VIERNES,
20 DE MARZO DE 2026. San Juan
(7,1-2.10.25-30)
JESÚS ES EL
JUSTO POR ANTONOMASIA.
En la lectura de hoy del libro de la Sabiduría (Sab.2,
1a.12-22), el sabio pone en boca del impío un discurso, que lo retrata a él y
al justo. He aquí sus palabras: "Acechemos al justo, que nos resulta
incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos
reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre
de Hijo del Señor...". El discurso del impío enfrenta dos actitudes vistas
en profundidad. En su choque pretende que, por contraste, se dilucide el
sentido de la vida, la sinceridad del justo, la presencia de Dios en el mundo,
la retribución. Los impíos no soportan el constante reproche que les hace la
actitud de los justos. En el Evangelio de hoy (Jn.7,1-2.10.25-30) se cumple lo
que se decía en el libro de la Sabiduría. Nos dice el evangelista: "En
aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque
los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta de los Campamentos.
Cuando sus parientes habían subido ya a la fiesta subió también él; pero no
mostrándose, sino privadamente". Con toda verdad, Jesús es el Justo por
antonomasia. También su modo de hablar y de comportarse resulta incómodo a
muchos judíos. Estos desean acabar con Jesús. La persona de Jesús no pasaba
desapercibida. La gente sencilla, que escuchaba su palabra y contemplaba sus
gestos salvadores, iba tras él. Por el contrario, los jefes religiosos no
soportaban el mensaje de Jesús sobre el Reino, ni los signos que realizaba. Los
que podían ser más 'especialistas' en descubrir al Mesías tenían una venda en
los ojos. En un clima tan irrespirable para Jesús, no se echa atrás; él deja muy
claro que es el enviado del Padre. Como el salmista (Sal.33) hemos de reconocer
que el Señor está cerca de los atribulados. Dios no se olvida del Justo, lo
resucitará al tercer día.
