Páginas

sábado, 31 de octubre de 2026

 


MIERCOLES, 28 DE OCTUBRE DE 2026. San Lucas (6,12-19)

 

"ESCOGIÓ DE ENTRE ELLOS A DOCE"

 

Por aquel entonces, "Jesús subió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios. Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano; Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Simón, llamado el Zelote; Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. Después de bajar con ellos, se paró en una llanura con un grupo grande de discípulos y una muchedumbre del pueblo...Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades...". Antes de la elección de los Doce, Jesús pasó toda la noche en oración. Estamos ante uno de los acontecimientos más importantes de la vida pública de Jesús. Él llamó a cada uno por su nombre. El grupo de los Doce tuvo una misión no sólo importante sino única. Los Apóstoles constituyen el núcleo inicial del nuevo pueblo de Dios. El número doce nos recuerda las doce tribus de Israel. Después de bajar con los Doce, Jesús se detuvo en el llano con un grupo numeroso de discípulos y con una gran muchedumbre del pueblo. Allí les habla del Reino y los curaba de sus enfermedades. Una vez más, la Palabra de Jesús va acompañada de las curaciones, como signo de la presencia efectiva de la salvación en Jesús. La gente trataba de tocar a Jesús, pues salía de Él una fuerza curativa. Gracias, Señor Jesús, por tu Palabra y por curarnos de nuestras dolencias.

 

JUEVES, 29 DE OCTUBRE DE 2026. San Lucas (13,31-35)

 

"VUESTRA CASA QUEDARÁ VACÍA"

 

En aquella ocasión, se acercaron unos fariseos a decirle: Márchate de aquí, porque Herodes quiere matarte. Él contestó: Id a decirle a ese zorro: Hoy y mañana seguiré curando y echando demonios; pasado mañana llego a mi término. Pero hoy y mañana y pasado tengo que caminar, porque no cabe que un profeta muera fuera de Jerusalén. ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas! Pero no habéis querido. Vuestra casa quedará vacía. Os digo que no me volveréis a ver hasta el día que exclaméis: Bendito el que viene en nombre del Señor". Tal vez Herodes ha pensado en eliminar a Jesús como hizo con el Bautista. Se trata en los dos casos de predicadores molestos que insisten en las exigencias éticas que brotan de la fidelidad a la verdad. La zorra es símbolo de la astucia. Pero Jesús no se deja engañar por nadie y tiene su plan bien definido. Le queda todavía un tiempo  para continuar su ministerio. Jesús camina hacia Jerusalén, para enfrentarse a la muerte, que no está determinada por los poderes de este mundo, sino que forma parte del plan salvador de Dios. La repetición del nombre de Jerusalén indica un afecto y amor despreciado. La imagen de la gallina extendiendo sus alas se usa en el Antiguo Testamento para simbolizar  la protección divina. En el umbral del nuevo pacto de Dios con los hombres, y ante el rechazo de su persona, el mismo Jesús anuncia la destrucción del templo, símbolo de la antigua alianza. Como Jesús, seamos siempre profetas del amor infatigable de Dios, a pesar del ambiente tan materializado que respiramos actualmente.

 

VIERNES,  30 DE OCTUBRE DE 2026.  San Lucas (14,1-6)

 

"¿ES LÍCITO CURAR LOS SÁBADOS, O NO?".

 

"Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos lo estaban espiando. Había allí, delante de él, un hombre enfermo de hidropesía, y tomando la palabra, dijo a los maestros de la ley y a los fariseos: ¿Es lícito curar los sábados, o no? Ellos se quedaron callados. Jesús, tocando al enfermo, lo curó y lo despidió. Y a ellos les dijo: ¿A quién de vosotros se le cae al pozo el asno o el buey y no lo saca enseguida en día de sábado? Y no pudieron replicar a esto". En el marco de una comida en casa de un fariseo, y en día de sábado, Jesús cura a un hombre enfermo de hidropesía. En varias ocasiones, Jesús acepta la invitación de algún fariseo, para comer. Con todo, los fariseos acechaban a Jesús, para cogerle en alguna falta. En su actuación, Jesús pone de manifiesto que para él el sábado era un día especial de liberación y de misericordia. No en vano en las tradiciones de Israel el sábado representaba el recuerdo de los grandes dones de Dios a la humanidad y a Israel: la creación y la liberación de Egipto. Por el contrario, entre los fariseos, pensaban que era más importante respetar el descanso del sábado que curar a un enfermo. Además, ante los casos de curaciones realizadas por Jesús, olvidan que el amor al prójimo era uno de los mandamientos que resumía la Ley y los Profetas. Señor Jesús, que cada día practiquemos el amor al prójimo como tú nos enseñaste curando y sanando.

 

SÁBADO, 31 DE OCTUBRE DE 2026.  San Lucas (14,1.7-11)

 

"EL QUE SE HUMILLA SERÁ ENALTECIDO"

 

Un sábado, Jesús entra en casa de un fariseo para comer. Los fariseos le están espiando. Dándose cuenta que los convidados escogían los primeros puestos, les dijo esta parábola: "Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y venga el que os convidó a ti y al otro, y te diga: Cédele el puesto a este. Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado; y el que se humilla será enaltecido". El marco de una comida sirve a Jesús para pronunciar la parábola que se recoge en el Evangelio de hoy. Ya en el Antiguo Testamento se aconsejaba no ocupar los primeros puestos (cf Prov 25,6ss). En el texto de los Proverbios se trataba de una exhortación moral. En cambio, en la parábola de Jesús adquiere los rasgos de conducta propios de la llegada del Reino. El que desea entrar en el Reino ha de hacerse pequeño, no tener pretensiones de ser justo. La verdadera grandeza es la que tenemos ante Dios. Él será el que asigne a cada cual el puesto en el banquete escatológico. El más importante en el Reino es el que sigue de cerca el camino de anonadamiento del Señor Jesús. "Él, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, presentándose como un simple hombre". Siguiendo las huellas de Jesucristo, aprendamos a ser pequeños y humildes ante Dios y ante los hombres.

 

 DOMINGO, 1 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Mateo (5,1-12a)

 

"SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS"

 

Comenzamos el mes de noviembre con la Solemnidad de todos los Santos. El sentido de esta solemnidad lo encontramos de un modo especial en las lecturas bíblicas que proclamamos en este día. La primera está tomada del libro del Apocalipsis (Ap 7,2-4.9-14). El vidente nos dice: "Después vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos. Y gritaban con voz potente: ¡La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono y del Cordero!". Con estas palabras se nos habla de dónde proviene la salvación y de la multitud de los salvados. En la segunda lectura (1Jn 3,1-3) se nos recuerda cómo la realidad de la santidad, el ser hijos de Dios, se debe manifestar en una profunda relación de hermandad entre todos. Somos hijos del mismo Padre. Estamos llamados a contemplar a Dios cara a cara. Como Evangelio se nos propone la lectura de la Bienaventuranzas, según san Mateo (Mt 5,1.12a). En ellas se presenta un brillante desfile de bienaventurados que alcanzarán la salvación. Jesús, sentado en el monte, nos va mostrando el verdadero camino de la felicidad personal y comunitaria. En las bienaventuranzas Jesús pone ante sus ojos a Dios como garante último de la dicha humana. Si aceptamos este programa de vida, un día seremos consolados, quedaremos saciados de justicia, alcanzaremos misericordia, veremos a Dios y disfrutaremos eternamente en su reino. En esta solemnidad de todos los Santos, es muy oportuno recordar estas palabras del concilio Vaticano II: "Es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena" (LG n.40). Todos estamos llamados a la santidad.

 

LUNES, 2 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Juan (14,1-6)

 

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

 

Ayer celebrábamos la Solemnidad de todos los Santos. Hoy celebramos la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos. Ambas fiestas nos recuerdan que la Iglesia es realmente un misterio de comunión. Hablando de la comunión de la Iglesia celestial con la Iglesia peregrinante, enseña el concilio Vaticano II: "Así, pues, hasta que el Señor venga revestido de majestad y acompañado de sus ángeles (cf Mt 25,31) y, destruida la muerte, le sean sometidas todas las cosas (cf 1Cor 15,26-27), de sus discípulos unos peregrinan en la tierra; otros, ya difuntos, se purifican; otros, finalmente, gozan de la gloria, contemplando claramente a Dios mismo, Uno y Trino, tal como es; mas todos, en forma y grado diverso, vivimos unidos en una misma caridad para con Dios y para con el prójimo y cantamos un idéntico himno de gloria a nuestro Dios" (LG n.49). A todos nos une el mismo amor a Dios y a los hermanos y el mismo cántico de alabanza a nuestro Dios. El vínculo de comunión entre todos los cristianos es más fuerte que la misma muerte. Existe también una verdadera comunión en los bienes de salvación. A todos nos aguarda resucitar con Cristo y vivir la vida eterna de quien nos creó. A pesar de la muerte, todos aquellos que han convivido con nosotros, que hemos amado y admirado siguen formando con nosotros el mismo cuerpo de Cristo. Es posible, por tanto, rezar por ellos y encomendarnos a ellos. De hecho, la comunión de los que aún peregrinamos en la tierra con los fieles que han muerto en la paz de Cristo, no solo no se rompe, sino que, conforme a la fe perenne de la Iglesia, se consolida en la comunicación de bienes espirituales. En consecuencia, hoy es un día para recordar y agradecer a nuestros seres queridos y pedir por ellos.

 

MARTES, 3 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (14,15-24)

PARÁBOLA DEL BANQUETE DEL REINO

 

En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús: ¡Dichoso el que coma en el banquete del reino de Dios! Jesús le contestó: Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó un criado a avisar a los convidados: Venid, que ya está preparado. Pero ellos se excusaron uno tras otro. El primero le dijo: He comparado un campo y tengo que ir a verlo. Dispénsame, por favor. Otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor. Otro dijo: Me acabo de casar y, naturalmente, no puedo ir.  El criado volvió a contárselo al amo. Entonces el dueño de casa, indignado, le dijo al criado: Sal corriendo a las plazas y calles de la ciudad y tráete a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos. El criado dijo: Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio. Entonces el amo le dijo: Sal por los caminos y senderos e insísteles hasta que entren y se me llene la casa. Y os digo que ninguno de aquellos  convidados probará mi banquete". El banquete representa una de las imágenes bíblicas que sirven para hablar de la salvación final y de la llegada definitiva del Reino. Jesús se vale del deseo expresado por uno de los convidados de participar en el banquete del Reino, para ofrecer la auténtica imagen de lo que es el Reino. Entre los judíos había una invitación previa y luego otra más inmediata, al estar el banquete preparado. El evangelista habla solo de un criado. Este criado tiene un sentido  general y representa a todos los medios de los que Dios se vale en sus llamamientos. A través del hombre que daba un gran banquete está expresada la presencia de Dios, que después de haber invitado a Israel, encarnado en los tres primeros invitados, ofrece el banquete a los más alejados (paganos) y a los que Israel tenía más marginados (pobres, lisiados, ciegos y cojos). La frase del criado de que todavía queda sitio es ornamental y sirve para preparar la tercera clase de invitados. Ahora el criado ha de salir fuera de la ciudad, fuera del judaísmo. También hoy todos somos invitados al banquete del Reino, pero, como entonces, buscamos justificaciones, para eludir la llamada de Dios. Tal llamada exige de nosotros conversión y entrega generosa. La parábola del banquete del Reino encuentra su cumplimiento en el banquete eucarístico de la comunidad cristiana.  

 

MIÉRCOLES, 4 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (14,25-53)

 

EXIGENCIA RADICAL DEL SEGUIMIENTO DE CRISTO.

 

En aquel tiempo, "mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y dijo: Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que lo miran, diciendo: Este hombre empezó a construir y no pudo acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Así pues, todo aquel de entre vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío". El texto evangélico nos habla de las condiciones del discipulado. Es cierto que el reino de Dios está abierto a todos. Ahora bien, seguir de cerca a Jesús conlleva unas condiciones exigentes. Aunque en el texto se dice que mucha gente acompañaba a Jesús, la enseñanza de Jesús se dirige a los discípulos. El seguimiento de Jesús pide muchas veces la renuncia y el despojamiento. Mientras la radicalidad del seguimiento no tenga consecuencias, incluso en lo que se refiere a los bienes materiales, siempre podemos pensar que nuestras confesiones de fe son palabras vacías. Ser discípulo conlleva una opción del todo por Jesús. La respuesta positiva a la llamada nos pide el estar preparados para las persecuciones y el sufrimiento. Sólo el que es capaz de tomar la decisión radical y dolorosa de posponer todos los valores humanos y preferir a Jesús, sacrificando hasta la propia vida por el martirio, se puede gloriar de ser discípulo suyo. Por eso las dos parábolas, que aparecen en el texto bíblico, nos invitan a sopesar prudentemente nuestras posibilidades de responder a las demandas del Evangelio. No hay que olvidar que en ese cálculo entra la apertura a la gracia, la confianza en su ayuda. Contar sólo con nuestras fuerzas y cualidades es exponernos al fracaso. Ayúdanos, Señor, a seguirte con todas las consecuencias.

 

JUEVES, 5 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (15,1-10)

 

"PARÁBOLAS DE LA OVEJA PERDIDA Y LA DRACMA PERDIDA".

 

En aquel tiempo, "solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Ese acoge a los pecadores y come con ellos. Jesús les dijo esta parábola: ¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: ¡Alegraos conmigo!, he encontrado la oveja que se me había perdido. Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. O ¿qué mujer que tiene diez monedas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas y les dice: ¡Alegraos conmigo!, he encontrado la moneda que se me había perdido. Os digo que la misma alegría tendrán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta". En el capítulo 15 de san Lucas se recogen tres parábolas en las que Jesús quiere justificar su comportamiento con los publicanos y pecadores. En concreto, en el texto evangélico de hoy se recogen las dos primeras parábolas. En la primera de ellas se nos habla de la oveja perdida. Esta parábola tiene su trasfondo en el texto de Ez 34,11-6. La forma interrogativa tiene una fuerza psicológica eficaz para arrancar el asentimiento del oyente. El hombre que pierde una oveja guarda personalmente su rebaño, que representa toda su hacienda. Es tan grande el amor que siente por una sola que deja las 99 y va en busca de la perdida. Cuando la encuentra se llena de alegría. Es tan grande su gozo que se ve en la precisión de comunicarlo a amigos y vecinos. Por su parte, en la parábola de la dracma perdida nos encontramos con la misma lección que la anterior. La psicología de la mujer durante la pérdida y luego en el encuentro es la misma que el pastor. El amor misericordioso y constante de Dios busca lo perdido y se alegra cuando lo encuentra. Como los profetas, Dios no quiere nuestra muerte, sino que busca nuestra conversión. El amor y la misericordia de Dios aguardan al pecador arrepentido. Esta es la noticia tan dichosa del Evangelio.

 

VIERNES, 6 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (16,1-8)

 

PARÁBOLA DEL ADMINISTRADOR SAGAZ

 

En aquel tiempo, "dijo Jesús a sus discípulos: Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Este respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe 'cincuenta'. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él contestó: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe ochenta. Y el amo felicitó  al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz". En el texto evangélico Jesús ya no se dirige a los fariseos, sino a los discípulos y, a través de ellos, a los creyentes de todos los tiempos. En la primera parte se describe el cuadro humano del mayordomo donde solo interesa aprovechar el tiempo de su administración para asegurar su suerte en el futuro, cuando haya de abandonar la administración. El cuadro espiritual comienza con el principio general de que los hombres son más  prudentes y previsores para las cosas del mundo que para los asuntos de la eternidad.  Se oponen, por tanto, la decisión y la inteligencia con la que actúan los que pertenecen a este mundo, a la indecisión y poca sagacidad de los que pertenecen a la luz. Dentro de su orden, por la previsión y prudencia para el logro de sus fines superan a los 'hijos de la luz', los que se dejan guiar de la luz que viene de Dios. En la obra de la salvación definitiva, bastante más importante, deben mirar el modo previsor y resuelto de los hombres de este mundo. El texto nos invita, como discípulos de Jesús, a vivir en medio de este mundo, pero con criterios de generosidad y desprendimiento diametralmente opuestos  a los habituales. Aprovechemos la oportunidad que Dios nos da en este mundo.

 

SÁBADO, 7 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (16,9-15)

 

"NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO"

 

En aquel tiempo, "decía Jesús a sus discípulos: Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero. Oyeron esto unos fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de él. Jesús les dijo: Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres, Dios la detesta". Después de la parábola del mayordomo infiel, el evangelista recoge diversas sentencias de Jesús sobre las riquezas. ¿Cómo hemos de utilizar las riquezas? La administración de los bienes exige fidelidad. De lo pequeño se pasa a lo grande. Si sabemos utilizar los bienes temporales, teniendo en cuenta las exigencias evangélicas, seremos dignos de recibir el verdadero bien, cuando nos encontremos definitivamente con el Señor resucitado. No se puede servir a Dios y al dinero. En efecto, servir a Dios es una dependencia que nos hace libres para servir a los más necesitados, mientras que servir al dinero es una esclavitud que aplasta a la persona y pervierte nuestras relaciones con Dios y con los demás. Si damos culto al dinero, este nos esclavizará y deshumanizará. Lo importante es practicar la caridad con los más necesitados. Esta riqueza no tiene fecha de caducidad. Nos ayuda a ser felices en este mundo y nos abre las puertas de la felicidad definitiva. Señor Jesús, ayúdanos a ser ricos en generosidad.

 

DOMINGO, 8 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Mateo (25,1-13)

 

"¡QUE LLEGA EL ESPOSO, SALID A RECIBIRLO!"

 

Hoy es domingo, el día del Señor. Nos vamos acercando al final del año litúrgico. La Palabra de Dios, en sus diversas lecturas, nos va orientando hacia el final de la historia  y la venida gloriosa del Resucitado. En concreto, la primera lectura (Sab 6,12-16)  es un canto a la verdadera sabiduría. Por eso nos insta a todos a buscar, encontrar y a poseer la auténtica sabiduría. Acerca del don de la sabiduría, afirma el Concilio Vaticano II: "La naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabiduría, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la búsqueda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible" (GS n.15). Ser sabio consiste en dejarnos atraer en nuestra vida concreta por la verdad y el bien. En el texto evangélico (Mt 25,1-13) se nos recuerda la parábola de las doncellas. En ella se nos invita a estar a punto para entrar en el banquete eterno. En efecto, el punto más llamativo de la parábola no es, por tanto, la llegada o el retraso del esposo, sino el hecho de que las jóvenes poco previsoras no podrán participar en la boda. El retraso de la vuelta de Jesús no puede llevarnos al adormecimiento y al descuido. Al contrario, la certeza del venida del esposo nos ha de animar a un compromiso activo, que consiste en poner en práctica las enseñanzas de Jesús. San Pablo (1Tes 4,13-18) nos ofrece una catequesis acerca de la suerte de los difuntos y los acontecimientos del fin del mundo.  Cristo vendrá a clausurar la historia humana, y todo el que por la fe participe en su muerte y su resurrección, alcanzará la salvación. Es necesario velar, ya que no sabemos el día ni la hora. El Señor llegará. Cuando llegue hemos de salir a recibirlo.

 

LUNES, 9 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Juan (2,13-22)

 

UN TEMPLO NUEVO

 

Hoy celebramos la fiesta de la Dedicación de la Basílica de Letrán. Como siempre la Palabra de Dios nos orienta para vivir con sentido la liturgia de cada día. En la primera lectura (Ez 47,1-2.8-9.12) el profeta afirma que el agua que sale del templo se convierte en torrente impetuoso que sana y da la vida a su paso. Esta agua fertilizante es el templo donde Dios habita y donde se celebra el culto. El Evangelio de hoy (Jn 2,13-22) nos dice que "se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró   en  el templo a los vendedores  de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados: y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó  las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora. Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús". Los cuatro evangelistas nos dan noticia del gesto provocativo de Jesús expulsando del Templo a 'vendedores' de animales y 'cambistas' de dinero. Jesús puede soportar ver la casa de su Padre llena de gentes que viven del culto. A Dios no se le compra con 'sacrificios'. Más todavía, en el Evangelio de hoy, se recoge una afirmación solemne de Jesús: 'Destruid  este templo, y en tres días lo levantaré". Nadie puede entender en su verdadero sentido las palabras de Jesús, pues Jesús hablaba del templo de su cuerpo. El evangelista recuerda a los seguidores de Jesús que ellos no han de sentir nostalgia del viejo templo. En efecto, Jesús, sacrificado en su pasión y muerte, pero resucitado por el Padre, es el nuevo templo. Las puertas de este nuevo templo, que es Jesús, están abiertas. En este templo estamos llamados a adorar al verdadero Dios en Espíritu y en verdad. Sin esto, el culto es adoración vacía. Señor Jesús, deseamos vivir de este modo nuestra relación contigo.

 

MARTES, 10 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,7-10)

 

"SOMOS SIERVOS INÚTILES...".

 

Por aquel entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: Enseguida, ¿ven y ponte a la mesa? ¿No le diréis más bien: ¿Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que os he mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer". ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante Dios? En primer lugar, reconocer nuestra condición de criaturas. El gran pecado consiste, como nos dice el papa Francisco, intentar ocupar el lugar de Dios. Fuimos creados a su imagen y semejanza. Como nos señala el relato evangélico, hemos de cumplir la voluntad de Dios en cada circunstancia. Los años de nuestra vida han de ser una respuesta agradecida a los dones recibidos de Dios. Esta es la vida de fe. Una fe comprometida en el amor a Dios y a los demás. Jesús nos presente una fe fuerte, marcada por el servicio y la generosidad. En la parábola Jesús se opone a la mentalidad de los fariseos que pensaban que con el cumplimiento de la ley obligaban a Dios a premiarles por su comportamiento. Jesús piensa, por el contrario, que los dones de Dios al siervo fiel no son un derecho que se puede reivindicar, sino un don gratuito.

 

MIÉRCOLES, 11 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,11-19)

 

"LEVÁNTATE, VETE; TU FE TE HA SALVADO".

 

Yendo Jesús de camino hacia Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, "vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: Id a presentaros a los sacerdotes. Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero? Y le dijo: Levántate, vete; tu fe te ha salvado".  El relato evangélico nos habla de diez leprosos que salen al encuentro de Jesús. Ellos se pararon a los lejos, según mandaba la ley. A gritos piden la misericordia de Jesús. Jesús les manda que vayan y se presenten a los sacerdotes, para que ellos comprueben que están curados y les permitan integrarse en la vida normal, pudiendo desde entonces participar en las celebraciones del culto. Mientras iban de camino, los leprosos quedaron limpios. Si solo se tratase de un signo de curación, el relato podía haber terminado aquí. Ahora bien, se quiere destacar la reacción de uno de los diez leprosos curados. Este hombre ve que está curado. Se da cuenta que su vida ha cambiado. Entonces, alaba a Dios a grandes gritos. Luego se postra ante Jesús y le da gracias. Reconoce que Jesús es realmente su Salvador. Esta persona que vuelve a dar gracias es un samaritano. Jesús manifiesta su extrañeza, por eso pregunta, "los otros nueve, ¿dónde están?". Dirigiéndose al samaritano le dice: "Levántate, vete; tu fe te ha salvado". Si observamos con detención el comportamiento de las personas, vamos descubriendo que la gratitud está desapareciendo del paisaje afectivo de la vida moderna. Nos cuesta ser agradecidos. Desde la fe, sabemos que toda nuestra existencia es un don de Dios. Te doy gracias, Señor, por amarme cada día.

 

JUEVES, 12 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (17,20-25)

 

"¿CUÁNDO VA LLEGAR EL REINO DE DIOS?"

 

Por aquel entonces, los fariseos preguntaron a Jesús: "¿Cuándo va a llegar el reino de Dios? Él les contestó: el reino de Dios no viene aparatosamente, ni dirán: Está aquí o Está allí, porque, mirad, el reino de Dios está en medio de vosotros. Dijo a sus discípulos: Vendrán días en que desearéis ver un solo día del Hijo del hombre, y no lo veréis. Entonces se os dirá: Está aquí o Está allí; no vayáis ni corráis detrás, pues como el fulgor del relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero primero es necesario que padezca mucho y sea reprobado por esta generación". Los fariseos plantean a Jesús una pregunta acerca del momento de la llegada del reino. Jesús les contesta con una respuesta que, en primer lugar excluye una venida aparatosa y físicamente localizable. Al contrario, el reino de Dios está en medio de nosotros. En las palabras y en los hechos de Jesús se hace presente el reino de Dios. ¿Qué hemos de hacer nosotros? Hemos de responder con nuestra vida al mensaje salvador de Jesús. Después de afirmar esta presencia actual de reino, resta hablar de su dimensión futura, de su plenitud en el día del Hijo del hombre. Hay que reconocer que en los primeros tiempos de la Iglesia la espera de la venida del Señor hacía pensar que estaba próximo el fin del mundo. Cuando se escribe el Evangelio según san Lucas, la espera entusiasta del Jesús glorioso había decaído. Las palabras de Jesús nos animan a vivir en la tensión de la espera, pero sin expectativas apocalípticas. La historia da fe de que hubo y hay charlatanes o falsos profetas que pueden turbar la vida de las personas. Lo nuestro es vivir las exigencias de la conversión, aunque no parezca que la venida en gloria del Señor esté próxima.

 

VIERNES, 13 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (17,26-37)

 

"¿DÓNDE SEÑOR?"

 

Después de haber preguntado los fariseos sobre el cuándo de la venida del reino, al final del evangelio de hoy (Lc 17,26-37), los discípulos preguntaron a Jesús: "¿Dónde Señor? Él les dijo: Donde está el cadáver, allí se reunirán los buitres". Jesús comienza subrayando el carácter subitáneo e inesperado de la parusía. La expresión 'los días del Hijo del hombre' se refieren al día concreto de la segunda venida gloriosa del Señor. Los dos ejemplos bíblicos de la historia de Noé y Lot intentan mostrar el carácter subitáneo y de sorpresa de la parusía. Ésta no sorprenderá a los que con sus buenas obras viven siempre preparados. No hemos de vivir apegados a los bienes de la tierra. La mujer de Lot mostró su apego a los bienes temporales, y por eso murió. Debe servir de ejemplo para nosotros. Los discípulos plantean a Jesús la pregunta sobre el dónde de la parusía. Una curiosidad con la cual Jesús no va a condescender. La respuesta se hace por medio de un proverbio de sentido muy general: El Hijo del hombre se aparecerá allí donde se verifiquen las condiciones oportunas. En el ejemplo de las aves existe un trasfondo veterotestamentario que habla de la presencia de las aves de presa en sus descripciones del juicio (Is 18,6; 34,15-16; Jr 7,33; 12,9; 15,3; Ez 39,17). Señor Jesús, que vivamos con una esperanza comprometida en el amor a Dios y a los hombres.

 

SÁBADO, 14 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (18,1-8)

 

"ORAR SIEMPRE, SIN DESANIMARSE"

 

Por aquel entonces, "Jesús para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre, sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: Aunque no temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a hacer justicia...pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?". El evangelista nos orienta en el sentido de la parábola: La constancia en la oración. En la parábola del juez inicuo y la viuda se nos ofrece una fotografía del desamparo de la viuda y de un juez que deja mucho que desear en el ejercicio de su función. La viuda solo pide justicia. El soliloquio del juez coincide con la descripción hecha anteriormente. En la aplicación que hace el Señor de la parábola hay que distinguir dos aspectos: El hecho de que Dios oye siempre las oraciones de sus escogidos y la constancia de la oración. En la parábola se nos anima a permanecer fieles al Señor incluso cuando la fe vaya perdiendo importancia en el mundo. La pregunta de Jesús: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?  se convierte así en una exhortación a perseverar en la fe. En este sentido, la oración del creyente es como la respiración que permite seguir viviendo los diversos compromisos en orden a construir un mundo más humano y fraterno. 

 

DOMINGO, 15 DE NOVIEMBRE DE 2026.  MATEO (25,14-30)

 

"¡BIEN SIERVO BUENO Y FIEL!"

 

Hoy es domingo, el día del Señor. Estamos celebrando ya el penúltimo domingo del año litúrgico. La Palabra de Dios nos invita a vivir con esperanza y responsabilidad la voluntad de Dios. La primera lectura (Prov 31,10-13.19-20.30-31) nos presenta a una mujer hacendosa como un ejemplo de laboriosidad en favor de su familia y de los más necesitados. Esta lectura nos invita a pensar en tantas madres de familia que van entregando su vida en un trabajo muchas veces oculto. Una labor que realizan con un amor propio de una madre. A la luz del Evangelio de hoy (Mt 25, 14-20) cada persona ha de poner en juego lo que es y lo que tiene. En el plan de Dios no cabe enterrar nuestros talentos. Todos ellos son unas cualidades que Dios nos las regala para que produzcan los frutos apetecidos. Dios nos regala un tiempo en este mundo para que lo aprovechemos lo mejor posible. El dador de todo bien no nos quiere holgazanes. En la segunda lectura, San Pablo (1Tes 5,1-6) no dice que "no nos entreguemos al sueño como los demás, sino que estemos en vela y vivamos sobriamente". Del uso que hagamos de las cualidades que Dios nos ha dado, nos pedirá cuentas cuando vuelva, como ladrón en la noche. Cuando Dios nos llame, ojalá podamos escuchar de él estas palabras del Evangelio: "¡Bien, siervo bueno y fiel!; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor".  

 

LUNES, 16 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (18,35-43)

 

"SEÑOR, QUE RECOBRE LA VISTA"

 

Cuando Jesús se acercaba a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino pidiendo limosna. "Al oír que pasaba la gente, preguntaba qué era aquello; y le informaron: Pasa Jesús el Nazareno. Entonces empezó a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ¡ten compasión de mí! Los que iban delante lo regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: ¡Hijo de David, ten compasión de mí! Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti? Él dijo: Señor, que recobre la vista. Jesús le dijo: Recobra la vista, tu fe te ha salvado. Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios". Estamos una vez más ante un relato de curación. En él aparece con una fuerza especial la revelación de Jesús como Mesías de Israel el que abriría los ojos a los ciegos (Is 35,5). El ciego, al enterarse de que era Jesús el Nazareno el que pasaba a la entrada de Jericó, le llama Hijo de David. Jesús cumple con su programa de salvación, tal como había anunciado (cfr. Lc 4,18). En el pasaje contrasta su actitud con la ceguera de los discípulos. El ciego cree firmemente en la compasión de Jesús y, una vez curado, le sigue como cualquier discípulo. Ante esta curación el pueblo reconoce la presencia de los dones del Reino y alaba a Dios. Hemos de avivar nuestra fe en el Señor Jesús, nuestro Salvador. También nosotros necesitamos pedirle: Señor que veamos con los ojos del corazón. Con esta forma de ver nos daremos cuenta de las personas que pasan a nuestro lado en el camino de la vida. Señor, danos la valentía de reconocer nuestra ceguera que nos incapacita para ser como tú compasivos y prontos a ayudar a los más necesitados.

 

MARTES, 17 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,1-10)

 

"...HOY TENGO QUE ALOJARME EN TU CASA"

 

En aquel tiempo, "entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió en una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó enseguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Señor: Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: Hoy ha sido la salvación de esta casa; también  este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido". El evangelista describe a Zaqueo como una persona rica y jefe de publicanos. Estaba al servicio de Roma, y la riqueza provenía de la práctica de su profesión. La eficacia de su deseo por ver a Jesús le atrajo la mirada de éste, que lo llamó por su propio nombre. La prisa es la diligencia de todos los actos que inspira Dios: Zaqueo, baja enseguida, hoy tengo que alojarme en tu casa. La prisa con que baja del árbol es la misma alegría con que hospeda a Jesús. El favor de Jesús y su trato cambian por dentro el corazón de Zaqueo y lo liberan del dominio de las riquezas. Al contacto con Jesús, Zaqueo inicia una nueva vida en la que los hechos son mucho más importantes que las palabras: compartir más de la mitad de sus bienes con los pobres y restituir cuatro veces  a aquellos de quienes se ha aprovechado. Aquel día llegó la salvación a su casa. Tal salvación se hace extensiva a toda la casa, a toda su familia. El trato de Jesús con publicanos se debe a la naturaleza de su propia misión. Dejémonos transformar en el trato con Jesús. La actuación de Zaqueo nos puede  orientar a la hora de señalar y practicar la penitencia en la recepción del sacramento de la Reconciliación.

 

MIÉRCOLES, 18 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,11-28)

 

"NEGOCIAD MIENTRAS VUELVO"

 

En el texto evangélico, que proclamamos en la Eucaristía de hoy (Lc 19,11-28), el evangelista ha combinado  dos narraciones  diferentes. En primer lugar, una parábola sobre la conducta de los siervos fieles y activos (Lc 19,13.15b-26) y, en segundo lugar, una parábola sobre el rechazo del rey (Lc 19,12.14-15a. 27). El interés del evangelista no está tanto en el retraso de la venida del Señor cuanto en la presencia actual del reino y, sobre todo, en lo que debemos en este período de espera: negociar y ser fiel. A fin de caer en una falsa interpretación moralista de esta parábola, hemos de tener en cuenta la gratuidad de los dones de Dios. De este modo nuestra actividad será siempre respuesta agradecida a su generosidad, sin que en ningún momento pretenda acumular méritos. La conclusión del relato insiste en estas dos realidades: 1) La llamada de Dios nos invita a vivir el riesgo de la fe. El que no produce frutos de conversión no es digno del reino, por eso se le quitará hasta lo que tiene. 2) Los enemigos del rey serán castigados; ellos representan a los líderes de Jerusalén cuyo rechazo de Jesús firma la sentencia de muerte de su ciudad.

 

JUEVES, 19 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (19,41-44)

 

JESÚS LLORÓ SOBRE JERUSALÉN

 

Por aquel entonces, "al acercarse a la ciudad, Jesús lloró sobre ella, mientras decía: ¡Si conocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos. Pues vendrán días sobre ti en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco de todos los lados, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el tiempo de tu visita". Hay que reconocer que la profecía sobre la ruina de Jerusalén contrasta con el marco de gloria mesiánica tal como aparece en este relato. ¿Por qué llora Jesús? Jesús ama a Jerusalén, cuyo bien ha procurado y cuyo mal prevé. La visita de la paz es el momento mesiánico que Dios le ofrece para que se salve. Jesús llora sobre Jerusalén por su cerrazón. Este texto también es susceptible de una lectura en primera persona. ¡Cuántas veces no aceptamos la visita de la paz! Cerramos las puertas a Dios que nos llama a la conversión. Nos sentimos cómodos en nuestra vida rutinaria y rehusamos las sorpresas que Dios nos va ofreciendo en cada llamada. Estoy a la puerta y llamo, nos dice Jesús. ¿Le abrimos la puerta de nuestro corazón, para escucharle, amarle y seguirle más de cerca? ¡Cuánto nos cuesta ser generosos con Dios y con los demás! 

 

VIERNES, 20 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (19,45-48)

 

"MI CASA SERÁ CASA DE ORACIÓN"

 

Por aquel entonces, "Jesús entró en el templo y se puso a echar a los vendedores, diciéndoles: Está escrito: Mi casa será casa de oración; pero vosotros la habéis hecho una cueva de bandidos. Todos los días enseñaba en el templo. Por su parte, los sumos sacerdotes, los escribas y los principales del pueblo buscaban acabar con él, pero no sabían qué hacer, porque todo el pueblo estaba pendiente de él, escuchándolo". Según san Lucas, la purificación del templo se convierte en el fin de la entrada de Jesús en Jerusalén y de su mismo viaje iniciado en el capítulo 9. En el hecho de la purificación del templo, Jesús sigue el mensaje de los profetas. El profeta Isaías (Is 56,7) ya hablaba del templo con una finalidad recibida de Dios: ser casa de oración. El profeta Jeremías (Jr 7,11) ya se lamentaba de que el templo fuera una 'cueva de bandidos'. Jesús recuerda este mensaje profético y prepara el templo como lugar de su enseñanza, que era seguida atentamente por el pueblo, pero rechazada por sus dirigentes. Hoy día la Iglesia debe estar muy atenta, para evitar toda corrupción de lo sagrado. No caer en errores parecidos. Al contrario ser verdaderas casas de oración y de encuentro con Dios y los hermanos. 

 

SÁBADO, 21 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (20,27-40)

 

DIOS DE VIVOS

 

Al comienzo Evangelio de hoy (Lc 20,27-40) se recoge, una pregunta que algunos de los saduceos plantean a Jesús sobre la resurrección de los muertos. Los saduceos no creían en la resurrección. Seguidamente, Jesús les responde en estos términos: "En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos. Intervinieron unos escribas: Bien dicho, Maestro. Y ya no se atrevían a hacerle más preguntas". Un día un grupo de saduceos, para ridiculizar la fe en la resurrección, se acercan a Jesús. Para ello le presentan un caso absolutamente irreal, fruto de su fantasía. Le hablan de siete hermanos que se han ido casando con la misma mujer, para asegurar el nombre, el honor y la herencia. En su respuesta, Jesús critica su visión de la resurrección. Comienza rechazando la idea pueril de los saduceos, que imaginan la vida de los resucitados como una prolongación de esta vida que ahora conocemos. La vida del resucitado es muy diferente. Para expresar esto, Jesús apela a un hecho aceptado por los saduceos: A Dios se le llama en la tradición bíblica 'Dios de Abrahán, Isaac y Jacob". A partir de esto, Jesús afirma: "Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos". Dios es fuente inagotable de vida. Como cristianos, desde la resurrección de Cristo, creemos que todos estamos llamados a participar de su resurrección. No hemos nacido para la muerte, sino para vivir en este mundo y de un modo definitivo después de la muerte. El acontecimiento de la resurrección de Jesús es el hecho definitivo para nuestra vida terrena y la vida eterna después de la muerte. 

 

DOMINGO, 22 DE NOVIEMBRE 2026. San Mateo (25,31-46)

 

SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

Hoy es domingo el día del Señor. Celebramos la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Con ella terminamos el año litúrgico. La Palabra de Dios nos da la clave de esta solemne celebración. Jesucristo es realmente Rey que como Pastor quiere lo mejor para todas y cada una de sus ovejas (Ez 34,11-12.15-17). Desea la salvación de todas ellas. El salmista (Sal 22) habla del Señor como su Pastor. Lo hace con muchos detalles y desde su propia experiencia. Dice expresamente: "El Señor es mi pastor, nada me falta". Como nos recuerda el Evangelio de hoy (Mt 25, 31-46), el Señor vendrá con gloria al final del tiempo y separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Es entonces, cuando al atardecer de nuestras vidas seremos examinados de la caridad que hemos practicado con todos, especialmente con los más necesitados. Es lo único que cuenta al final; todo se resume en el amor a Dios y a los demás. En esta solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, recordamos en el prefacio de la Eucaristía que el Reino de Dios es un "reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz". El Reino es una realidad viva que va creciendo hasta el final de la historia. Va alcanzando la plenitud hasta que sean aniquilados sus enemigos, el pecado y la muerte. Entonces Jesús entregará el Reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1Cor 15.20-26.28). Señor Jesús, acógenos en tu reino. 

 

LUNES, 23 DE NOVIEMBRE DE 2026.   San Lucas (21,1-4)

 

"HA ECHADO TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR"

 

Por aquel entonces, "Jesús, alzando los ojos, vio a unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas, y dijo: En verdad os digo que esa pobre viuda ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir". El relato evangélico nos presenta a Jesús en el entorno del templo de Jerusalén. Alzando los ojos se fija en los que están echando sus donativos en el tesoro del templo. Jesús destaca la generosidad de una pobre viuda que echa dos monedillas. Él lee en profundidad en el corazón del hombre. Por ello no le pasa desapercibido el gesto de aquella mujer. Ella, en contraste con los ricos que dan de lo que les sobra, da todo lo que tiene poniendo su confianza en Dios. Jesús no se fija tanto en la cantidad cuanto en la calidad de la limosna. Aquella pobre viuda está liberada de toda ansia de posesión. No tiene el corazón metalizado. Ella se hace acreedora de la bienaventuranza de los que viven la auténtica pobreza. El papa Francisco sueña con una Iglesia pobre para los pobres. Esta viuda es el camino a seguir para todo discípulo de Jesucristo. La mejor riqueza es la generosidad.

 

MARTES, 24 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,5-11)

 

"NO VAYÁIS TRAS ELLOS"

 

Jesús aprovechando el comentario de algunos que hablaban del templo, de lo bellamente adornado con piedra de calidad y exvotos, les dijo: "Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. Ellos le preguntaron: Maestro, ¿cuando va a ser eso?, ¿y cuál será señal de que todo eso está para suceder? Él dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: Yo soy, o bien: Está llegando el tiempo; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida...". Estas palabras de Jesús no son tanto para describir los acontecimientos que van a suceder, cuanto para darnos la fuerza y el coraje a fin de que podamos vivir el seguimiento de Jesús, en medio de las pruebas y dificultades, recordándonos el valor del tiempo presente. En primer lugar, en continuidad con la tradición profética, Jesús anuncia la destrucción del templo porque Israel no le ha aceptado como enviado para establecer la nueva alianza entre Dios y los hombres. Cuando le preguntaron cuándo iba a suceder esto, Jesús los pone en alerta sobre posibles signos engañosos: falsos mesías o anunciadores de la inminencia del fin. El concilio Vaticano II, nos invita a escrutar los signos de los tiempos (Gaudium et Spes, n.4). En el ambiente que respiramos detectamos la presencia de profundos cambios socioculturales y la no menos profunda crisis religiosa que sacude el cristianismo en nuestros pueblos. Estos signos han de llevarnos a buscar con urgencia en el Señor Jesús la luz y la fuerza para leerlos y vivirlos de forma lúcida y responsable.

 

MIÉRCOLES, 25 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,12-19)

 

"CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS"

 

Por aquel entonces, Jesús dijo a sus discípulos: "Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio...Y hasta vuestros padres, parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Las palabras de Jesús son muy realistas. No auguran a sus discípulos un camino de rosas, sin dificultades. Al contrario, les da a entender que a lo largo de la historia estarán presentes las luchas, la cruz. Si nos fijamos con atención, en nuestro momento histórico están presentes las guerras, la violencia manifestada de diversos modos, genocidios, que visibilizan la presencia del mal. En momentos así nos damos cuenta que cada momento histórico tiene sus propios problemas. Se trata de no perder calma, sino que cada cual asuma su propia responsabilidad. Tampoco Jesús nos exige hacer algo que supere nuestras capacidades. Aún en un ambiento de rechazo o desafecto podemos practicar el Evangelio y vivir con sensatez la fe cristiana. La providencia divina nos sigue alentando. Nos acompaña y nos protege. Jesús nos pide también paciencia, cuando nos dice: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". 

 

JUEVES, 26 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Lucas (21,20-28)

 

"...SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN"

 

En aquel tiempo, "dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén  en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por lo gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas  por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación". El texto presente comienza con el anuncio de la destrucción de Jerusalén. Se anuncia la ruina de Jerusalén como cumplimiento de las amenazas de los profetas contra la ciudad infiel.  A pesar del lenguaje apocalíptico y catastrófico, la venida del Hijo del hombre es un gran acontecimiento. No debemos  quedarnos prendidos en estas descripciones que en gran medida son solo un medio literario de aquella época para anunciar la importancia de lo que viene. La fe cristiana no está puesta en los acontecimientos descritos, sino en la venida del Hijo del hombre. La actitud del cristiano ante el fin es de esperanza y no de miedo. La venida en gloria del Señor Jesús trae nuestra liberación definitiva, de la que ya participamos por su cruz y por la que luchamos en medio de la historia humana. Hemos de enfrentarnos a las dificultades y adversidades con paciencia. Hoy apenas se habla de la paciencia. Esta es la actitud serena de quien cree en un Dios paciente  y fuerte que alienta y conduce la historia, a veces tan incomprensible para nosotros, con ternura y amor compasivo. Esta paciencia no se deja perturbar por las tribulaciones y crisis de los tiempos. La persona paciente no se irrita ni se deja deprimir por la tristeza. No olvidemos las palabras de Jesús: "Levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación".

 

VIERNES, 27 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (21,29-33)

 

"MIS PALABRAS NO PASARÁN"

 

Por aquel entonces, "Jesús dijo una parábola a sus discípulos: Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: Cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y lo tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". En su discurso escatológico, Jesús nos presenta hoy la parábola de la higuera. Esta parábola pone de relieve que todas estas cosas han de ocurrir. Es verdad que el cristiano no cuenta con un calendario preciso acerca de los acontecimientos que ocurrirán al final de los tiempos. Dado lo imprevisible de todo esto, es imprescindible una actitud de vigilancia. Las últimas palabras del relato evangélico subrayan la permanencia del mensaje de Jesús, antes, durante y después de los signos que anuncian el fin. ¿Creemos firmemente en la Palabra de Dios? ¿Es realmente esta Palabra la que alumbra los pasos de nuestra vida? ¿Practicamos lo que nos dice diariamente esta Palabra? Si lo hacemos así, la casa de nuestra vida estará construida sobre roca.

 

SÁBADO, 28 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Lucas (21,34-36)

 

"ESTAD, PUES, DESPIERTOS...".

 

Por aquel entonces, "dijo Jesús a sus discípulos: Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre". En este discurso apocalíptico, una vez más, Jesús hace un llamamiento a estar siempre despiertos. Estar vigilantes en todo momento. ¿Qué significa estar despiertos? Entre otras cosas, significa no mirar hacia otro lado ante lo que está sucediendo en nuestro mundo. Es decir, huir de la indiferencia y del escepticismo. Con otras palabras despertar activamente la esperanza. Vivir el presente con la mayor lucidez posible. Más todavía, vivir despiertos conlleva aprovechar todos los medios para avivar nuestra fe. Descubrir la presencia de Dios en el momento presente. Dios tiene un proyecto vital para cada persona que le abre las puertas de su corazón. Como el salmista, digamos confiados: Mi alma espera en el Señor, más que el centinela la aurora.

 

DOMINGO, 29 DE NOVIEMBRE DE 2026.  San Marcos (13,33-37)

 

COMIENZO DEL TIEMPO DE ADVIENTO

 

Hoy es domingo, el día del Señor. En este primer domingo de Adviento comenzamos un nuevo Año Litúrgico. La primera lectura (Is 63,16b-17.19b; 64,2b-7) comienza con estas palabras: "Tú, Señor, eres nuestro padre, tu nombre desde siempre es 'nuestro Libertador'. Más adelante, aparece esta súplica: "¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!". Hoy sabemos que nuestro Dios es el Padre que ha enviado a su Hijo como nuestro Libertador. En el tiempo de Adviento nos preparemos para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. El salmista (Sal 79) eleva al Señor esta súplica: "Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve". Esta súplica ha sido escuchada. Dios nos ha restaurado por mediación de su Hijo, nuestro Redentor. Como nos dice el Apóstol (1Cor 1,3-9) con la venida en carne mortal de Cristo Jesús, hemos sido enriquecidos en todo, no carecemos de ningún don gratuito; pero todavía no lo tenemos en plenitud. El Apóstol nos abre a la esperanza, hasta la manifestación plena al final de los tiempos. El Evangelio (Mc 13,33-37) de hoy comienza con estas palabras: "Estad atentos, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento" y termina con este mismo mandato: "¡Velad!". La vigilancia aparece como una actitud fundamental. La esperanza siempre es activa, comprometida. La parábola del portero vigilante es para la Iglesia y para cada uno de nosotros como un signo permanente. En el tiempo de Adviento esperamos al Señor que nace en Navidad, que viene a nosotros en las personas y en los acontecimientos, que vendrá glorioso al final de los tiempos.  

LUNES, 30 DE NOVIEMBRE DE 2026. San Mateo (4,18-22)

 "VENID EN POS DE MÍ"

 "En aquel tiempo, Jesús, paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. Les dijo: Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron". Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Andrés. Precisamente, en el presente relato evangélico, se nos narra de modo muy breve la vocación de cuatro apóstoles. Entre ellos aparece Andrés, hermano de Pedro. La forma en que Jesús empieza a constituir el grupo de sus discípulos es muy diferente a la que utilizaban los maestros judíos: no son los discípulos los que piden entrar a formar parte de dicho grupo, sino que es Jesús quien los llama. Jesús dirá en otra ocasión, no sois vosotros los que me habéis elegido, sino que soy yo quien os he elegido. San Andrés se mantuvo fiel a este primer sí a Jesús. Más todavía, sabemos que dio su vida por confesar la fe cristiana. Ante este testimonio apostólico, es bueno que nos preguntemos: ¿Estamos dispuestos a seguir al Señor Jesús con palabras y con la vida?