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viernes, 3 de abril de 2026

EL PAN DE LA PALABRA

 


VIERNES, 3 DE ABRIL DE 2026. San Juan (18,1–19,42)

 

VIERNES SANTO

 

El Viernes Santo es un día en el que no se celebra la Eucaristía y día de ayuno pascual obligatorio, en recuerdo de la pasión y muerte del Señor. Es un día consagrado a la meditación y adoración de la cruz del Señor, fuente de nuestra redención. La oración colecta expresa la hondura de lo que se celebra: "Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas; santifica a tus hijos y protégelos siempre, pues Jesucristo, tu Hijo, en favor nuestro instituyó por medio de su sangre el misterio pascual." El misterio de pasión y de anonadamiento se describe en las lecturas bíblicas: la pasión y abajamiento del siervo del Señor en el cuarto cántico del Siervo (Is.52,13-53,12); en el salmo 30, se recoge la oración de Cristo en la cruz; la lectura de Hebreos (Heb.4,14-16;5,7-9) presenta a Cristo como el Hijo de Dios, que "aprendió sufriendo a obedecer". Por la resurrección se ha convertido en "autor de salvación eterna". El Evangelio, con la lectura de la pasión según san Juan (Jn.18,1-19,42), culminará la representación de la tragedia de Jesús de Nazaret: la escena de la traición de Judas, uno de los Doce, perpetrada en el Huerto de Getsemaní; Jesús ante el sumo sacerdote; el interrogatorio ante Pilato; la flagelación...hasta su muerte y enterramiento. las escenas son diversas y todas ellas invitan a la reflexión, a la meditación, a la contemplación personal y comunitaria. La vida de Jesús no fue fácil; su pasión y muerte, menos aún. El Viernes Santo no es solo un día de luto. La muerte, el mal no tienen la última palabra, pero esto solo es perceptible desde la fe. Muchas veces en nuestras vidas solo la fe nos permite vislumbrar esperanza, cuando todo parece oscuridad, tinieblas, dolor, sufrimiento. Toda la pasión es un diálogo de amor. Hemos de admirar la fortaleza y el amor de María junto a la cruz del Hijo, para acogernos como san Juan a su maternidad espiritual, recibiéndola en nuestra casa. La Virgen es figura de la Iglesia que con dolor y entrega oferente ha de engendrar nuevos hijos.  

 

SÁBADO, 4 DE ABRIL DE 2026. San Mateo 28, 1-10

 

SÁBADO SANTO

 

El Sábado Santo, hasta la Vigilia Pascual, es un día en que no se celebra la Eucaristía y de ayuno voluntario, lo cual le da un tono de sobriedad. Es el segundo día del Triduo. La rúbrica  que ofrece el Misal para este día es preciosa: "Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte, y se abstiene del sacrificio de la misa, quedando por ello desnudo el altar hasta que, después de la solemne Vigilia o expectación nocturna de la resurrección, se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundarán los cincuenta días pascuales" (Cfr. MR.n.29). Durante las horas de este día, la Iglesia celebra la Liturgia de las Horas invitando "a adorar a Cristo, el Señor, que por nosotros murió y fue sepultado". El Catecismo de la Iglesia Católica nos habla de esta realidad en estos términos precisos: "Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos" (Heb.2.9). En su designio de salvación, Dios dispuso que se Hijo no solamente 'muriese por nuestros pecados' (I Cor.15,3) sino también que 'gustase la muerte', es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba (cf. Jn.19,42) manifiesta el gran reposo sabático de Dios (cf.Heb.4,4-9) después de realizar (cf. Jn.19,30) la salvación de los hombres, que restablece en la paz al universo entero (cf. Col.1,18-20)" (Cat.I.C.n.624). "Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina, descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos que le habían precedido" (Cat.I.C.n.637). Durante este día la piedad de la gente sencilla se alimenta con el ejercicio del 'Viacrucis', donde también está muy presente en el corazón de los fieles la Madre de Jesús. Vivir también este día con la esperanza puesta en la Resurrección del Señor.

 

DOMINGO, 5 DE ABRIL DE 2026. San Juan (20,1-9)

 

DOMINGO DE LA RESURRECCION DEL SEÑOR

 

Con la Vigilia Pascual y el Domingo de Resurrección comienza 'el gran día de la Pascua' de la Iglesia. En verdad, 'éste es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo'. La Pascua se prolonga durante cincuenta días, considerados como 'un único día de fiesta'. En este tiempo hemos de profundizar nuestra fe y proclamar incansablemente la resurrección del Señor. En la primera lectura (Hech.10,34a. 37-43) se nos dice que Pedro tomó la palabra para informar al pueblo de la noticia de la resurrección del Señor en estos términos: "Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comido y bebido con Él después de su resurrección". Como Pedro, nosotros, sobre todo durante el tiempo pascual, tenemos la gran responsabilidad de predicar la resurrección del Señor, fuente y garantía de nuestra resurrección.  En la carta a los Colosenses (Col.1,1-4) el Apóstol deduce las consecuencias de haber resucitado con Cristo, por estar insertos en Él por el Bautismo, como miembros de su Cuerpo: "Buscad los bienes de allá arriba...aspirad a los bienes de arriba". Como si nos dijese: Pensad en la felicidad que no termina; que no os aparten de aquella morada definitiva los bienes de la tierra. Nuestra vida ha sido injertada en la persona de Cristo, por eso vive ya, por gracia, en Él. El Evangelio del domingo de Pascua está tomado de Jn.20,1-9). Constituye toda una invitación a buscar al Señor resucitado y a creer en Él. Gente apasionada como María Magdalena es capaz de contagiar a otros sus sentimientos. Ella moviliza a Pedro y al discípulo amado. Nosotros, como María, como Pedro y el discípulo amado, hemos de salir al encuentro del Resucitado, a fin de que Él nos conceda abrirnos al misterio de su amor, al misterio de la vida. 

 

LUNES, 6 DE ABRIL DE 2026. San Mateo (28,8-15)

 

"ALEGRAOS"

 

El santísimo triduo del Señor crucificado, sepultado y resucitado ha concluido con en la tarde de Pascua. Pero la fiesta, la eterna fiesta en que nos introdujo la Noche pascual, no ha terminado. Los días que siguen no forman una semana como otra semana cualquiera: son la octava de Pascua. Precisamente hoy es lunes de la octava de Pascua. En la primera lectura de la Eucaristía (Hech.2,14.22-32) el apóstol Pedro, el día de Pentecostés, anuncia el acontecimiento de la resurrección a la gente con estas palabras: " Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos". Es un anuncio breve, pero muy claro. Aquel Jesús que había sufrido la pasión y la muerte en cruz, "Dios lo resucitó rompiendo las ataduras de la muerte". En el Evangelio (Mt.28,8,15) se nos dice que "las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alegraos. Ellos se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán". Aquellas mujeres quedan impresionadas junto al sepulcro y se llenan de alegría. Este gozo interior que sienten debe ser comunicado a los demás. El misterio de la resurrección es un misterio de comunicación. Aquellas mujeres quieren hacer partícipes a los discípulos de esta gozosa noticia. Jesús les sale al encuentro, se postran ante él. Él les manda que comuniquen a los hermanos que vayan a Galilea y que allí le verán. Nuestra misión, como cristianos, consiste también en anunciar a los demás que Cristo ha resucitado. 

 

MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026. San Juan (20,11-18)

 

"HE VISTO AL SEÑOR Y HA DICHO ESTO"

 

En el Evangelio de hoy (Jn.20,11-18) se nos presenta a María Magdalena llorando junto al sepulcro. En esta circunstancia, al acercarse al sepulcro "vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras?  Ella les contesta: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". La respuesta de María delata su estado de ánimo. Sigue pensando que con la muerte de Jesús todo ha terminado. María acaba de expresar su desesperanza y su angustia ante el sepulcro vacío. Ahora bien, en cuanto se vuelve hacia atrás, ve a Jesús, que está de pie, como corresponde a una persona viva. María, sin embargo, no lo reconoce. "Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré". La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles. Como los mensajeros, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Entonces, "Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro! Jesús le dice: Suéltame, que todavía no he subido al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto". Jesús la llama por su nombre y ella lo reconoce por la voz. María se vuelve del todo, no mira más al sepulcro, que es el pasado. Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama sus hermanos. María cumple el encargo que le hace el Resucitado. De este modo la comunidad de los hermanos recibe la noticia de la resurrección del Señor. Una vez más, el misterio de la resurrección se muestra como un misterio de comunicación en el que cada uno de nosotros estamos comprometidos, como la Magdalena.

 

MIERCOLES, 8 DE ABRIL DE 2026. San Lucas (24,13-35)

 

"QUÉDATE CON NOSOTROS..."

 

En este día de la Octava de Pascua, el Evangelio (Lc.24, 13-35) nos describe el encuentro del Resucitado con los dos discípulos que iban de camino desde Jerusalén a la aldea de Emaús. Estos discípulos, faltos de esperanza, iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. "Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo". Entonces, les preguntó sobre el contenido de su conversación. Ellos le relataron lo que había sucedido con Jesús de Nazaret: su pasión y muerte. Y añadieron: "Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron". Estas palabras de los dos discípulos ponen de manifiesto la desilusión y el desencanto que embargaba sus corazones. Estaban convencidos de que con la muerte de Jesús todo se había terminado. Habían perdido la esperanza de que el Señor resucitara. Entonces intervino Jesús para recordarles lo que se refería a él en toda la Escritura. En ella se dice que el Mesías tenía que padecer antes de entrar en la gloria. Cerca de la aldea de Emaús, Jesús hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron diciendo: "Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero el desapareció...". Todo este hermoso relato nos muestra claramente que la resurrección del Señor es un misterio de fe. Aquellos discípulos reconocieron la identidad de Jesús cuando se les abrieron los ojos de la fe. Le reconocieron al partir el pan. Después de veinte siglos, también nosotros necesitamos avivar la fe en el Señor resucitado. Él viene con nosotros en el camino de la vida. Como aquellos dos discípulos, hemos de transmitir a nuestros contemporáneos que el Señor vive para siempre.  

 

JUEVES, 9 DE ABRIL DE 2026.  San Lucas (24,35-48)

 

"PAZ A VOSOTROS"

 

Los dos discípulos que reconocieron al Resucitado al partir el pan en Emaús, se vuelven inmediatamente a Jerusalén y comentan con los demás discípulos todo lo sucedido. Como nos dice el Evangelio de hoy (Lc.24,35-48), "estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: Paz a vosotros. Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. Él les dijo: ¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo...". El Resucitado se aparece a sus discípulos, pero no en forma gloriosa y triunfal, sino según la imagen que de él tenían cuando vivía en la vida terrena. El Señor se presenta en medio de los discípulos y les saluda con la paz, pero ellos, atónitos no terminan de creer. Piensan que es un fantasma. Les muestra las señales de la pasión y la alegría les desborda. Pero todavía siguen sin creer. Los discípulos necesitan dar el paso del sentimiento de alegría a la fe. El Resucitado les pide de comer y come pescado asado delante de ellos. No es, pues, un fantasma, sino alguien de carne y hueso. También nosotros, como los discípulos, podemos tener esas dudas a las que el Señor nos irá respondiendo con las heridas de sus pies y de sus manos. Más todavía, Él nos abrirá el entendimiento para comprender las Escrituras y así en el ambiente en que nos movemos diariamente seamos sus testigos. El verdadero discípulo del Señor está llamado a dar testimonio de su encuentro con el Resucitado. Señor Resucitado, queremos transmitir la gozosa noticia de tu resurrección.  

 

VIERNES, 10 DE ABRIL DE 2026. San Juan (21,1-14)

 

"ES EL SEÑOR"

 

En contraste con las dos apariciones anteriores, el relato del Evangelio de hoy (Jn.21,1-14) no sitúa esta aparición del Resucitado en un día preciso. Los discípulos están juntos, formando una pequeña comunidad. Se nombra en primer lugar a Simón Pedro, que estará muy presente en este episodio. Precisamente, Pedro toma aisladamente su decisión de ir a pescar y el grupo le sigue. Aquella noche no pescaron nada. La llegada de la mañana coincide con la presencia de Jesús en la playa, aunque sus discípulos no sabían que era Jesús. Entonces, Jesús les preguntó: "Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: No. Él les dice: Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis. La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: Es el Señor. Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando las redes con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan...". A la pregunta de Jesús responden secamente que no habían pescado nada. Jesús les indica el lugar donde hay que echar la red. Ellos siguen la indicación de Jesús y la red se llena de peces. El sorprendente resultado de la indicación de Jesús hace que el discípulo amado lo reconozca y dice a Pedro: Es el Señor. Pedro se ata aquella prenda como Jesús había atado el paño para servir. Para expresar su disposición a dar la vida, se tira al agua. Muestra estar dispuesto al servicio total hasta la muerte. El resto del grupo van en la braca juntos hacia el lugar donde está Jesús. Ya en la tierra, lo primero que ven no es a Jesús, sino el fuego y la comida que ha preparado, expresión de su amor a ellos. Jesús les dice: "Traed de los peces que acabáis de coger". Jesús les pide, pues su colaboración. Este relato nos muestra que el fruto de la misión eclesial depende de la docilidad a la Palabra del Señor. La misión cristiana, que se realiza en unión con Jesús, termina en la comunión del grupo con Él en la Eucaristía.

 

SÁBADO, 11 DE ABRIL DE 2026.  San Marcos (16,9-15)

 

"LES ECHÓ EN CARA SU INCREDULIDAD..."

 

En el Evangelio de hoy (Mc.16,9-15) se recoge este resumen de las apariciones del Resucitado: "Jesús, resucitado al amanecer del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a sus compañeros, que estaban de duelo llorando. Ellos, al oírle decir que estaba vivo y que lo había visto, no la creyeron. Después se apareció en figura de otro a dos de ellos que iban caminando a una finca. También ellos fueron a anunciarlo a los demás, pero no los creyeron. Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación". El evangelista, san Marcos, habla para un público creyente. Pretende ayudar a los cristianos a profundizar en la fe. Se trata de llamar la atención sobre el significado de los hechos que ya conocen y que, por sabidos, pueden pasar inadvertidos en su verdadero significado. Después de veinte siglos, nosotros podemos identificarnos, en su actitud de incredulidad y dureza de corazón, con aquellos primeros cristianos que no aceptaban la noticia de la resurrección del Señor. Tal vez el Resucitado tenga motivos para llamarnos la atención por nuestra tozudez que impide acoger con todas sus consecuencias el acontecimiento gozoso de la resurrección del Señor. Zarandéanos con tu presencia y con tus palabras, Señor resucitado. No permitas que nos pueda la ceguera de la incredulidad. Más todavía, hemos de estar dispuestos a proclamar por todo el mundo el gozo del Evangelio.

 

DOMINGO, 12 DE ABRIL DE 2026. San Juan (20,19-31)

 

"¡SEÑOR MÍO Y DIOS MIO"!

 

La Palabra de Dios que se proclama en este segundo domingo de Pascua nos sitúa en los grandes misterios de este tiempo litúrgico. La primera lectura, tomada del libro de los Hechos (4,32-35), nos resume el modo de vida de la primitiva comunidad cristiana. En el texto se muestra el ideal de la existencia cristiana: "Todos pensaban y sentían lo mismo". Ponían en común todo lo que poseían; los más favorecidos compartían con los más necesitados. Además, los apóstoles daban testimonio con valentía de la resurrección del Señor Jesús. El relato evangélico de este día (Jn.20,19-31) nos habla del Señor resucitado que se presenta en medio de sus discípulos que, por miedo a los judíos, estaban en una casacon las puertas cerradas. La presencia del Resucitado es motivo de gozo para aquellos discípulos faltos de esperanza. Les saluda con el don de la paz. El apóstol, Tomás, es  la imagen de las personas que solo creen, si ven. Sin embargo, el Resucitado le dice al Apóstol: "Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente. Tomás contestó: ¡Señor mío y Dios mío"! Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto". El Resucitado es el mismo que el Crucificado. Como Tomás, con la luz de la fe, hemos de ver en el Resucitado a nuestro Señor y a nuestro Dios. La Iglesia recibe del Resucitado el encargo de continuar su misión hasta el final de los tiempos: "Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros".

 

LUNES, 13 DE ABRIL DE 2026. San Juan (3,1-8)

 

"EL QUE NO NAZCA DE NUEVO..."

 

En el relato evangélico que se proclama en la Eucaristía de hoy se recoge el comienzo del encuentro de Jesús con Nicodemo (Jn.3,1-8). Esta persona pertenecía al partido de los fariseos. En tiempos de Jesús era un grupo dinámico y conservador. Lo conformaban generalmente escribas y doctores de la ley. Pues bien, Nicodemo "fue a ver a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro, porque nadie puede hacer los signos que tu haces si Dios no está con él. Jesús le contestó: Te lo aseguro el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le pregunta: ¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer? Jesús le contestó: Te lo aseguro, el no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios...". Nicodemo viene al encuentro de Jesús de noche. Desea compartir con Jesús algunas inquietudes que rondaban en su interior. Nicodemo ve en los signos que realiza Jesús el motivo básico para llamarle con toda verdad maestro. Él ve en los signos realizados por Jesús el sello de Dios. Ante el saludo de Nicodemo, Jesús le advierte con claridad que para entrar en el reino de Dios es necesario nacer de nuevo. ¿De qué nacimiento habla Jesús? Se trata de un cambio profundo; de ser una persona nueva. El neófito sumergido en el agua participa, por el mismo hecho en la muerte y en la resurrección del Salvador y recibe el Espíritu como un principio de vida nueva. No se trata por tanto de volver al seno de la madre. Es un nacimiento según el Espíritu. La nueva vida del cristiano proviene de Dios. Es nacer del Espíritu, no de la carne. 

 

MARTES, 14 DE ABRIL DE 2026. San Juan (3,5a.7b-15)

 

"¿CÓMO PUEDE SER ESO?"

 

Seguimos con el diálogo de Jesús con Nicodemo (Jn, 3,5a.7b-15). Ante la propuesta de Jesús de nacer de nuevo, Nicodemo replicó: "¿Cómo puede suceder eso? Le contestó Jesús: Y tú, el maestro de Israel, ¿no lo entiendes? Te lo aseguro, de lo que sabemos hablamos; de lo que hemos visto damos testimonio, y no aceptáis nuestro testimonio. Si no creéis cuando os hablo de la tierra, ¿cómo creeréis cuando os hable del cielo? Porque nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga la vida eterna". Nicodemo ya no niega la realidad. El símil del viento de la Sagrada Escritura le ha convencido. Ahora le preocupa el modo de la intervención del Espíritu. No acaba de romper la malla de lo racional. Sigue encerrado en sus viejos conceptos de escuela. Ante esto, Jesús responde con una finísima ironía ante la autocomplacencia con que se presentó Nicodemo. La fe de Nicodemo en Jesús es débil; muy pobre en adhesiones hondas. La aceptación de un testimonio no es fruto de un consenso, ni de una discusión; se acoge o no se acoge; se acepta, se duda de él o se rechaza. Lo divino siempre supera a lo humano. El monólogo que sigue a continuación y en el que se va a revelar el amor desbordante y humanamente incomprensible del Padre, se va a centrar  aún más en las cosas celestiales. Al hablar de la serpiente, Jesús está pensando en su elevación violenta y sangrienta en el mástil de la cruz que, al mismo tiempo que será su trono, su gloria y la realización culminada de su misión, se convertirá también en salud, salvación y energía vital para quien lo mire con fe y esperanza. La Cruz será el signo máximo del amor llevado "hasta el extremo".

 

MIERCOLES, 15 DE ABRIL DE 2026.  San Juan (3,16-21)

 

"TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO..."

 

Dentro del diálogo de Jesús con Nicodemo, en el Evangelio de hoy (Jn.3,16-21) se recogen estas palabras de Jesús: "Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios". Con estas palabras Jesús se manifiesta revelador de los secretos del Padre. Dios mismo es quien toma la iniciativa y da su Hijo como expresión de su amor por los hombres. Jesús rompe fronteras y anuncia que el amor del Padre, fuente y origen de todo amor, no hace diferencias, es universal. Cuando queremos expresar lo que nos desborda, lo que nos sobrepasa en cantidad y calidad, lo que está más allá de la palabra y no somos capaces de expresar, acudimos a la palabra ''tanto'. Es la que Jesús utiliza para mostrar la inmensidad del amor del Padre. Podríamos preguntarnos al respecto: ¿Tiene Dios para darnos algo mayor, mejor, después de haberse dado a sí mismo en lo más entrañable para un Padre, que su Hijo único? ¡Ojalá nos diéramos cuenta de esta realidad! Tal vez de tanto oír esto llegamos a verlo como algo normal. Además, el amor que el Padre nos está anunciando por su Hijo, es fecundo porque engendra; es creativo porque recrea, no juzga. Es un amor que salva.

 

JUEVES, 16 DE ABRIL DE 2026. San Juan (3,31-36)

 

"EL PADRE AMA AL HIJO..."

 

Jesús ofrece a Nicodemo el sentido de su presencia en la tierra con estas palabras: "El que viene de lo alto está por encima de todos. El que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. De lo que ha visto y ha oído da testimonio, y nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica la veracidad de Dios. El que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida. El Padre ama al Hijo y todo lo ha puesto en su mano. El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él". Jesús que viene del cielo es el testigo inmediato y único, y el testimonio vivo, a la vez, 'de lo que ha visto y oído'. Jesús es, por tanto, presencia, anuncio y manifestación de los misterios de la vida divina. Sin embargo, la mayoría de los hombres no aceptaron entonces su testimonio, ni tampoco lo aceptamos del todo hoy. En muchos ambientes está desapareciendo la persona y las palabras de Jesús. Como si la persona de Jesús y su mensaje estorbase. Dios mismo habla y actúa por Jesús. Solo cuando la interioridad del hombre vibra con la fe y el amor con la palabra de Jesús, que es la Palabra del Padre, se produce la transformación interior, ya que las palabras de Jesús son 'espíritu y vida'. La palabra de Jesús y el Espíritu están en perfecta sintonía. El Evangelio no se queda en revelaciones aéreas al hablar de Jesús; al contrario, nos introduce en la intimidad personal de la vida trinitaria, comunión de vida y amor que fluye del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. De ahí es de donde le viene a Jesús toda su autoridad. Como dice San Agustín: "Al enviar al Hijo, el Padre ha enviado a su otro Yo". La fe en el testimonio de Jesús nos abre las puertas de la vida eterna. Señor, nosotros creemos, pero ven ayuda de nuestra incredulidad.

 

VIERNES, 17 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,1-15)

 

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES

 

Al comienzo del capítulo sexto del IV Evangelio (Jn,6,1-15) se nos narra el signo de la multiplicación de los panes. El evangelista comienza presentándonos el espacio toponímico donde Jesús va a realizar el signo, y los protagonistas que van a intervenir en él: Jesús, los discípulos y la gente. Seguidamente, añade el factor cronológico: la Pascua. Este relato tiene, pues, un trasfondo pascual. Entonces Jesús levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dijo a Felipe: "¿Con qué compraremos panes para que coman estos? Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer. Felipe le contestó: Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo. Uno de los discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿Qué es eso para tantos? Jesús dijo: Decid a la gente que se siente en el suelo. Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; solo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron...". Jesús se vale de las cosas pequeñas para realizar el gran signo de la multiplicación de los panes y dar de comer hasta saciarse a tanta gente. Jesús toma la iniciativa para dar de comer a la gente. La comida se multiplicó en sus manos. Nadie pasó hambre. El límite lo ponía cada uno. Hemos de prestar atención al hecho de que Jesús, que acaba de realizar algo grande, repara en lo pequeño, en lo que nadie piensa y todos pisan porque a sus ojos no tiene valor: los trozos de pan que caen al suelo. Jesús manda recoger los pedazos. Todos estos gestos nos hacen pensar en la Eucaristía, el Sacramento que encierra todo el bien espiritual de la Iglesia. La multiplicación de los panes es un signo de la Eucaristía. Con ella elSeñor quiere saciar en profundidad nuestra hambre. Además, la Eucaristía debe ser para nosotros fuente inagotable de caridad con los más necesitados.

 

SABADO, 18 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,16-21)

 

"SOY YO, NO TEMÁIS"

 

Jesús acaba de revelar su poder mesiánico a la muchedumbre que había saciado su hambre. "Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: Soy yo, no temáis. Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra enseguida, en el sitio a donde iban". En esta circunstancia, caminando sobre las aguas, Jesús intenta confortar y reforzar la adhesión de sus discípulos, antes de que llegue la desilusión de la gente y la crisis que se manifestará con virulencia tras el discurso del pan de vida. La noche avanza de modo inexorable. Los discípulos han esperado inútilmente al Maestro que a solas en la montaña dialoga con el Padre. El mar de Galilea se ve repentinamente agitado y se encrespan las olas. Ante esta difícil situación, los discípulos siente miedo y se asustaron, al ver a Jesús caminando sobre las aguas. Jesús, utilizando la misma la misma fórmula que Yahvé, les dice: "Soy yo, no temáis". A veces también nosotros sentimos miedo. Hemos de avivar nuestra fe en la permanente presencia del Señor en la barca de la Iglesia. El mismo Jesús nos prometió que él estaría siempre con nosotros hasta el final de la historia.

 

DOMINGO, 19 DE ABRIL DE 2026. San Lucas (24,13-35)

 

CAMINO DE EMAÚS

 

En el Evangelio de hoy (Lc.24,13-35) se nos relata la aparición del Resucitado a los dos discípulos que iban desesperanzados de Jerusalén a Emaús. Estos discípulos habían perdido la confianza en Jesús por el escándalo de la cruz (Lc.24,21). Jesús se les hace el encontradizo en su camino de decepción y les explica las Escrituras. Los discípulos lo reconocen en el gesto de partir el pan, cuando estaban sentados a la mesa en Emaús. Este relato representa la respuesta auténtica a esta pregunta que cada uno de nosotros podemos hacer: ¿Dónde puedo encontrar hoy al Resucitado, que está vivo? Si Jesús no se revela hoy como el viviente es porque nuestro corazón no está plenamente abierto. Jesús camina muchas veces junto a nosotros como un desconocido; para reconocerlo tenemos que dejarnos guiar por su Palabra, proclamada tantas veces en la celebración de la Eucaristía y en otras circunstancias. El Resucitado está realmente en su Palabra. Toda la Sagrada Escritura nos habla de Jesucristo. El Resucitado está realmente presente en la Eucaristía. Allí le encontramos como Pan de vida, como el vecino que está en la tienda del sagrario. El Resucitado está presente en la comunidad de los hermanos. Aquellos dos discípulos, al reconocer al Resucitado, volvieron al instante a Jerusalén para estar con los demás hermanos y comentar todo lo sucedido. En la Palabra, la Eucaristía y la Comunidad nos encontramos con el Resucitado.

 

LUNES, 20 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,22-29)

 

"TRABAJAD POR EL ALIMENTO QUE PERDURA"

 

Al día siguiente de la multiplicación de los panes, la gente, que ha pasado la noche a la intemperie, sigue sin moverse, pensando que Jesús, que no había subido a la barca con los discípulos, volvería allí, después de haber pasado la noche en oración. Al ver que no venía, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: "Maestro, ¿cuándo has venido aquí? Jesús les contestó: Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios, Ellos le preguntaron: Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere? Respondió Jesús: La obra que Dios quiere es esta: que creáis en el que él ha enviado". Ante la gente que va en su búsqueda, Jesús percibe que no es oro todo lo que reluce. Sabe cuál es el motivo profundo por el que le buscan. A Jesús le duele que no hayan sabido leer el 'signo' de al multiplicación de los panes en profundidad, quedándose en la materialidad del pan; han visto y comido el pan, pero no se han fijado en la mano que se lo daba. San Agustín interpreta esta realidad con estas palabras: "Vosotros me buscáis para la carne y no para el espíritu. Qué rara vez se busca a Jesús por Él mismo. Me buscáis por algo distinto Buscadme por mí". Se trata de diferenciar el alimento que perece del que permanece. Éste comunica la vida eterna, semejante a la de Dios. Avivemos, pues nuestra fe en Jesús que es el Hijo de Dios y nos da en la Eucaristía el pan que es más fuerte que la misma muerte.

 

MARTES, 21 DE ABRIL DE 2026. San Marcos (6,30-35)

 

SEÑOR, DANOS SIEMPRE DE ESE PAN

 

En aquel tiempo, "dijo la gente a Jesús: ¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les replicó: Os aseguro que no fue Moisés quien os dio el pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo. Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de ese pan. Jesús les contestó: Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed". El milagro de la multiplicación de los panes no convence a aquella gente. Le piden que les muestre sus credenciales. Estamos ante dos caminos paralelos, pero no coincidentes. Jesús exige una fe sin condiciones. Aquella gente exige, para creer en él, milagros espectaculares. Jesús no se deja llevar por las peticiones de ellos. Él intenta elevar a sus oyentes de la fijación que los tiene clavados en el milagro del pan y las codornices. Les dice que quien dio el pan del cielo fue su Padre y no Moisés. A primera vista parece que la explicación dada por Jesús les ha convencido. Por eso le suplican: 'Señor, danos siempre de ese pan'. Pero, ¿en qué pan están pensando? Sin duda alguna en el pan material con que saciaron sus hambres hasta hartarse. Ante tan cerrada incomprensión, Jesús da el paso definitivo, esperando que les haga despertar. Jesús se define como el pan de vida. Jesús es el verdadero maná, porque sacia el hambre de todos los que vienen a él. El verdadero pan del cielo, maná y pan de Dios, confluyen, se hacen realidad y presencia en su persona. Como aquellos contemporáneos de Jesús, pedimos a Jesús que nos dé el pan de vida que es él mismo. Todos los días se nos da en la Eucaristía.

 

MIERCOLES, 22 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,35-40)

 

“YO SOY EL PAN DE LA VIDA”

 

En aquel tiempo, "dijo Jesús a los judíos: Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos discípulos de Dios. Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron; este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". Creer en Jesús es aceptar el Misterio divino, empeño imposible sin la intervención amorosa del Padre. El creer o ir a Jesús es una gracia concedida por el Padre. Esto es iniciativa y don del Padre, pero también gracia correspondida. Nadie tiene hilo directo con Dios, nadie ha visto a Dios. Aquel que ha venido de Dios, es decir, el Hijo, que está en relación continua y filial con su Padre es el único que lo revela. El que ve al Hijo, ve al Padre. Para las primeras comunidades cristianas Jesús lo es todo. El 'Yo' de Jesús llena de tal modo las páginas del cuarto evangelio, que quien lo lee, se siente inevitablemente frente a su persona. Lo escucha, lo contempla, lo percibe vivo y cercano, interrogando con sus palabras, con sus miradas o con sus silencios. Y lo que es más comprometedor, esperando una actitud, una respuesta, un compromiso de cada uno de nosotros. En concreto, cuando se manifiesta como 'el pan de vida' nos está mostrando que es alimento de nuestra vida. El que recibe y se alimenta con fe de este pan de vida, vivirá para siempre. Desde la fe nosotros tenemos la oportunidad de acercarnos a la Eucaristía y ser alimentados por Jesús, que es realmente el 'pan de vida'.

 

JUEVES, 23 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,44-51)

 

"EL QUE COMA DE ESTE PAN VIVIRÁ PARA SIEMPRE"

 

Para acercarse a Jesús, hay que dejarse empujar por el Padre. Como dice Jesús: "Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ese ha visto al Padre". El Padre no es inmediatamente accesible, solo Jesús, que procede de él, tiene experiencia inmediata. Nadie, ni Moisés ni los profetas, lo habían visto y, sin embargo, intentaron transmitir su voluntad. Cuánto más Jesús, que conoce al Padre cara a cara, podrá ser el intérprete de Dios. Con una solemnidad especial, Jesús afirma: "El que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo". La adhesión personal a Jesús supone para el hombre una nueva calidad de vida, que, por su plenitud, es definitiva. Jesús es en persona el pan de la vida. La carne de Jesús no es solo el lugar donde Dios se hace presente, sino que se convierte en el don de Jesús al mundo, don del amor del Padre. Más todavía, Él dará su carne para que el mundo viva. Esta realidad se cumple de un modo especial todos los días en la Santísima Eucaristía. Allí el Señor se nos da como alimento, como Pan de vida.  

 

VIERNES, 24 DE ABRIL DE 2026. San Juan (6,52-59)

 

"EL QUE ME COME VIVIRÁ POR MÍ"

 

Acerca de las palabras de Jesús, "disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?". Las afirmaciones de Jesús no provocan ahora una crítica, sino una disputa entre los mismos judíos. No entendían su lenguaje; la mención de su carne los ha desorientado, pero, al mismo tiempo, les ha quitado la seguridad. Jesús no se vuelve atrás; al contrario, les dijo: "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre". En estas expresiones Jesús lanza una segunda declaración, que explica la primera. Al añadir a 'carne' el elemento 'sangre', responde a la pregunta: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne? La separación de carne y sangre expresa la muerte; Jesús va a dar su carne muriendo. El contexto eucarístico en que se mueve el evangelista va formularse más claramente. En efecto, por parte de Jesús, la Eucaristía, memorial de su vida y muerte, es don que comunica su amor y su vida . Por parte del discípulo, es la aceptación del don; de éste nace una experiencia de vida-amor. Jesús, alimento de la comunidad, produce en ella el amor, la entrega y la alegría festiva. La adhesión a Jesús, a través de la Eucaristía, nos hace vivir identificándonos con él. Sencillamente, la adhesión a Jesús es siempre una adhesión de amor, que establece una comunión de vida.

 

SÁBADO, 25 DE ABRIL DE 2026. San Marcos (16,15-20) 

 

"ID AL MUNDO ENTERO Y PROCLAMAD EL EVANGELIO..."

 

Entonces Jesús les dijo: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación". Sólo el reproche de Cristo y la misión que les encomienda les hará salir de su letargo. Esta misión consiste en proclamar el Evangelio a toda criatura, un Evangelio que obliga a tomar postura, que se convierte ineludiblemente en juicio de salvación o de condenación y que ya desde ahora manifiesta su eficacia en quien lo acoge con fe. La Resurrección del Señor es el acontecimiento decisivo de nuestra fe cristiana. Si creemos en este acontecimiento entonces nuestra existencia tendrá sentido en este mundo y un horizonte de vida más allá de nuestra muerte. 

 

Domingo, 26 de abril de 2026. San Juan (10,1-10)

  

"OS ASEGURO QUE YO SOY LA PUERTA DE LAS OVEJAS

 

Hoy es domingo, el día del Señor. Hoy celebramos el 4º domingo de Pascua. En la primera lectura (Hch 2, 14a.36-41) se recoge el primer sermón de Pedro, el mismo día en que recibió el Espíritu Santo. ¿Qué es lo que predicó Pedro? Predica a todo Israel. Predica a Jesucristo, rechazado por los hombres, pero constituido como Señor y Mesías por Dios. Predica la necesidad de la conversión y del Bautismo. Anuncia el don del Espíritu Santo, incluso para los que están lejos. Como dice el salmista (Sal 22) desde su propia experiencia: el Señor es mi pastor, nada me falta. En el Evangelio (Jn 10,1-10) Jesús nos dice: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante". Jesús es en persona la puerta por la que entran y salen las ovejas. El verdadero pastor de las ovejas entra por la puerta. El que no entra por la puerta es ladrón o salteador. El símbolo de Jesús como Puerta no es algo estático, sino que tiene valor dinámico, incita traspasarla, a vivir y adentrarse en el misterio de su persona. Jesús es la puerta por la que sus ovejas pueden entrar y salir, no cárcel que limita y encierra los anhelos de las personas. Como afirmaba san Agustín: "Porque predicamos a Cristo, entramos a través de la Puerta. Pedro es un pastor. Pablo es también un pastor, y lo mismo son pastores los restantes discípulos; también los buenos son pastores. Pero ninguno de nosotros se llama 'Puerta'. Esto lo ha retenido Cristo como título propio". Aprendamos del Señor Jesús a ser buenos pastores. Él, especialmente a través del ministerio sacerdotal y de los miembros de la vida consagrada, sigue haciendo que encontremos pastos abundantes. Necesitamos orar por las vocaciones. Como se dice en la segunda lectura (1P 2,20b-25), las cosas ya no fueron fáciles para los primeros cristianos, por eso Pedro los consuela y anima, poniendo por delante el ejemplo de nuestro Señor Jesucristo. Él era sincero y paciente, muere para que vivamos, 'sus heridas nos han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas".

 

LUNES, 27 DE ABRIL DE 2026.  San Juan (10,11-18)

 

"YO SOY EL BUEN PASTOR"

 

En los primeros versos del capítulo 10 del evangelio según san Juan (Jn.10,1-10), Jesús se había presentado como 'puerta' por ser él mismo el acceso a la vida auténtica. A continuación en el Evangelio de hoy (Jn.10, 11-18) se presenta como buen pastor con estas palabras: "Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre, yo doy mi vida por las ovejas". Jesús no es un pastor más, sino el modelo, el verdadero, y la característica del pastor es conocer las ovejas y estar dispuesto a dar la vida por las ovejas. La oposición entre el pastor y el asalariado se funda en la motivación: el pastor presta su servicio por amor, renunciando al propio interés; el asalariado lo hace por dinero y, en el peligro, deja que las ovejas mueran. Entre el pastor y las ovejas existe un conocimiento mutuo; un amor profundo. Sigue afirmando Jesús: "Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño, un solo Pastor. Por esto me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre". Como buen Pastor, Jesús descubre el horizonte de su futura comunidad. Su misión no se limita al pueblo judío, se extiende a todos los hombres. Él quiere que exista un solo rebaño y un solo pastor. El designio de Dios de dar vida a la humanidad, Jesús lo hace suyo; por eso, entrega su vida por nosotros. Jesús afirma con toda claridad su absoluta libertad en el don de su vida. Nadie tiene poder para quitársela, Él la da por propia iniciativa. Desde la  imagen del buen pastor se puede perfilar una manera de vivir  y de entregarse sin límites por los demás. El buen Pastor nos ayuda y nos muestra el camino de la entrega generosa.   

 

MARTES, 28 DE ABRIL DE 2026.  San Juan (10,22-30)

 

"MIS OVEJAS ESCUCHAN MI VOZ"

 

Jesús está en la fiesta de la Dedicación del templo y se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Entonces los judíos le preguntaban: "¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz...". Aquellos contemporáneos de Jesús estaban dispuestos a admitir que él era un taumaturgo extraordinario y hasta un profeta. Lo que les dolía era que Jesús se presentase como Hijo del Padre; que Jesús dijese que Él y el Padre eran uno. Toda la vida de Jesús ha sido una continuada revelación de su filiación divina. Jesús no se cansa y en el Evangelio de hoy (Jn.10,22-30) presenta sus credenciales convincentes: sus palabras y sus obras son expresión de la voluntad del Padre. Como discípulos de Jesúshemos de escuchar su voz. Él nos habla diariamente en su Palabra. Escuchar a Jesús supone ponerse en su misma onda, aceptar su mensaje con todo nuestro ser y vivir en consecuencia. Quienes se han adherido consciente y libremente a Jesús por la fe nunca perecerán, pues ya participan de la misma vida.

 

MIÉRCOLES, 29 DE ABRIL DE 2026. San Mateo (11,25-30)

 

"SE LAS HAS REVELADO A LA GENTE SENCILLA"

 

En el Evangelio de hoy (Mt.11,25-30) Jesús nos muestra quienes son los favorecidos y mejor dispuestos para recibir del Padre la revelación de los secretos del Reino. En este sentido, Jesús exclamó: "Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". Jesús comienza esta breve y sublime oración al Padre alabando y glorificando su admirable providencia y dándole gracias porque ha permitido que los más sublimes misterios del reino mesiánico quedaron ocultos a los sabios y entendidos del mundo, tales como los escribas y fariseos, llenos de soberbia y orgullo; y, en cambio, han sido revelados a la gente humilde y sencilla, como eran los primeros discípulos. Con estas palabras Jesús no quiso decir que los sabios y prudentes del mundo son excluidos del Reino, sino que sólo podrán entrar en él si se hacen humildes, pues para abrazar el Evangelio es imprescindible la gracia de Dios, que está en pugna con la soberbia y vanidad. Hoy celebramos la fiesta de Santa Catalina de Siena, virgen dominica, doctora de la Iglesia, patrona de Italia y copatrona de Europa. En ella se cumplieron estas palabras de Jesús. Desde su humildad y sencillez se alimentó de la sabiduría de Dios de la que, por su medio, se nutrieron muchas personas.  Jesús, continúa su oración con estas palabras: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera". Como santa Catalina acojamos esta suave invitación de Jesús. En medio de nuestros cansancios y agobios, acudamos al corazón manso y humilde de Jesús y allí encontraremos el verdadero descanso y sosiego. 

 

JUEVES, 30 DE ABRIL DE 2026. San Juan (13,16-20)

 

"DICHOSOS VOSOTROS SI LO PONÉIS EN PRÁCTICA..."

 

Después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: "Os aseguro, el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica. No lo digo por todos vosotros; yo sé bien a quiénes he elegido, pero tiene que cumplirse la Escritura: el que compartía mi pan me ha traicionado. Os lo digo ahora, antes de suceda, para que cuando suceda creáis que yo soy. Os lo aseguro: El que recibe a mi enviado me recibe a mí; y el que a mí me recibe, recibe al que me ha enviado". Jesús muestra un gran interés por aclarar su gesto del lavatorio de los pies. Para ello, como buen pedagogo, parte de dos dichos populares: Ni el esclavo, ni el enviado actúan por propia iniciativa. En este caso los discípulos de Jesús han de seguir el ejemplo del Maestro. Jesús enseña ante todo desde su vida. Por otro lado, Jesús conoce los sucesos trágicos que se avecinan. Lo que le duele en profundidad es la traición de alguien que Él había elegido con amor de predilección, ofreciéndole su amistad. Judas colabora con los enemigos de Jesús, haciendo más fácil su  prendimiento en Getsemaní. Jesús ha sido enviado por el Padre con un mensaje de salvación. Se acerca la hora en sus discípulos van a ser enviados por Jesús al mundo, para que transmitan el mensaje recibido de su Maestro y Señor. En consecuencia, el que recibe a quien Jesús envía, recibe al Padre, principio y origen de toda misión.    

 

 

 

 

        

 




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