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martes, 8 de enero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 9 DE ENERO DE 2019

Miércoles, 9 enero de 2019
"Después de haberse saciado los cinco mil hombres, Jesús enseguida apremió a los discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran hacia la orilla de Betsaida, mientras él despedía a la gente. Y después de despedirse de ellos, se retiró al monte a orar. Llegada la noche, la barca estaba en mitad del mar y Jesús, solo, en tierra. Viéndolos fatigados de remar, porque tenían viento contrario, a eso de la cuarta vigilia de la madrugada, fue hacia ellos andando sobre el mar, e hizo ademán de pasar de largo. Ellos, viéndolo andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma y dieron un grito, porque todos lo vieron y se asustaron. Pero él habló enseguida con ellos y les dijo: Ánimo, soy yo, no tengáis miedo. Entró en la barca con ellos y amainó el viento. Ellos estaban en el colmo del estupor, pues no habían comprendido lo de los panes, porque tenían la mente embotada". Una vez que la multitud se sació, Jesús enseguida apremió a sus discípulos a subir a la barca, a fin de que se adelantaran en la otra orilla. Por su parte, Jesús se despide de la gente y sube solo al monte a orar. Ya de noche, la barca estaba en mitad del mar. Los discípulos estaban fatigados, por el viento les era contrario. Desde la oración, Jesús sale al encuentro de los suyos, caminando sobre las aguas del lago. Sus discípulos le ven caminar y creen que es un fantasma. Asustados dieron un grito. Jesús les habló enseguida: "Ánimo, soy yo, no temáis miedo". Jesús sube a la barca con ellos y amainó el viento. Los discípulos se llenaron de estupor; no habían comprendido lo sucedido. La barca es signo de la Iglesia que desde Pentecostés está surcando el mar de la historia. No siempre resulta fácil navegar. Aparecen la dificultades, significadas por el viento contrario. Jesús viene con nosotros en la barca. Él no abandona a la Iglesia. Al contrario, nos anima y nos ayuda a vencer los temores. El actúa y deja destellar su gloria divina incluso en la noche oscura y en la turbulencia de un mar alborotado. Señor Jesús, que te reconozcamos siempre dentro de la barca.

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