VIERNES, 20 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (9,14-15)
LLEGARÁ UN DÍA EN QUE SE LLEVEN AL NOVIO Y ENTONCES
AYUNARÁN
En este viernes después
de ceniza, la Palabra nos habla del verdadero ayuno, el que realmente agrada a
Dios. El profeta Isaías (Is.58,1-9) denuncia con claridad el falso ayuno que
practica el pueblo de Israel. Les dice: "Mirad: el día de ayuno buscáis
vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores. Mirad: ayunáis entre riñas y
disputas, dando puñetazos sin piedad". Este modo de ayunar desagrada al
Señor. ¿Cuál es el ayuno que Dios quiere? También nos lo dice el profeta:
"Abrir las prisiones, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres
a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu
propia carne". El ayuno y los ritos sagrados sin la práctica de la
justicia son culto de nosotros mismos. Sólo el ayuno que va acompañado de
caridad auténtica con los más necesitados es el culto que agrada al Señor y que
nos purifica por dentro. Por eso como el salmista (Sal.50,3-4.5-6.18-19)
decimos confiados al Señor: "Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo
desprecias". Desde la humildad reconocemos que todos necesitamos
convertirnos, pues el pecado está presente en nuestra vida. En su infinita
bondad Dios nos acoge y nos perdona. También el Evangelio de hoy nos habla del
ayuno. Jesús responde a la pregunta de los discípulos de Juan Bautista con
estas palabras: "¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio mientras
el novio está con ellos? Llegará un día en que se
lleven al novio y entonces ayunarán". Hay que reconocer que el ayuno y
todas las demás prácticas ascéticas no tienen sentido por sí mismas, sino en
función de otro bien mayor. Son medios que nos deben llevar a una práctica más
generosa del amor a Dios y a los hermanos más pobres.
