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domingo, 7 de agosto de 2022

 

sábado, 6 de agosto de 2022

EL PAN DE LA PALABRA

Domingo, 7 de agosto de 2022. Lc 12,32-48

TENED CEÑIDA LA CINTURA Y ENCENDIDAS LAS LÁMPARAS

Hoy es domingo, el día del Señor. Estamos viviendo el Año de la Fe. La Carta a los Hebreos nos habla de esta realidad, cuando nos dice: "La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por ella obtuvieron nuestros antepasados la aprobación de Dios". Estas palabras nos resultan muy conocidas. El autor de este sermón nos habla de una definición impersonal de fe y la pone en relación con la esperanza. Una fe así la vivieron muchas personas en el Antiguo Testamento. Entre ellas destaca Abrahán que obedeció "a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba...". Nosotros le reconocemos como nuestro padre en la fe. Estamos ante un prototipo de persona creyente. Ahora bien, ninguna de estas personas del Antiguo Testamento alcanzó lo prometido; "pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra". Queda patente la continuidad entre la fe del Antiguo Testamento y la cristiana. Todo forma parte del único plan de Dios, todo está centrado en Cristo. Es decir, todo se cumple en el mundo por medio de la fe de los justos que reconocen la sabiduría y la bondad de Dios, y aceptan que intervenga en su vida por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo. El Evangelio nos muestra un camino para vivir con sentido nuestra fe. Así se los indica Jesús a sus discípulos: "Tened ceñida la cintura  y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los que aguardan a que su señor venga de la boda, para abrirle apenas venga y llame...". Los llamados por Jesús han de estar siempre alerta, en vela, pendientes de la voluntad de Dios. Por el bautismo hemos recibido el don de la fe. Tal regalo es necesario acogerlo todos los días y vivirlo con ilusión y prontitud. 

 

viernes, 5 de agosto de 2022

AQUÍ ESTOY, SEÑOR. SALMO 30. POR SALOMÉ ARRICIBITA