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domingo, 13 de enero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA:DÍA 14 DE ENERO DE 2019


Lunes, 14 de enero de 2019
"Después que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el tiempo y está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio. Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él". Una vez que Juan Bautista fue arrestado, Jesús anuncia un acontecimiento que necesitamos acoger. Proclama la Buena Noticia  de Dios, anunciando su Reino, el plan de Dios para el mundo. De este don de Dios nadie queda excluido. Ahora bien, Dios espera de nosotros una respuesta de acogida. Esta respuesta exigida se expresa en dos actitudes concretas: conversión y fe. ¿Qué significa convertirse? Convertirnos conlleva tomar otra dirección, cambiar de rumbo, no quedarse donde se está y como se está. Convertirnos es también liberar la vida eliminando miedos, egoísmos, tensiones y esclavitudes que nos impiden crecer de manera sana y armoniosa. En el fondo significa permitir que Dios sea Dios en nuestra existencia concreta. ¿Qué significa ser creyente? significa la apertura y disposición a escuchar la Buena Noticia y abandonarnos confiadamente al poder salvador de Dios. La conversión y la fe se realizan en el seguimiento de Jesús. Así en el relato evangélico de hoy aparece la vocación de los primeros discípulos. Con la llamada a su seguimiento a unos pescadores, Jesús pone de manifiesto que no se propone actuar como un simple rabino o maestro de su tiempo. Tres rasgos caracterizan la vocación: Es respuesta a una llamada previa; esa llamada es categórica, ante ella no cabe titubeo alguno; la repuesta del hombre implica dejarlo todo y seguir de cerca al Señor.

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