SÁBADO, 21 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas (5,27-32)
LA VOCACIÓN DE LEVÍ
El libro de Isaías (Is. 58,9-14) nos sigue mostrando cuál debe ser
nuestro comportamiento con el prójimo y cómo Dios quiere que le demos culto.
Las dos realidades están íntimamente unidas entre sí. Si realmente practicamos
la justicia con el oprimido y somos generosos con el necesitado, brillará
nuestra luz en las tinieblas, nuestra oscuridad se volverá mediodía. Seremos
una luz de Dios en medio del mundo. Por otro lado, el Señor quiere que en su
día descansemos y se lo dediquemos a Él que es la fuente de todo bien. Desde la
humildad y la confianza el salmista (Sal.85,1-2.3-4.5-6) se dirige a Dios con
estas palabras: Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Sabiendo
de nuestra debilidad, ésta puede ser también nuestra súplica. El Evangelio
(Lc.5, 27-32) de hoy nos narra la vocación de Leví.
Jesús le ve sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: "Sígueme. Él,
dejándolo todo, se levantó y lo siguió". Jesús llama a quien quiere,
cuándo quiere y cómo quiere. En este caso llama a un publicano, que, después de
ser llamado, invita a Jesús a un banquete en su casa. Con ellos a la mesa
estaban muchos publicanos y otros. Esto no es del agrado de los fariseos y de
los escribas que, dirigiéndose a los discípulos de Jesús, dijeron: "¿Cómo
es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Jesús les replicó: No
necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los
justos, sino a los pecadores a que se conviertan". Jesús abre la puerta de
la conversión a todos. Él vino al mundo, para que tengamos vida y la tengamos
en abundancia. En esta Cuaresma hemos de abrir nuestra casa al Señor Jesús y
sentarnos con Él a la mesa. Este es el camino de la conversión.
