VIERNES,
20 DE MARZO DE 2026. San Juan
(7,1-2.10.25-30)
JESÚS ES EL
JUSTO POR ANTONOMASIA.
En la lectura de hoy del libro de la Sabiduría (Sab.2,
1a.12-22), el sabio pone en boca del impío un discurso, que lo retrata a él y
al justo. He aquí sus palabras: "Acechemos al justo, que nos resulta
incómodo: se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos
reprende nuestra educación errada; declara que conoce a Dios y se da el nombre
de Hijo del Señor...". El discurso del impío enfrenta dos actitudes vistas
en profundidad. En su choque pretende que, por contraste, se dilucide el
sentido de la vida, la sinceridad del justo, la presencia de Dios en el mundo,
la retribución. Los impíos no soportan el constante reproche que les hace la
actitud de los justos. En el Evangelio de hoy (Jn.7,1-2.10.25-30) se cumple lo
que se decía en el libro de la Sabiduría. Nos dice el evangelista: "En
aquel tiempo, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea porque
los judíos trataban de matarlo. Se acercaba la fiesta de los Campamentos.
Cuando sus parientes habían subido ya a la fiesta subió también él; pero no
mostrándose, sino privadamente". Con toda verdad, Jesús es el Justo por
antonomasia. También su modo de hablar y de comportarse resulta incómodo a
muchos judíos. Estos desean acabar con Jesús. La persona de Jesús no pasaba
desapercibida. La gente sencilla, que escuchaba su palabra y contemplaba sus
gestos salvadores, iba tras él. Por el contrario, los jefes religiosos no
soportaban el mensaje de Jesús sobre el Reino, ni los signos que realizaba. Los
que podían ser más 'especialistas' en descubrir al Mesías tenían una venda en
los ojos. En un clima tan irrespirable para Jesús, no se echa atrás; él deja muy
claro que es el enviado del Padre. Como el salmista (Sal.33) hemos de reconocer
que el Señor está cerca de los atribulados. Dios no se olvida del Justo, lo
resucitará al tercer día.
SABADO, 21 DE MARZO DE 2026. San Juan (7,40-53)
En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que habían
oído los discursos de Jesús, decían: Este es de verdad el profeta. Otros
decían: Este es el Mesías. Pero otros decían: ¿Es que de Galilea va a venir el
Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de
Belén. el pueblo de David? Y así surgió entre la gente una discordia por su
causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los
guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y estos les dijeron:
¿Por qué no lo habéis traído? Los guardias respondieron: Jamás ha hablado nadie
como ese hombre. Los fariseos les replicaron: ¿También vosotros os habéis
dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que
no entiende de la ley son unos malditos. Nicodemo, el que había ido en otro
tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: ¿Acaso nuestra ley permite
juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho? Ellos le
replicaron: ¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen
profetas. Y se volvieron cada uno a su casa”. El Evangelio de hoy nos sitúa
ante la pregunta acerca de la identidad de Jesús. Es la eterna
pregunta. Aquellos vecinos de Jerusalén y peregrinos de la diáspora no se
ponen de acuerdo; tropiezan con una dificultad: el origen de Jesús. Siempre
hubo una desconfianza de todo lo que proviniera de la semipagana Galilea. Los
guardias del templo, obedeciendo órdenes superiores, intentan detener a Jesús,
peo no se atreven. Jesús les había causado tanta impresión que no tuvieron
valor para cumplir las órdenes recibidas. Ellos consideraban que nadie ha
hablado como Jesús. El evangelista está firmemente convencido de que Jesús es
el Mesías, nacido en Belén. Si bien los componentes del Sanedrín eran hostiles
a Jesús, también había excepciones. Entre ellas aparece ahora Nicodemo. El
diálogo hondo entre Jesús y Nicodemo marcó a este piadoso y docto miembro del
Sanedrín. Pero, con la soberbia que da el poder rechazan apasionadamente
la justa y mesurada intervención de Nicodemo, ridiculizándolo de filo-galileo y
de ser un judío poco ortodoxo por desconocer la Escritura. El evangelista pone
punto final a la controversia movida y acerada, de forma escueta y seca:
"Y se fueron cada uno a su casa". La Cuaresma es un camino de
acercamiento a la persona de Jesucristo. No le sigamos a distancia.
DOMINGO,
22 DE MARZO 2026. San Juan (11,3-7.17.20-27.33b-45)
"YO SOY LA
RESURRECCIÓN Y LA VIDA"
Estamos ya en la quinta semana de Cuaresma. Conocida como
la semana de pasión, la que antecede a la Semana Santa. Nos situamos, por
tanto, en la recta final del tiempo de Cuaresma. Las lecturas bíblicas de la
Eucaristía de hoy nos hablan, desde diversas perspectivas, de la vida. Así en
la primera lectura, tomada del profeta Ezequiel (Ez.37,12-14) se nos habla del
espíritu que dará la vida a los que yacen en los sepulcros. El Señor lo dice y
lo hace. Sus palabras son siempre eficaces, tienen poder para realizar lo que
dicen. En esta misma línea, en el salmo 129 se responde a la primera lectura
con el conocido estribillo: "Del Señor viene la misericordia, la redención
copiosa". El Señor es realmente la fuente de la vida en todas sus
dimensiones. En la carta a los Romanos (Rom.8,8-11) el Apóstol nos hace un llamamiento
a no vivir sujetos a la carne, a fin de vivir según el espíritu. Si nos dejamos
guiar por el Espíritu Santo, Él vivificará nuestro interior. En el Evangelio de
hoy (Jn.11,1-45) se relata la resurrección de Lázaro. Este acontecimiento es
como una profecía de la resurrección de Jesús y de la nuestra, y representa el
centro de la liturgia de la Palabra de este domingo. La resurrección de Lázaro
acrecentará la fe de los discípulos en Él. En la conversación con Marta, Jesús
suscita el tema de la resurrección. Ésta le contesta: "Sé que (mi hermano)
resucitará en la resurrección del último día". Jesús añade: "Yo soy
la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el
que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?". Marta
responde afirmativamente. Jesús se siente conmovido por la muerte de su amigo
Lázaro. Se acerca a la tumba. Ora al Padre. Luego manda a Lázaro que salga
fuera. Se realiza el milagro de la resurrección de Lázaro. Al ver esto mucha
gente creyó en Jesús. Aunque Lázaro vuelve a la vida, volverá a morir. Ahora
bien, el milagro realizado por Jesús es anticipo y garantía de que tiene el
poder de resucitar a los muertos para la vida eterna. Esta es la verdad
definitiva de la fe cristiana.
LUNES,
23 DE MARZO DE 2026. San Juan
(8,1-11)
"ANDA, Y
EN ADELANTE NO PEQUES MÁS"
Todos los años, en este día de la semana de pasión, se
lee como primera lectura de la Eucaristía este trozo del profeta Daniel
(Dan.13,1-9.15-17.19-30. 33-62). En el libro de Daniel aparece insertada la
leyenda popular o relato edificante de Susana. El mensaje de este relato se
concentra en el nombre del protagonista, Daniel: "Dios hace
justicia". El juicio justo de Dios descubre y condena un día u otro la
injusticia humana. Así termina el relato: "Y aquel día se salvó una vida
inocente". La comunidad humilde y humillada necesita la afirmación
corroborada de que la virtud tiene razón de ser y retribución indefectible. En
el Evangelio de hoy (Jn.8,1-11) Jesús se manifiesta también como el salvador de
una mujer, que había sido sorprendida en adulterio. Los letrados y los fariseos
se la presentan a Jesús, diciéndole: "Maestro, esta mujer ha sido
sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las
adúlteras: tú ¿qué dices?". Jesús, inclinándose, escribía con un dedo en
el suelo. Como ellos insistían en preguntarle, Jesús se incorporó y les dijo:
"El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". Ante las
palabras de Jesús se fueron marchando todos. Al quedar solo Jesús y la mujer en
medio, de pie, Jesús se incorporó y le preguntó: "Mujer, ¿dónde están tus
acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Ella contestó: Ninguno, Señor. Jesús le
dijo: Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más". Jesús
rompe los esquemas de los acusadores de la mujer sorprendida en adulterio. La
historia se repite. También hoy podemos discriminar, señalando con el dedo,
excluyendo del bálsamo de la misericordia a aquel o aquella que han cedido a la
tentación del mal. Jesús siempre acoge al pecador, aunque nunca pacta con el
pecado. Por eso no condena a la mujer, pero le dice: no peques más. Como nos
recuerda el salmista (Sal.22): "Aunque camine por cañadas oscuras, nada
temo, porque tú vas conmigo".
MARTES,
24 DE MARZO DE 2026. San Juan (8,21-30)
"EL QUE
ENVIÓ ESTÁ CONMIGO"
Yendo por el desierto hacia la tierra de promisión, el
pueblo estaba extenuado del camino y comenzó a protestar contra Dios y contra
Moisés de este modo: "¿Por qué nos has sacado de Egipto para morir en el
desierto? No tenemos pan ni agua y nos da náusea ese pan sin cuerpo".
Entonces el Señor les envió unas serpientes venenosas que los mordían y
murieron muchos israelitas. "Moisés rezó al Señor por el pueblo, y el
Señor le respondió: Haz una serpiente y colócala en un estandarte: los mordidos
de serpiente quedarán sanos al mirarla". Moisés hizo lo que le mandó el
Señor, y, si alguien era mordido por una serpiente, al mirar las serpiente de
bronce, quedaba curado. Dios está siempre dispuesto a perdonar a su pueblo. Moisés,
que amaba entrañablemente a aquel pueblo, intercede siempre por él ante el
Señor. En Moisés se cumple la experiencia del salmista (Sal.101 que también
busca la salvación: "Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta
ti". El evangelio de hoy (Jn.8,21-30) se hace eco del rechazo que Jesús
sufre de parte de los fariseos. Jesús responde con estas palabras: "Cuando
levantéis al Hijo del hombre, sabréis que yo soy, y que no hago nada por mi
cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está
conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada. Cuando
les exponía esto muchos creyeron en él". Los judíos no terminan de
enterarse quién es Jesús, cuál es su camino y cuál su misión. Están
desconcertados. Jesús les repite una y mil veces que Él es el enviado del
Padre. Que se siente siempre apoyado por el Padre. Jesús cumple hasta el
extremo la misión que el Padre le ha encomendado. Al hablar tanto y con tanta
intensidad del Padre, muchos creyeron en Él. Señor Jesús, nosotros te
conocemos, sabemos que el Padre te ha enviado para salvarnos, y queremos seguir
de cerca tus pasos.
MIERCOLES,
25 DE MARZO DE 2026. San Lucas
(1,26-38)
ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR
Hoy celebramos la solemnidad de
la Anunciación del Señor. La Palabra de Dios que
proclamamos en este día nos ayuda a profundizar en este gran misterio de
nuestra fe. El profeta Isaías (Is.7,10-14) ofrece a la casa de David esta
señal: "La Virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pone por nombre Emmanuel
(que significa: 'Dios-con-nosotros')". El profeta, frente a la
incredulidad del pueblo, adelanta algunos rasgos del misterio de la encarnación
del Hijo de Dios en el seno de la Virgen. El salmista (Sal.39,7-9.10.11) nos
recuerda el modo de actuar del Hijo durante su vida histórica. Él se presenta
de este modo: "Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad. El autor de la
carta a los Hebreos (Heb. 10,4-10) retoma este salmo para hablar de Jesucristo
como sumo y eterno sacerdote. En efecto, "cuando Cristo entró en el mundo,
dijo: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo;
no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está
escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad".
Cristo no ofreció sacrificios de animales o de cosas externas a sí mismo. Se
ofreció a sí mismo como sacrificio personal por nuestra salvación. El relato de
la Anunciación a María lo encontramos en el Evangelio según San Lucas
(Lc.1,26-38). El ángel Gabriel es enviado a Nazaret a una virgen desposada con
un hombre llamado José. La virgen se llamaba María. Ésta se asombra con el
saludo del ángel. Éste le explica los motivos del saludo. Dios la ha elegido
para concebir y dar a luz al Salvador. He aquí las palabras del Ángel: "No
temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre
y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará
Hijo del Altísimo, el Señor Dios el trono de David, su padre, reinará sobre la
casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin". El asombro inicial
de María se transforma ahora en perplejidad. Ese proyecto es imposible. Ella no
conoce varón. El ángel en su mensaje evoca al Espíritu de Dios y a la
fecundidad de su sombra. María acepta el plan de Dios sobre ella,
diciendo"Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu
palabra". Como nos enseña el C. Vat.II, "el Padre de las
Misericordias quiso que precediera a la Encarnación la aceptación de parte de
la Madre predestinada, para que así como la mujer contribuyó a la muerte, así
también contribuyese a la vida..." (LG. n.56).
JUEVES,
26 DE MARZO DE 2026. San Juan
(8,51-59)
"QUIEN GUARDA MI PALABRA..."
La Palabra de hoy nos
habla de alianza. En el libro del Génesis (Gén. 17,3-9) se nos recuerda la
alianza de Dios con Abrahán en la versión sacerdotal. Se nos dice: "Abrán
cayó de bruces y Dios le dijo: Mira, éste es mi pacto contigo: serás padre de muchedumbre
de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino Abrahán, porque te hago padre de
muchedumbre...Cumpliré mi pacto contigo y con tu descendencia...Seré tu Dios y
el de tus descendientes futuros...Dios añadió a Abrahán: Guardad mi alianza, tú
y tus descendientes, por siempre". La alianza es como un pacto. En este
caso entre Dios y Abrahán y sus descendientes. Realmente es un don de Dios al
patriarca y a todos sus hijos en la fe. Dios promete a Abrahán descendencia,
posesión de la tierra en que anda peregrino y su compañía protectora. Los hijos
de la fe de Abrahán siguen siendo hasta hoy destinatarios también de su
promesa. El salmista (Sal.104,4-9) exclama agradecido: "¡Estirpe de
Abrahán, su siervo, hijos de Jacob, su elegido! El Señor es nuestro Dios, el
gobierna toda la tierra. Se acuerda de su alianza eternamente, de la palabra
dada, por mil generaciones; del juramento hecho a Isaac". Dirigiéndose a
la Judíos, Jesús les dijo: "Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá
lo que es morir para siempre..." (Jn.8,51-59). El mensaje de Cristo lleva
consigo la certeza de no morir para siempre. Aunque hoy muchos traten de que la
muerte pase desapercibida en nuestra sociedad, la muerte está ahí. Con su
Palabra Jesús ilumina la realidad de la muerte y su sentido. No hemos nacido
para morir, sino para vivir con autenticidad en este mundo y la vida perdurable
después de la muerte. Todo esto es posible, porque Cristo ha resucitado. El que
cree esta realidad no morirá para siempre, tendrá la luz de la vida. Esta es
precisamente la realidad más gozosa de la Alianza nueva y definitiva en Cristo
Jesús.
VIERNES,
27 DE MARZO DE 2026. San Juan
(10,31-42)
"OS HE HECHO VER MUCHAS OBRAS BUENAS..."
Ante
los diversos peligros, el profeta Jeremías, solo en el Señor encuentra acogida.
Dice desde su propia experiencia: "Pero el Señor está conmigo, como fuerte
soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo" (Jr.20,10-13). A
este profeta le tocó ejercer su ministerio en tiempos difíciles. En esos
momentos anunció la Palabra con fidelidad al mandato del Señor. Jeremías, en
medio de los sinsabores provenientes de la gente y aún de sus amigos, encuentra
un único refugio. Sus dramáticos enfrentamientos con los hombres, con su propio
desaliento y con el Señor que le hace fuerza, le llevan siempre al mismo
término: al Señor. Las amenazas y acechanzas de los hombres se estrellan contra
el muro de la seguridad que tiene, al experimentar que el Señor está con él. El
salmista (Sal.17,2-7) goza de la misma experiencia del profeta. Por un lado siente
en torno a sí muchos y graves peligros. En esas circunstancias, ora en estos
términos: "Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza. Señor, mi roca, mi
alcázar, mi libertador". Jesús siente sobre sí un fuerte rechazo.
"Los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús. Él les replicó: Os he
hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me
apedreáis? Los Judíos le contestaron: No te apedreamos por una obra buena, sino
por una blasfemia: porque tu, siendo un hombre, te haces Dios". Ante esta
acusación tan fuerte, Jesús muestra sus credenciales. No actúa por su cuenta.
Él no hace nada por su cuenta. Realiza las obras de su Padre. El Padre y Él son
uno. A Jesús le avalan sus obras, que son las obras del Padre. La divinidad de
Cristo es molesta, porque entonces su mensaje no puede ser interpretado con
limitadas medidas puramente humanas. Señor Jesús, que en nuestra vida nos
acompañen, como a ti, la obras buenas.
SÁBADO, 28 DE MARZO DE 2026. San Juan (11,45-57)
"¿QUÉ
OS PARECE? ¿NO VENDRÁ A LA FIESTA?
El profeta Ezequiel es el
profeta del destierro por antonomasia. En la lectura de hoy (Ez.37,21-28) se
recogen estas palabras llenas de esperanza: "Haré con ellos alianza de
paz, alianza eterna pactaré con ellos: los estableceré, los multiplicaré y
pondré mi santuario entre ellos para siempre. Con ellos moraré, yo seré su Dios
y ellos serán mi pueblo". Ezequiel vuelve a recordar el tema de la
alianza: El pacto de amor de Dios con su pueblo. Ahora bien, se trata de una
alianza de paz, eterna en la que Dios morará en medio del pueblo para siempre.
Una alianza que se cumple en la persona del Señor Jesús. En Jesús, el Buen
Pastor, Dios nos guardará para siempre. La lectura del Evangelio de hoy (Jn.11,
45-56) nos deja a las puertas de la Semana Santa. Nos dice: "Se acercaba
la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes
de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo se
preguntaban: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?". Después de la resurrección
de Lázaro, muchos creyeron en Jesús. Pero los miembros del Sanedrín deciden
darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente con los judíos, sino que
se retiró a la región vecina, al desierto. De ahí que la gente preguntara por
Jesús. Nosotros sabemos que Jesús no faltó a la fiesta. Al contrario, Él
resultó ser el verdadero Cordero Pascual que entregó su vida por nosotros en la
cruz. Mañana, Domingo de Ramos, celebraremos su entrada triunfal en
Jerusalén.
DOMINGO, 29 DE MARZO DE 2026. San Mateo (27,11–54)
DOMINGO
DE RAMOS
En el domingo de Ramos en la
Pasión del Señor comienza la Semana Santa. La celebración de esta semana tiene
la finalidad de recordar la Pasión de Cristo desde su entrada mesiánica en
Jerusalén. Hoy es un domingo especial, porque comporta una primera parte que
culmina en la procesión de los ramos, haciendo memoria de la entrada triunfal
del Señor en la ciudad santa de Jerusalén para sufrir la Pasión y resucitar. De
este modo se proyecta sobre la Pasión del Señor una luz profética anunciadora
de su victoria. La segunda parte es la misa de la Pasión. En la oración colecta
invocamos al Dios que quiso "que nuestro Salvador se anonadase, haciéndose
hombre y muriendo en la cruz, para que todos nosotros sigamos su ejemplo...".
La oración termina pidiendo a Dios participar "en su resurrección
gloriosa". Impresionan estas palabras que nos hablan del amor de Dios
hasta el extremo. Esto aparece profetizado en la primera lectura (Is.50,4-7).
Se trata del tercer cántico del Siervo de Yahvé que nos acerca a la pasión de
Cristo. Dice el Siervo de Yahvé: "ofrecí la espalda a los que me
apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante
ultrajes y salivazos...". Son realidades que sucedieron durante la pasión
de Cristo. El Salmo (Sal.21) con su estribillo :"Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?", completa la visión de la primera lectura y
recorre proféticamente los pasos de la pasión en la esperanza del triunfo. La
segunda lectura es un cántico a Cristo Salvador, recogido por el Apóstol en la
carta a los Filipenses (Flp.2,6-11). El Hijo de Dios se rebajó hasta someterse
incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso, Dios lo levantó sobre todo,
y le concedió el "Nombre sobre todo nombre". El relato de la Pasión
(Mt.27,11-54) es el centro de la liturgia de la Palabra de este domingo de
Ramos. En torno a este relato giran y hacen referencia todos los demás
elementos de esta celebración. Aunque el día propio de la conmemoración de la
Pasión del Señor es el Viernes Santo, la Iglesia proclama hoy su relato en la
asamblea dominical, para que la cruz del Señor domine sobre toda la semana.
Jesús vive este acontecimiento, tan doloroso y humillante, con la obediencia
singular del Hijo que se sabe acompañado siempre por el Padre. Es un día para
detenernos en la lectura y meditación de la Pasión, para adentrarnos más en el
misterio del amor de Dios hasta el extremo.
LUNES, 30 DE MARZO DE 2026. San Juan (12,1-11)
"SEIS
DÍAS ANTES DE LA PASCUA..."
Los días que median entre el domingo
de Ramos y el Jueves Santo revisten un tono de tristeza por la tragedia que se
acelera y por la muerte que se avecina. La unción de Cristo (lunes), la entrega
salvadora (martes) y la traición de Judas (miércoles) nos introducen de lleno
en el 'Triduo Sacro'. Hoy es Lunes Santo. Como primera lectura se proclama el
primer poema del siervo del Señor (Is.42,1-7). En el mensaje consolador del
profeta se insertan los cantos del siervo del Señor. En éste es presentado como
'elegido' por Dios y lleno de su 'espíritu'. Tiene la misión de promover
fielmente el derecho y la justicia salvadora para su pueblo. Su modo de actuar
es pacífico, pero su propósito es firme. Personifica la salvación, abriendo los
ojos al ciego, sacando a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que
habitan las tinieblas. Todos estos rasgos del siervo de Dios se ven cumplidos
en el Señor Jesús. El salmista (Sal. 26,1-3.13-14) se siente protegido por el
Señor que es su luz y su salvación en los momentos de mayor dificultad. El
Evangelio de hoy comienza así: "Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a
Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos.
Allí le ofrecieron una cena..." (Jn.12,1-11). Este relato nos sitúa al
comienzo de la Semana Santa. Durante la cena, "María tomó una libra de
perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los
enjugó con la cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume".
Con este gesto de ungir a Jesús, María anunció su muerte y su gloria. La
fragancia del perfume con que fue ungido Jesús es, por tanto, signo adelantado
de la unción que va a recibir con su muerte. Acompañemos de cerca al Señor
durante la Semana Santa.
MARTES, 31 DE MARZO DE 2026. San Juan (13,21-33.36-38)
"ERA
DE NOCHE"
Como primera lectura de la
Eucaristía se proclama el segundo poema del siervo del Señor (Is.49,1-6). Este
siervo se presenta a sí mismo. Refiere, como un profeta, su experiencia de
llamada y de elección desde la misma raíz de su existencia. Su cometido en el
seno de su pueblo tuvo un alto y una desilusión. En estas circunstancias recibe
este encargo más grande: "Es poco que seas mi siervo y restablezcas las
tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las
naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra". El
siervo está llamado a ser luz de todos los pueblos del orbe. Esta misión la
llevará a plenitud el Señor Jesús. Él mismo se presentó como la luz del mundo
(Jn.8,12). En un clima de oración, el salmista (Sal. 70,1-6.15.17) repite
fundamentalmente la misma experiencia del siervo del Señor. El salmista siente
en su existencia el auxilio del Señor y siente la urgencia de contar el apoyo
que recibe del Señor. En el Evangelio de hoy (Jn.13,21-33.36-38) Jesús, durante
la última cena, profundamente conmovido dijo: "Os aseguro que uno de
vosotros me va a entregar". Los discípulos quedan perplejos. Jesús siente
hondamente lo que está anunciando. Uno de los Doce le va entregar. Son momentos
de oscuridad. Así lo señala el evangelista: "Judas, después de tomar el
pan, salió inmediatamente. Era de noche". Judas entra en la tiniebla.
Abandona el lugar donde brilla la gloria y el amor. Su salida a la noche es la
expresión visible de su decisión interior. La noche significa la ausencia de la
luz que es Jesucristo.

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