SÁBADO,
14 DE MARZO DE 2026. San Lucas
(18,9-14)
PARÁBOLA DEL FARISEO
Y PUBLICANO
La palabra de conversión que el profeta (Os.6,1-6) oye en el pueblo es
superficial, vaporosa, insincera. Son buenas palabras, pero vacías de
contenido. Como dice el profeta Oseas: "Vuestra misericordia es como nube
mañanera, como rocío de madrugada que se evapora". Son palabras que el
viento se las lleva. ¿Qué quiere el Señor? Nos lo recuerda el profeta:
"Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que
holocaustos". El salmista (Sal.50, 3-4.18-21) nos indica esto mismo con
estas palabras: "Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un
holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un
corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias". He aquí la
conversión que el Señor quiere que vivamos en esta Cuaresma. San Lucas en la parábola del fariseo y publicano (Lc.18, 9-14) nos
habla de la verdadera oración. Llevar la vida a la oración está bien, para
dejarnos transformar por el Señor, para que Él entre de verdad en nuestra
existencia y nos ayude a aplicar sus criterios en nuestras decisiones. A la
oración no se han de llevar los asuntos de los demás, para compararnos con
ellos, criticarlos o enaltecernos a nosotros mismos, como hizo el fariseo de la
parábola. Esta clase de oración no nos justifica. En cambio, una oración que
tiene su raíz en la petición de compasión es sana y convierte el corazón. Es la
oración de quien sabe de sus limitaciones, de sus pecados de palabra, de obra y
de omisión. Así lo hizo el publicano de la parábola. Señor Jesús, enséñanos a
orar.
