VIERNES,
27 DE MARZO DE 2026. San Juan
(10,31-42)
"OS HE HECHO VER MUCHAS OBRAS BUENAS..."
Ante
los diversos peligros, el profeta Jeremías, solo en el Señor encuentra acogida.
Dice desde su propia experiencia: "Pero el Señor está conmigo, como fuerte
soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo" (Jr.20,10-13). A
este profeta le tocó ejercer su ministerio en tiempos difíciles. En esos
momentos anunció la Palabra con fidelidad al mandato del Señor. Jeremías, en
medio de los sinsabores provenientes de la gente y aún de sus amigos, encuentra
un único refugio. Sus dramáticos enfrentamientos con los hombres, con su propio
desaliento y con el Señor que le hace fuerza, le llevan siempre al mismo
término: al Señor. Las amenazas y acechanzas de los hombres se estrellan contra
el muro de la seguridad que tiene, al experimentar que el Señor está con él. El
salmista (Sal.17,2-7) goza de la misma experiencia del profeta. Por un lado siente
en torno a sí muchos y graves peligros. En esas circunstancias, ora en estos
términos: "Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza. Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador". Jesús siente sobre sí un fuerte rechazo.
"Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: Os he
hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me
apedreáis? Los Judíos le contestaron: No te apedreamos por una obra buena, sino
por una blasfemia: porque tu, siendo un hombre, te haces Dios". Ante esta
acusación tan fuerte, Jesús muestra sus credenciales. No actúa por su cuenta.
Él no hace nada por su cuenta. Realiza las obras de su Padre. El Padre y Él son
uno. A Jesús le avalan sus obras, que son las obras del Padre. La divinidad de
Cristo es molesta, porque entonces su mensaje no puede ser interpretado con
limitadas medidas puramente humanas. Señor Jesús, que en nuestra vida nos
acompañen, como a ti, la obras buenas.
