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lunes, 6 de abril de 2026

EL PAN DE LA PALABRA

 


MARTES, 7 DE ABRIL DE 2026. San Juan (20,11-18)

 

"HE VISTO AL SEÑOR Y HA DICHO ESTO"

 

En el Evangelio de hoy (Jn.20,11-18) se nos presenta a María Magdalena llorando junto al sepulcro. En esta circunstancia, al acercarse al sepulcro "vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras?  Ella les contesta: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". La respuesta de María delata su estado de ánimo. Sigue pensando que con la muerte de Jesús todo ha terminado. María acaba de expresar su desesperanza y su angustia ante el sepulcro vacío. Ahora bien, en cuanto se vuelve hacia atrás, ve a Jesús, que está de pie, como corresponde a una persona viva. María, sin embargo, no lo reconoce. "Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré". La pregunta de Jesús repite en primer lugar la de los ángeles. Como los mensajeros, insinúa a María que no hay motivo para llorar. Al no reconocer a Jesús, su presencia en el huerto le hace pensar que sea el hortelano. Entonces, "Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro! Jesús le dice: Suéltame, que todavía no he subido al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto". Jesús la llama por su nombre y ella lo reconoce por la voz. María se vuelve del todo, no mira más al sepulcro, que es el pasado. Jesús interrumpe el deseo de unión definitiva para enviar a María con un mensaje para los discípulos, a los que por primera vez llama sus hermanos. María cumple el encargo que le hace el Resucitado. De este modo la comunidad de los hermanos recibe la noticia de la resurrección del Señor. Una vez más, el misterio de la resurrección se muestra como un misterio de comunicación en el que cada uno de nosotros estamos comprometidos, como la Magdalena.