DOMINGO, 12 DE ABRIL DE
2026. San Juan (20,19-31)
"¡SEÑOR MÍO Y DIOS
MIO"!
La Palabra de Dios que se proclama en este segundo domingo de
Pascua nos sitúa en los grandes misterios de este tiempo litúrgico. La primera
lectura, tomada del libro de los Hechos (4,32-35), nos resume el modo de vida
de la primitiva comunidad cristiana. En el texto se muestra el ideal de la
existencia cristiana: "Todos pensaban y sentían lo mismo". Ponían en común
todo lo que poseían; los más favorecidos compartían con los más necesitados.
Además, los apóstoles daban testimonio con valentía de la resurrección del
Señor Jesús. El relato evangélico de este día (Jn.20,19-31) nos habla del Señor
resucitado que se presenta en medio de sus discípulos que, por miedo a los
judíos, estaban en una casacon las puertas cerradas. La presencia del
Resucitado es motivo de gozo para aquellos discípulos faltos de esperanza. Les
saluda con el don de la paz. El apóstol, Tomás, es la imagen de las
personas que solo creen, si ven. Sin embargo, el Resucitado le dice al Apóstol:
"Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi
costado. Y no seas incrédulo, sino creyente. Tomás contestó: ¡Señor mío y Dios
mío"! Jesús le dijo: ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen
sin haber visto". El Resucitado es el mismo que el Crucificado. Como
Tomás, con la luz de la fe, hemos de ver en el Resucitado a nuestro Señor y a
nuestro Dios. La Iglesia recibe del Resucitado el encargo de continuar su
misión hasta el final de los tiempos: "Como el Padre me envió a mí, así os
envío yo a vosotros".
