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viernes, 13 de marzo de 2026

EL PAN DE LA PALABRA

 

SÁBADO, 14 DE MARZO DE 2026.  San Lucas (18,9-14)

 

PARÁBOLA DEL FARISEO Y PUBLICANO

 

La palabra de conversión que el profeta (Os.6,1-6) oye en el pueblo es superficial, vaporosa, insincera. Son buenas palabras, pero vacías de contenido. Como dice el profeta Oseas: "Vuestra misericordia es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora". Son palabras que el viento se las lleva. ¿Qué quiere el Señor? Nos lo recuerda el profeta: "Quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos". El salmista (Sal.50, 3-4.18-21) nos indica esto mismo con estas palabras: "Los sacrificios no te satisfacen, si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias". He aquí la conversión que el Señor quiere que vivamos en esta Cuaresma. San Lucas en la parábola del fariseo y publicano (Lc.18, 9-14) nos habla de la verdadera oración. Llevar la vida a la oración está bien, para dejarnos transformar por el Señor, para que Él entre de verdad en nuestra existencia y nos ayude a aplicar sus criterios en nuestras decisiones. A la oración no se han de llevar los asuntos de los demás, para compararnos con ellos, criticarlos o enaltecernos a nosotros mismos, como hizo el fariseo de la parábola. Esta clase de oración no nos justifica. En cambio, una oración que tiene su raíz en la petición de compasión es sana y convierte el corazón. Es la oración de quien sabe de sus limitaciones, de sus pecados de palabra, de obra y de omisión. Así lo hizo el publicano de la parábola. Señor Jesús, enséñanos a orar.