuranzas, para ser realmente felices.
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