LUNES, 2 DE
FEBRERO DE 2026. San Lucas (2,22-40)
PURIFICACIÓN DE
MARÍA
En el Evangelio se nos dice que al llegar el tiempo de la purificación de
María, de acuerdo con la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a
Jerusalén, para presentarlo al Señor. Por aquel entonces vivía en Jerusalén un
hombre llamado Simeón que impulsado por el Espíritu Santo, fue aquel día al
templo. "Cuando entraban con el niños Jesús sus padres para cumplir con él
lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque
mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los
pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel".
Coincidiendo con esta Fiesta de la Presentación del Señor, se celebra en la
Iglesia universal la 'Jornada de la Vida Consagrada'. Fue instituida por Juan
Pablo II con un mensaje dirigido a todos los obispos de la Iglesia católica y a
las personas consagradas en la solemnidad de la Epifanía del Señor, seis de
enero de 1997. Señalaba entonces el Papa: "La Jornada de la Vida
Consagrada se celebrará en la fiesta en que se recuerda la presentación que
María y José hicieron de Jesús en el templo 'para ofrecerlo al Señor'
(Lc.2,22)". Se instituye con una triple finalidad. La primera es de alabanza
y de acción de gracias por el don de la vida consagrada en la Iglesia. La
segunda consiste en promover en todo el pueblo de Dios el conocimiento y la
estima de la vida consagrada. De aquí la conveniencia de celebrarse en clave
eclesial y no solo entre los consagrados. La tercera finalidad tiene que ver
directamente con las personas consagradas para celebrar juntas y solemnemente
las maravillas que el Señor ha realizado en ellas.
MARTES,
3 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (5,21-43)
MI NIÑA ESTÁ EN LAS
ÚLTIMAS
El Evangelio de hoy nos recuerda la curación de la hemorroísa y la
resurrección de la hija de Jairo. Si los gerasenos terminan rogando a Jesús que
se fuera, en la otra orilla del lago hay alguien esperándole que le suplica de
rodillas: "Mi niña está en las últimas; ven,
pon las manos sobre ella, para que se cure y viva". La persona que le
suplica es Jairo, el jefe de la sinagoga. Jesús accede a esta petición.
Mientras iba de camino, Jesús cura a la hemorroísa que se acerca y le toca el
manto. Jesús le dice a esta mujer: "Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz
y con salud". De pronto, "llegaron de casa del jefe de la sinagoga
para decirle: Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro? Jesús
alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: No temas; basta
que tengas fe". La hija de Jairo muere, y lo que iba ser una curación debe
convertirse en una resurrección. El evangelista nos conduce de este modo,
mediante una narración tensa y de carácter concéntrico, al punto culminante de
la actividad milagrosa de Jesús. Al llegar a casa de Jairo, Jesús entró donde
estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: "Talithaqumi (que
significa: Contigo hablo, niña, levántate). La niña se puso en pie
inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones.
Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la
niña". Ambos prodigios son posibles sólo gracias a la fe: una fe sencilla,
pero firme (hemorroísa) e incluso probada (Jairo), que contrasta con la complejidad
de los discípulos en la tempestad del lago y que se convierte en modelo para
todo el que en su tribulación quiera acercarse con éxito a Jesús. Ante la
resurrección de la hija de Jairo, Jesús se revela como vencedor de la muerte.
Sí. Pero esta revelación es todavía demasiado imperfecta, pues, en este caso,
su victoria consiste tan solo en haber prolongado unos años la vida de una
niña. Hay que esperar a otra victoria más sublime y reveladora, de la que ésta
es solo signo y anticipo. Será la victoria sobre su propia muerte. Entonces
Jesús aparecerá tal cual es y podrá divulgarse ya su identidad.
MIERCOLES, 4 DE FEBRERO DE
2026. San Marcos (6,1-6)
¿DE DONDE SACA TODO ESO?
El evangelista nos
presenta a Jesús en su pueblo, en Nazaret. Allí llegó con sus discípulos. El
sábado "empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se
preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué
sabiduría es esa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es
este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y
Simón? Y sus hermanas, ¿no viven con nosotros aquí? Y esto les resultaba
escandaloso". Nazaret se puede llamar su ciudad natal, porque allí vivió principalmente.
Jesús predica en la sinagoga el sábado. El hecho de no nombrar más que a María
puede indicar que José ya había muerto para entonces. Los paisanos de Jesús se
sienten altamente sorprendidos por las palabras de Jesús y también pos los
milagros que, según habían oído, había realizado. Más todavía, todo esto les
resultaba escandaloso. Entonces Jesús les decía: "No desprecian a un
profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer
allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se
extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando".
El Maestro desea dejar claro a sus discípulos que no siempre serán
comprendidos, acogidos y aceptados a la hora de anunciar el Evangelio. A los
discípulos, en la misma tierra natal del Maestro, les llega, por así decirlo,
la vacuna 'anti-decepción'. Lejos de apoyar a Jesús, sus vecinos manifiestan su
incredulidad. Viendo todo esto, no podemos escandalizarnos ante la
incomprensión, la indiferencia religiosa y la hostilidad. También hoy, en
diversos lugares son perseguidos los cristianos, por el mero hecho de confesar
públicamente la fe en el Dios de nuestro Señor Jesucristo. Danos, Señor Jesús,
la suficiente humildad y la audacia necesaria para anunciar tu Palabra en un
ambiente de tanta indiferencia religiosa.
JUEVES, 5 DE FEBRERO DE 2026. San MARCOS (6, 7-13)
LLAMÓ JESÚS A LOS DOCE Y LOS FUE ENVIANDO DE DOS EN DOS
En aquel tiempo,
"llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles
autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino
un bastón y nada más, ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que
llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió: Quedaos en la
casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os
recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar
su culpa. Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios,
ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban". Jesús había elegido a
los Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, con poder de
expulsar a los demonios. Ahora ya llevan con Jesús un prolongado período de
tiempo. Los Doce han escuchado las enseñanzas de Jesús y han presenciado sus
milagros. Están, pues, preparados para ser enviados a evangelizar. De este
envío nos habla el texto bíblico de hoy. Jesús los envía con una misión
determinada y les dio poder para llevarla cabo. También les indicó con detalle
cómo debían llevar a cabo su misión. Ante todo ligeros de equipaje. No han de
apoyarse en seguridades humanas. Los Doce salieron a predicar la conversión,
expulsaban demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. El
papa Francisco nos habla de una Iglesia en salida. También nosotros somos
enviados. Hemos de realizar la misión encomendada con espíritu de
servicio. También Jesús no vino a ser servido, sino a servir.
VIERNES, 6 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (6,14-29)
LA CABEZA DE JUAN, EL BAUTISTA
La fama de Jesús se
había extendido mucho. Herodes oyó hablar de él. La gente no tenía una
concepción uniforme acerca de la identidad de Jesús. Unos le confundían con
Elías. Otros decían que era un profeta como los antiguos. Otros, incluido
Herodes, sostenían que era Juan el Bautista que había resucitado. El
evangelista aprovecha esta opinión de la gente para relatar cómo Juan Bautista
fue decapitado por mandato de Herodes. Este había mandado prender a Juan y lo
había metido en la cárcel. El motivo era que Juan le decía a Herodes que no le
era lícito vivir con Herodías la mujer de su hermano, Filipo. La misma Herodías
aborrecía a Juan Bautista y deseaba acabar con él. Con motivo de un banquete
que Herodes ofreció a los magnates en su cumpleaños, la hija de Herodías danzó
y gustó mucho a Herodes. El rey dijo a la joven: "Pídeme lo que quieras,
que te lo doy. Y le juró: Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi
reino. Ella salió a preguntarle a su madre: ¿Qué le pido? La madre le contestó:
La cabeza de Juan, el Bautista. Entra ella
enseguida, a toda prisa, se acercó al rey y le pidió: Quiero que ahora mismo me
des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista. El rey se puso muy triste;
pero, por el juramento y los convidados no quiso desairarla. Enseguida le mandó
a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. Fue lo decapitó en la cárcel, trajo
la cabeza en una bandeja y se la entregó a la joven; la joven se la entregó a
su madre. Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y la
enterraron". Normalmente las danzas en los banquetes solían ejecutarlas
las mujeres públicas; sin embargo, en esta ocasión es explicable que la madre
hubiera tramado este plan para coger a Herodes en estado de embriaguez y
arrancarle la sentencia de muerte contra el odiado Bautista. De hecho el plan
de Herodías tuvo éxito. Juan el Bautista es un mártir de la verdad. A pesar de
que Herodes le apreciaba, sin embargo no se calló la verdad. Al contrario, le
dejó claro al rey que no le era lícito estar con la mujer de su hermano. He
aquí un profeta que, con toda claridad, denuncia una situación injusta. Esto le
costó la muerte. Fortalece, Señor Jesús, a quienes se ven probados en medio de
las dificultades, para que no cedan ante la tentación de la mentira.
SÁBADO, 7 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (6,30-34)
VENID VOSOTROS SOLOS A UN SITIO TRANQUILO A DESCANSAR UN
POCO
Los Doce regresan de su
misión. Se reúnen de nuevo con Jesús, "y le contaron todo lo que habían
hecho y enseñado. Él les dijo: Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a
descansar un poco. Porque eran tantos lo que iban y venían, que no encontraban
tiempo ni para comer. Se fueron en barca a un sitio tranquilo y apartado".
Los apóstoles vuelven gozosos de su misión. Su actividad parece tenido éxito.
Son muchos los que ahora acuden hacia ellos. Merecen un descanso, y Jesús se lo
concede complacido, llevándolos a un lugar solitario. El reposo de los
apóstoles, más que ambientado en un escenario geográfico concreto, es situado
junto a una persona. Es precisamente junto a Jesús donde deben recuperar
fuerzas y animarse, gozando de su intimidad. Esta instantánea de la vida
pública de Jesús nos muestra un camino a seguir cada uno de nosotros: Descansar
a sola con Jesús. Comentar con él los pasos que vamos dando en nuestra vida.
Nosotros vivimos en una sociedad que parece indicarnos que somos lo que hacemos
y que hemos de estar haciendo continuamente algo sin parar. Jesús cuida la
interioridad y el encuentro con las personas. ¡Cuánto bien haría en el seno de
las familias el compartir más horas en común, 'perder' tiempo juntos y curar la
red de relaciones! En este caso, sin embargo, no pudo ser el estar a solas con
Jesús, pues "muchos los vieron marcharse y los reconocieron; entonces de
todas las aldeas fueron corriendo por tierra a aquel sitio y se les
adelantaron. Al desembarcar, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos,
porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma".
Es curioso, el reposo de Jesús y los apóstoles consistirá en hacer reposar a
los otros, acogiendo a la gente que se asemeja a un rebaño sin pastor. El estar
a solas con el Señor nos renueva por dentro.
DOMINGO, 8 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (5,13-16)
VOSOTROS SOIS LA SAL DE LA TIERRA
Valiéndose de varias
imágenes o pequeñas parábolas, Jesús manifiesta la excelencia del apostolado.
Dirigiéndose a sus discípulos, dijo Jesús: "Vosotros
sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la
salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros
sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un
monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino
para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así
vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a
vuestro Padre que está en el cielo". Los discípulos han de ser para la
tierra y el mundo lo que la sal es en la vida cotidiana de los hombres. La sal
condimenta los alimentos, preserva de la corrupción, es figura de la sabiduría.
Jesús quiere que sus discípulos participen de su luz, que se dejen iluminar por
ella y que la transmitan a los demás. Hemos de vivir como hijos de la luz.
Ahora bien, no basta la predicación del mensaje evangélico, es necesario que
esta predicación vaya acompañada de las buenas obras. En efecto, los
anunciadores de la Buena Noticia han de presentarla de modo atractivo con el
ejemplo de una vida animada por la caridad. Así nos lo indica la primera
lectura de la Eucaristía (Is.58,7-10): "Parte tu pan con el hambriento,
hospeda a los pobres sin techo, viste al que ves desnudo, y no te cierres a tu
propia carne...". El profeta nos muestra el camino auténtico de cualquier
discípulo de Cristo. Por eso sigue diciendo: "Cuando destierres de ti la
opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el
hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las
tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía". La palabra del discípulo
será eficaz cuando va acompañada de una vida coherente y generosa con los más
necesitados. Desde esta perspectiva, tiene toda la razón el salmista cuando
afirma que el justo brilla en las tinieblas como una luz (Sal.111).
LUNES, 9 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (6,53-56)
LE LLEVABAN LOS ENFERMOS EN CAMILLAS
Al terminar la
travesía, Jesús y sus discípulos "tocaron tierra en Genesaret y atracaron.
Apenas desembarcaron, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la
comarca; cuando se enteraba la gente dónde estaba Jesús, le
llevaban los enfermos en camillas. En la aldea o pueblo o caserío donde
llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase
tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían
sanos". El viento parece estropear los planes de Jesús y sus discípulos,
obligándoles a modificar la ruta inicial. El objetivo previsto era llegar a
Betsaida, en la parte oriental del lago (cfr. Mc.6,45). El hecho es que,
después de una noche desembarcan, sin embargo, en Genesaret, es decir, en la
misma orilla de la que habían partido. El evangelista nos ofrece un resumen del
ministerio público. Al atracar, Jesús es reconocido por la gente. Se convierte
en el centro de atención. Una vez más actúa como el médico del cual brota una
fuerza eficaz de sanación. Es preciso destacar que el poder de Jesús no es el
de los taumaturgos y curanderos helenistas. Su fuerza procede de Dios; arranca
precisamente del misterio de su peculiar condición divina. Todos los enfermos
que le tocaban quedaban curados. Todos ellos necesitaban un encuentro con el
Sanador por excelencia. Señor Jesús, queremos, desde nuestro corazón,
acercarnos a ti, para sentir dentro de nosotros tu virtud sanadora. Solo en ti
podemos alcanzar la verdadera salud.
MARTES, 10 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,1-13)
ALGUNOS DISCÍPULOS
DE JESÚS COMÍAN SIN LAVARSE LAS MANOS
Un grupo de fariseos y escribas observan cómo algunos discípulos de Jesús
comían sin lavarse las manos. Con ello están transgrediendo una costumbre que
no estaba contenida como tal en la ley mosaica, sino que procedía de una
interpretación de los rabinos. A partir de esto, los fariseos y los escribas
preguntaron a Jesús: "¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no
siguen la tradición de los mayores? Él les contestó: Bien profetizó Isaías de
vosotros, hipócritas, como está escrito: Este pueblo me honra con los labios
pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la
doctrina que enseñan son preceptos humanos. Dejáis a un lado el mandamiento de
Dios para aferraros a la tradición de los hombres". Jesús responde a la
cuestión planteada por los fariseos y escribas, recordándoles el texto de
Is.29,13. Jesús sigue aquí la misma línea de muchos profetas que habían
denunciado el culto de Israel en ocasiones en que era puramente ritualista, y
sin contenido de buenas obras. A los escribas y fariseos les duele que Jesús
les eche en cara que su culto era externo, muy ritualista y vacío de verdadera
conversión y de comportamiento coherente. En una palabra, le faltaba corazón.
Esta Palabra nos compromete también a nosotros, discípulos de Jesús. Él nos
pide que demos culto al Padre en espíritu y en verdad. ¿Dónde está nuestro
corazón, al dar culto a Dios? ¿Nuestros labios son portadores de lo que está
presente en nuestro corazón? ¿Hay coherencia entre lo que decimos y lo que
pensamos en nuestro corazón? El Señor quiere que le honremos con el corazón y
con los labios. ¿De qué sirve honrar a Dios con los labios si después no se ama
al prójimo ni al mismo Dios? El ritualismo nos va alejando de Dios y de los
hermanos.
MIERCOLES, 11 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,14-23)
NADA QUE ENTRE DE FUERA PUEDE HACER AL HOMBRE IMPURO
Jesús sigue insistiendo en la interioridad de la verdadera religión.
Hemos de prestar atención a las advertencias de Jesús. Les dijo a los
discípulos: "Escuchad y entended todos: Nada que
entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo
que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír que oiga". Jesús
desea mostrarnos lo que de verdad mancha al hombre. Para ello reclama nuestra
atención. Él repite aquí la frase que suele añadir a las parábolas. Prestemos
atención a lo que dice a sus discípulos que le habían pedido una explicación de
la parábola. Les dijo: "¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No
comprendéis? ...Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos
propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias,
injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad.
Todas las maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro". Como buen
Maestro, Jesús apunta a la fuente de la vida moral y nos ofrece una ecología
del corazón. Hemos de cuidar con esmero nuestra interioridad. El Catecismo de
la Iglesia Católica, describe de este modo tan preciso el corazón humano:
"El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la
expresión semítica o bíblica: donde yo 'me adentro'). Es nuestro centro
escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el
Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo
más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí
donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a
imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la alianza" (n.2563).
Estas palabras del Catecismo reflejan la importancia decisiva del corazón en la
vida moral de una persona. ¡Cuidemos con esmero la salud moral de nuestro
corazón!
JUEVES, 12 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,24-30)
ANDA, VETE, QUE, POR ESO QUE HAS DICHO, EL DEMONIO HA
SALIDO DE TU HIJA
Jesús se halla en la
región de Tiro, en tierra de paganos. Se aloja en una casa, procurando pasar
desapercibido, pero no lo logró, pues "una mujer que tenía una hija
poseída por un espíritu impuro, se enteró enseguida, fue a buscarlo y se le
echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que
echase el demonio de su hija. Él le dijo: Deja que coman primero los hijos. No
está bien echarles a los perros el pan de los hijos. Pero ella replicó: Tienes
razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que
tiran los niños. Él le contestó: Anda, vete, que, por
eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija. Al llegar a casa, se
encontró a la niña echada en cama; el demonio se había marchado". Jesús
había llegado a aquel lugar con ánimo de encontrar soledad. Al entrar en una
casa pagana, incurría, según las leyes judías, en impureza legal. Jesús no
concede valor a estas leyes. Ahora bien, por más que quería pasar desapercibido
no lo logró, ya que su fama había pasado de Galilea a los gentiles limítrofes.
Aparece un rasgo común: tanto entre los judíos como entre los paganos, existen
personas que sufren enfermedades y que son atacadas por espíritus inmundos.
También entre los paganos existen personas que son propicias a abrazar la fe.
Tal es el caso de este mujer griega, de fenicia de Siria. Ella cree firmemente
que Jesús tiene poder para echar el demonio de su hija. En el diálogo con Jesús
no se rinde, hasta que Jesús accede a concederle lo que le pide. A través de su
testimonio queda claro que el mensaje y la participación en el banquete del
Reino es universal, sin exclusiones. Jesús rompe todas las barreras. Él es el
Salvador de todos. Hemos de aprender esta lección de Jesús, para no excluir a
nadie.
VIERNES, 13 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (7,31 37)
"TODO LO HA HECHO BIEN"
Jesús continúa
anunciando la buena nueva del Reino y curando a los enfermos . "Dejó el
territorio de Tiro y marchó de nuevo, por Sidón, hacia el lago de Galilea,
atravesando el territorio de la Decápolis". Una vez más, Jesús aparece
como un misionero ambulante, yendo de un lugar a otro. Él desea llegar a todos
los sitios. "Le llevaron un hombre que era sordo y apenas podía hablar y
le suplicaban que le impusiera la mano". Jesús accede a la petición de
curar al sordomudo. Pero lo hace de un modo muy especial: "Lo apartó de la
gente y, a solas con él, le metió los dedos en los oídos y le tocó la lengua
con saliva. Luego, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: Effatha
(que significa: ábrete). Y al momento se le abrieron sus oídos, se le
soltó la traba de la lengua y comenzó a hablar correctamente". Son varios
los gestos que Jesús realiza con el sordomudo. Le separa de la gente, para
curarle a solas. Le toca en los dos sentidos: le mete los dedos en el oído y le
toca la lengua con la saliva. Son gestos muy sencillos, pero significativos.
Luego, mirando al cielo y suspirando, pronuncia sobre el sordomudo una palabra
clave: 'Ábrete'. Al instante se le abrieron los dos sentidos. El modo de actuar
de Jesús, nos está recordando el carácter sacramental de los signos salvadores,
compuestos de hechos y palabras.
El
relato de la curación del sordomudo resalta cómo los paganos también son
llamados a participar en el banquete de la salvación que Jesús nos ofrece. ¿Qué
significa el signo del sordomudo? Representa la situación de una persona
paganizada: sorda respecto a Dios e incapaz de alabarlo. Sobre el sordomudo
recae el poder salvador de los gestos y las palabras de Jesús, que rompen la
sordera espiritual y sueltan la lengua para anunciar y alabar a Dios. Jesús les
mandó guardar silencio sobre lo que había realizado en el sordomudo, "pero
cuanto más insistía, más lo pregonaban. Y en el colmo de la admiración decían:
Todo lo ha hecho bien. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos". Esta
exclamación conclusiva de la gente, expresa el reconocimiento de Jesús como
aquel que, luchando sin descanso contra toda enfermedad y dolencia,
devuelve a la creación su esplendor original e inaugura el tiempo de salvación
anunciado por los profetas. Jesús es realmente el Salvador que restaura por
dentro la realidad creada. Por eso, la gente admirada decía que todo lo hizo
bien. Capacita a las personas para escuchar la Palabra, limpiando sus oídos.
Éste es el primer paso para ser un auténtico misionero.
SÁBADO, 14 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas (10,1-9)
SANTOS HERMANOS
CIRILO Y METODIO.
En aquel tiempo, "designó el Señor otros setenta y
dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde
pensaba ir él. Y les decía: La mies es abundante y los obreros pocos; rogad,
pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino! Mirad
que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni
sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. Cuando entréis en
una casa, decid primero: Paz a esta casa. Y, si allí hay gente de paz,
descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la
misma casa , comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su
salario. No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben
bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y decid: Está cerca
de vosotros el Reino de Dios". Hoy celebramos la fiesta de los hermanos San
Cirilo (monje) y San Metodio (obispo), patronos de Europa. En el Evangelio de
hoy se recoge una exhortación de Jesús dirigida a un grupo numeroso de
discípulos a los que envía para que colaboren con él en la tarea del anuncio
del Reino de Dios. Para nosotros, las palabras de Jesús constituyen una especie
de carta fundacional en la que hemos de inspirarnos en la tarea evangelizadora.
Hoy día, frente a la inmensidad y
urgencia de la misión es necesario ponerse en camino. Como dice el Papa
Francisco, en este octubre misionero, el bautismo lleva consigo la misión.
¿Cómo llevar a cabo la misión? Conviene advertir que el éxito de la misión
dependerá no solo del trabajo de los discípulos, sino también de una súplica
perseverante al dueño de la mies. Como nos recuerda el papa emérito Benedicto
XVI, "La Iglesia no está ahí para ella misma, sino para la
humanidad". El papa Francisco habla con frecuencia de la Iglesia en
salida. Hemos de salir ligeros de equipaje. ¿Qué tenemos que hacer y anunciar?
'Cuando entréis en un pueblo, curad a los enfermos que haya y decid: Está cerca
de vosotros el Reino de Dios'. Se trata, por tanto, de prolongar en la historia
la misma misión de Jesús. Esto hicieron en su época los santos hermanos Cirilo
y Metodio. Nos encomendamos a ellos en la Europa actual tan descristianizada.
DOMINGO, 15 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (5,17-37)
EL NO VINO A DESTRUIR LA LEY, SINO A DARLE PLENITUD
Hoy es domingo, el día
del Señor. La Palabra de Dios nos invita a caminar según la voluntad del Señor.
En la primera lectura (Eclo. 15,15-20), se nos dice al respecto: "Si
quieres, guardarás los mandatos del Señor, de ti depende el permanecer fiel. Fuego
y agua he puesto ante ti, alarga tu mano a lo que quieras. Ante el hombre están
vida y muerte; lo que él quiera se le dará. Porque grande es la sabiduría del
Señor, fuerte es su poder y lo ve todo. Sus ojos miran a los que lo temen, él
conoce las acciones de los hombres. A ninguno obligó a ser impío, a ninguno ha
dado permiso para pecar". La literatura sapiencial muestra, en general, un
interés especial por el origen del mal. En este texto del Eclesiástico queda
claro que la persona humana puede elegir de modo consciente entre lo bueno y lo
malo. El hombre ha sido creado libre, por eso es responsable de lo que hace.
Dios conoce todo; no se le oculta nada. Todo está bajo su mirada. Nuestra vida
en la tierra supone una oportunidad: decidirnos por la vida o por la muerte. El
salmista (Sal. 118) confiesa que son dichosos los que caminan en la voluntad
del Señor. Desde su propia experiencia, exclama: "Te daré gracias de
corazón, instruido por tus justas decisiones. Quiero observar tus normas. ¡No
me abandones nunca!". En el Evangelio de hoy( Mt.5,17-37), Jesús establece
la relación que existe entre la ley mosaica y su mensaje. El no vino a destruir la ley, sino a darle plenitud.
Tal plenitud reside en el Amor. Así por ejemplo, en las relaciones fraternas,
el precepto 'no matarás' no se refiere solo a la muerte física. Existen formas
más sutiles de matar: la tensión del enfrentamiento, el insulto, la
descalificación...van matando poco a poco al hermano. Algo parecido sucede en
el caso del adulterio, del juramento y de las palabras veraces. Señor Jesús,
muéstranos tu voluntad, para seguirla desde nuestro corazón.
LUNES, 16 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (8,11-13)
¿POR QUÉ ESTA GENERACIÓN RECLAMA UN SIGNO?
Los fariseos no aceptan
el mensaje de Jesús. Discuten con él y "para ponerlo a prueba, le pidieron
un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo:
¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un
signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra
orilla". No hay peor sordo que el que no quiere oír; ni existe un ciego
peor que el que no quiere ver. Algo parecido les pasaba a los fariseos. Oían la
predicación de Jesús y veían sus milagros, pero no le creían. Ellos le piden un
signo del cielo. Se trata de un signo milagroso obrado directamente por Dios,
al estilo del maná o del sol detenido por Josué en Gabaón (cfr. Jn.6,30-31).
Los fariseos pedían tal signo para tentar a Jesús. No esperaban que tuviera
lugar tal signo, sino que buscaban comprometer a Jesús ante el pueblo al no
darse en favor de él ningún testimonio del cielo. También se puede entender la
tentación al estilo de la tentación de Satanás en el desierto, que le induce a
signos redundantes solo en provecho propio de Jesús. De modo radical, Jesús no
accede a tal propuesta, dada la disposición del todo perversa de los fariseos.
Hay que advertir que la repulsa no solamente va dirigida a los fariseos, sino
también a la generación incrédula influenciada por ellos. Termina el
evangelista diciéndonos que Jesús pasó de nuevo al otro lado del lago y ya no
vuelve a la región de Galilea. Señor Jesús, danos la gracia de estar abiertos
al Evangelio que nos dejaste. Esto nos basta. Auméntanos la fe en ti y en tu
obra salvadora.
MARTES, 17 DE FEBRERO DE 2026. San Marcos (8,14-21)
¿Y NO ACABÁIS DE
ENTENDER?
En aquel tiempo, "a los discípulos se les olvidó llevar pan, y no
tenían más que un pan en la barca. Jesús les recomendó: Tened cuidado con la
levadura de los fariseos y con la de Herodes. Ellos comentaban: Lo dice porque
no tenemos pan. Dándose cuenta, les dijo Jesús: ¿Por qué comentáis que no
tenéis pan? ¿No acabáis de entender? ¿Tan torpes sois? ¿Para qué os sirven los
ojos si no veis, y los oídos si no oís? A ver, ¿cuántos cestos de sobras
recogisteis cuando repartí cinco panes entre cinco mil? ¿Os acordáis? Ellos
contestaron: Doce. ¿Y cuántas canastas de sobras recogisteis cuando repartí
siete entre cuatro mil? Le respondieron: Siete. Él les dijo: ¿Y no acabáis de
entender?". Los discípulos aparecen preocupados por haberse olvidado de
proveerse de pan. Marcos elabora una doble tipología de actitud
anti-Reino, representada por los fariseos y que también simboliza Herodes. Dos
actitudes que pueden echar a perder el pan de la fe, que pueden obstaculizar el
proceso del discipulado. Al evangelista le gusta resaltar la dureza para
entender de los discípulos. En efecto, la persona, incluso cuando ha dado ya
los primeros pasos en el seguimiento de Jesús -es el caso de los discípulos- se
encuentra con dificultades para cambiar de mentalidad, comprender y entender.
El Evangelio conlleva siempre riesgo e intemperie. Los discípulos para superar
estas crisis necesitan acudir a los 'recuerdos salvadores'. También nosotros
tendremos que recordar el tiempo en que gozamos de un contacto consolador con
el Señor. El camino del seguimiento de Jesús tiene distintas etapas, cada cual
con sus connotaciones especiales. En las crisis siempre es oportuno acudir a la
memoria, para revivir los momentos más positivos.
MIERCOLES, 18 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (6,1-6.16-18)
MIÉRCOLES DE CENIZA.
Hoy es miércoles de ceniza. En este día
comienza oficialmente el tiempo de Cuaresma. Entramos, pues, en el tiempo de
purificación e iluminación de los cristianos camino de la Pascua del Señor. La
Iglesia nos ofrece este tiempo como una oportunidad para pedir con insistencia
el don de la conversión. De ello nos hablan con claridad las lecturas de este
día. El Señor, por medio del profeta Joel (Jl.2,12-18) nos dice:
"Convertíos a mí de todo corazón". La llamada a la conversión tiene
sentido, pues le pecado está presente en nuestra vida y hemos de pedir perdón a
Dios, que es compasivo y misericordioso. El salmista ( Sal.50) reconoce, por un
lado su pecado y, por otro, confía del todo en la bondad y en la inmensa
misericordia Dios. En la segunda lectura, el Apóstol San Pablo (IICor.5,20-6,2)
nos urge a "no echar en saco roto la gracia de Dios". Nos lo
recuerda, "porque ahora es el tiempo de la gracia; ahora es el día de la
salvación". Así debe ser el tiempo de la Cuaresma para cada uno de
nosotros. El Evangelio (Mt. 6,1-6.16-18) de hoy nos recuerda tres pilares sobre
los que debe asentarse nuestra vivencia cuaresmal: La limosna, la oración y el
ayuno. La ascética cristiana ha de ser practicada discretamente y no aireada a
los cuatro vientos. No importa la mirada de los hombres; lo que vale de verdad
es realizar las prácticas cuaresmales con la clara intención de agradar a Dios
y servir a los hermanos. Danos, Señor Jesús, el don de la conversión al amor a
Dios ya los hermanos.
JUEVES, 19 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas (9,22-25):
EL QUE QUIERA
SEGUIRME CARGUE CON SU CRUZ CADA DÍA Y SE VENGA CONMIGO
En este jueves después de ceniza, la Palabra nos llama a la puerta de
nuestra libertad. La primera lectura (Dt.30,15-20) nos dice: "Hoy pongo
delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal". Nuestra vida
concreta está siempre ante una encrucijada ante la que es necesario decidirnos.
Se nos abren dos caminos: el de la felicidad y la vida y el de la desdicha y la
muerte. La fidelidad a la alianza nos exige optar por el camino de la vida y
del bien. Los mandamientos nos ofrecen una senda de liberación y de servicio a
los demás. Este debe ser nuestro camino. El salmista (Sal.1,1-2.3.4-6) nos
muestra su convencimiento: Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el
Señor. En el Evangelio (Lc.9,22-25) Jesús, después de anunciar su pasión, su
muerte y su resurrección, se dirige a todos con estas palabras: "El que quiera seguirme que se niegue a sí mismo, cargue
con su cruz cada día y se venga conmigo. Pues el que quiera salvar su vida,
la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará. ¿De qué le
sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se perjudica a sí
mismo?". En un mundo de tanta indiferencia religiosa, los creyentes
comprendemos más fácilmente que el triunfalismo es el polo opuesto de todo
proceso de evangelización. Jesús nos señala el camino auténtico que nos lleva a
la vida verdadera: la senda de la cruz. El mismo Jesús lo recorrió; Él ha sido
capaz de perder la vida para la ganarla. Entregó libremente su vida por todos
nosotros. Señor Jesús, que no nos escandalicemos de la cruz, pues es el camino
que nos libera de nuestro egoísmo y nos lleva a la entrega más generosa.
VIERNES, 20 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (9,14-15)
LLEGARÁ UN DÍA EN QUE SE LLEVEN AL NOVIO Y ENTONCES
AYUNARÁN
En este viernes después
de ceniza, la Palabra nos habla del verdadero ayuno, el que realmente agrada a
Dios. El profeta Isaías (Is.58,1-9) denuncia con claridad el falso ayuno que
practica el pueblo de Israel. Les dice: "Mirad: el día de ayuno buscáis
vuestro interés y apremiáis a vuestros servidores. Mirad: ayunáis entre riñas y
disputas, dando puñetazos sin piedad". Este modo de ayunar desagrada al
Señor. ¿Cuál es el ayuno que Dios quiere? También nos lo dice el profeta:
"Abrir las prisiones, hacer saltar los cerrojos de los cepos, dejar libres
a los oprimidos, romper todos los cepos; partir tu pan con el hambriento,
hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo, y no cerrarte a tu
propia carne". El ayuno y los ritos sagrados sin la práctica de la
justicia son culto de nosotros mismos. Sólo el ayuno que va acompañado de
caridad auténtica con los más necesitados es el culto que agrada al Señor y que
nos purifica por dentro. Por eso como el salmista (Sal.50,3-4.5-6.18-19)
decimos confiados al Señor: "Un corazón quebrantado y humillado, tú no lo
desprecias". Desde la humildad reconocemos que todos necesitamos
convertirnos, pues el pecado está presente en nuestra vida. En su infinita
bondad Dios nos acoge y nos perdona. También el Evangelio de hoy nos habla del
ayuno. Jesús responde a la pregunta de los discípulos de Juan Bautista con
estas palabras: "¿Es que pueden guardar luto los amigos del novio mientras
el novio está con ellos? Llegará un día en que se
lleven al novio y entonces ayunarán". Hay que reconocer que el ayuno y
todas las demás prácticas ascéticas no tienen sentido por sí mismas, sino en
función de otro bien mayor. Son medios que nos deben llevar a una práctica más
generosa del amor a Dios y a los hermanos más pobres.
SÁBADO, 21 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas (5,27-32)
LA VOCACIÓN DE LEVÍ
El libro de Isaías (Is. 58,9-14) nos sigue mostrando cuál debe ser
nuestro comportamiento con el prójimo y cómo Dios quiere que le demos culto.
Las dos realidades están íntimamente unidas entre sí. Si realmente practicamos
la justicia con el oprimido y somos generosos con el necesitado, brillará
nuestra luz en las tinieblas, nuestra oscuridad se volverá mediodía. Seremos
una luz de Dios en medio del mundo. Por otro lado, el Señor quiere que en su
día descansemos y se lo dediquemos a Él que es la fuente de todo bien. Desde la
humildad y la confianza el salmista (Sal.85,1-2.3-4.5-6) se dirige a Dios con
estas palabras: Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad. Sabiendo
de nuestra debilidad, ésta puede ser también nuestra súplica. El Evangelio
(Lc.5, 27-32) de hoy nos narra la vocación de Leví.
Jesús le ve sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: "Sígueme. Él,
dejándolo todo, se levantó y lo siguió". Jesús llama a quien quiere,
cuándo quiere y cómo quiere. En este caso llama a un publicano, que, después de
ser llamado, invita a Jesús a un banquete en su casa. Con ellos a la mesa
estaban muchos publicanos y otros. Esto no es del agrado de los fariseos y de
los escribas que, dirigiéndose a los discípulos de Jesús, dijeron: "¿Cómo
es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Jesús les replicó: No
necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los
justos, sino a los pecadores a que se conviertan". Jesús abre la puerta de
la conversión a todos. Él vino al mundo, para que tengamos vida y la tengamos
en abundancia. En esta Cuaresma hemos de abrir nuestra casa al Señor Jesús y
sentarnos con Él a la mesa. Este es el camino de la conversión.
DOMINGO, 22 DE FEBRERO 2026. San Mateo (4,1-11):
LAS TENTACIONES DE
JESÚS
Celebramos el primer domingo de Cuaresma. La primera lectura de la
Eucaristía de hoy (Gén.2,7-9;3,1-7) nos introduce en la historia de la
salvación, al narrarnos el primer pecado del hombre, cediendo ante el tentador.
De este modo, la armonía que brota de la creación se ve truncada por el pecado
original, bajo la seducción de Satanás. Como respuesta a esta primera lectura
nos encontramos con el Salmo 50. Con él nos dirigimos a Dios, rezando:
"Misericordia, Señor, hemos pecado". Reconocemos ante el Señor que
somos pecadores y, confiando en su misericordia, le pedimos que nos perdone.
Todos los años, en el primer domingo de Cuaresma leemos uno de los relatos de
las tentaciones de Jesús. En este ciclo A nos corresponde Mateo 4,1-11. Jesús
fue llevado al desierto para ser tentado por el Espíritu. Después de un ayuno
de cuarenta días, sintió hambre: "El tentador se le acercó y le dijo: Si
eres Hijo Dios...". El Evangelio nos muestra a Jesús ofreciendo plena
resistencia al tentador que le presentaba un camino fácil. Jesús se mantiene
fiel a la voluntad del Padre hasta el final de su vida histórica. Estas
tentaciones que sufre Jesús son las del pueblo de Israel y de la Iglesia. El
remedio contra las tentaciones es: la Palabra de Dios, la fidelidad a los
mandamientos y adorar solo a Dios. En la segunda lectura (Rom. 5,12-19) el
Apóstol, San Pablo, nos presenta a Cristo como el segundo Adán, cabeza de la
humanidad. Cristo, rechazando las tentaciones y siguiendo con fidelidad la
senda que el Padre le había señalado, se convierte en el Salvador de todo el
género humano. Como dice el Apóstol, "si por la desobediencia de uno todos
se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán
en justos". Como se nos recordaba en la oración colecta de esta
Eucaristía, "que las celebraciones y penitencias cuaresmales nos lleven a
la verdadera conversión"; y de este modo "conoceremos y viviremos con
mayor plenitud el misterio de Cristo".
LUNES, 23 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (25,31-46)
CADA VEZ QUE LO HICISTEIS CON UNO DE ESTOS, CONMIGO LO
HICISTEIS
La Palabra de Dios en
el tiempo de Cuaresma es muy incisiva. El mismo salmista (Sal.18,8.9.10.15)
reconoce que la Palabra de Dios es espíritu y vida. Es una palabra límpida y
que da luz a los ojos. Alegra el corazón y es descanso del alma. La primera
lectura tomada del libro del Levítico (Lev.19,1-2.11-18) comienza haciéndonos
una llamada a la santidad: "Seréis santos, porque yo, el Señor vuestro
Dios, soy santo". Es una llamada universal a la santidad. Para responder
con sentido a esta llamada, es necesario seguir la senda de los mandamientos de
Dios. El decálogo nos libera de toda esclavitud, nos orienta en nuestra
relación con Dios y nos muestra el camino para vivir con autenticidad nuestra
relación con los demás, con nosotros mismos y con toda la creación. San Mateo
(Mt. 25,31-46) nos ofrece hoy el relato del juicio final. En este relato queda
muy patente que al atardecer de nuestra vida Dios nos examinará del amor. Nos
dice Jesús: "Os aseguro que cada vez que lo
hicisteis con uno de estos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis".
Cualquier detalle de ayuda, de acogida y de generosidad que hayamos tenido con
nuestro prójimo, Jesús lo considera como hecho con él. La asignatura
fundamental en el último examen será el amor al prójimo. Nuestros días en este
mundo representan la oportunidad de ir respondiendo a esta pregunta definitiva
con prontitud y con lo mejor de nosotros mismos. Señor Jesús, que sepamos descubrirte
en el hambriento, en el sediento, en los enfermos y en los privados de
libertad, porque en ellos tú estás sufriendo.
MARTES, 24 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (6,7-15)
"VOSOTROS REZAD ASÍ: PADRE NUESTRO DEL
CIELO...".
La Palabra de Dios es
viva y eficaz. El profeta Isaías (Is.55,10-11) nos lo hace ver con estas
palabras: "Como bajan la lluvia y la nieve del cielo y no vuelven allá,
sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que
dé semilla al sembrador y pan al que come; así será mi palabra que sale de mi
boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi
encargo". Realidades tan elementales como la lluvia y la nieve que
fertilizan la tierra, para dé fruto, sirven al profeta para hacer sentir al
pueblo, falto de esperanza en el destierro, que la Palabra de Dios posee una
fuerza creadora extraordinaria. De este modo, el Señor desea que su pueblo
renueve su esperanza y vuelva al camino de la alianza. El salmista (Sal.33,4-5.6-7.16-17.18-19)
nos recuerda esta experiencia tan humana y tan consoladora a la vez: "Si
el afligido invoca al Señor, él lo escucha y lo salva de sus angustias".
Nuestra oración ha de estar animada por una confianza total en Dios nuestro
Padre. Así nos lo enseñó el Señor Jesús Mt.6,7-15), al decirles a sus
discípulos: "Vosotros rezad así: Padre nuestro del
cielo...". El evangelista recoge de labios de Jesús la oración del
Padre nuestro. Una oración que encierra en sí todo el Evangelio. Es la oración
que todos los días nos prepara para recibir al Señor en la Comunión. En esta
oración nos dirigimos a Dios como nuestro Padre. ¡Cuántas veces rezamos al día
el Padrenuestro! Lo hemos aprendido de pequeños de labios de nuestros padres.
Padre nuestro, que descubramos tu presencia en nuestra vida y respondamos a tu
bondad con el perdón que surge porque Tú nos has perdonado primero.
MIERCOLES,
25 DE FEBRERO DE 2026. San Lucas
(11,29-32)
LO MISMO SERÁ EL HIJO DEL HOMBRE PARA ESTA GENERACIÓN
El profeta Jonás recibe la palabra
del Señor, a fin de que vaya a la ciudad de Nínive y predique allí la
conversión (Jon 3,1-10). En esta ocasión, el profeta obedece y se traslada a
Nínive y predica allí la palabra del Señor. Les anuncia la próxima destrucción
de Nínive. La gente oye la palabra del profeta, cree en Dios y proclama un
ayuno, confiando en que Dios se apiadará de ellos y no perecerán. "Cuando
vio Dios sus obras y cómo se convertían de su mala vida, tuvo piedad de su
pueblo el Señor Dios nuestro". Como reconoce el salmista (Sal.
50,3-4.12-13.18-19) Dios nunca desprecia un corazón quebrantado y humillado. La
Cuaresma es un tiempo oportuno para reafirmarnos en la conversión. Todos
necesitamos convertirnos. En el Evangelio (Lc.11,29-32) Jesús se lamenta de
aquella generación incrédula, que pide un signo para acceder a la fe en Él.
Jesús replica que nos se le dará más signo que el signo de Jonás. "Como
Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del
Hombre para esta generación". Los contemporáneos de Jesús de Nazaret le
exigían, como prueba de su misión, la realización de un 'show' deslumbrante.
Como era de esperar, Jesús se resiste a ello y apela únicamente al 'signo de
Jonás'. ¿De qué signo está realmente hablando Jesús? Del signo de su propia resurrección.
Jesús al tercer día resucitó de entre los muertos. Para aceptar este signo es
necesaria la fe. Esta conlleva la escucha atenta de la Palabra y vivir según
dicha Palabra. En una palabra, creer en el Evangelio.
JUEVES, 26 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (7,7-12)
PEDID Y SE OS DARÁ, BUSCAD Y
ENCONTRARÉIS, LLAMAD Y SE OS ABRIRÁ
La Palabra de Dios que proclamamos hoy en el Eucaristía nos recuerda la
eficacia de la oración de petición. En el libro de Ester (Est.14,1.3-5.12-14)
se recoge la oración de la reina Ester. En ella aparece muy destacada la
actuación del único Dios verdadero en la historia de la salvación. La historia
es entendida como proceso que se decide en el diálogo Dios-pueblo, Dios hombre.
Desde esta perspectiva, la oración es confesión y conversión. La reina Ester se
presenta como una persona creyente que reconoce por un lado la providencia
divina que actúa en favor del hombre y por otro, el pecado del pueblo, por eso
ella y su pueblo están ante un peligro inminente de ser exterminados. Ester
sigue confiando en Dios y pide la liberación de su pueblo. De este modo, con la
ayuda de Dios, una mujer sola libra a su pueblo. El salmista (Sal. 137,1-3.7-8)
manifiesta, desde su propia experiencia, que Dios escucha nuestra oración con
estas palabras: "Cuando te invoqué, me escuchaste, acreciste el valor en
mi alma". El Evangelio (Mt. 7,7-12) insiste también en la oración de
petición. Jesús dijo a sus discípulos: "Pedid y se
os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide
recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre". Con claridad
Jesús aconseja a sus discípulos la oración de petición. Contamos siempre con la
inagotable generosidad del Padre del cielo. El verdadero creyente en esta
oración está dispuesto siempre a seguir la voluntad de Dios. Este actúa en
nosotros a través de la oración y ablanda nuestro corazón, por eso nos pide:
"Tratad a los demás como queréis que ellos os traten".
VIERNES,
27 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo
(5,20-26)
VETE PRIMERO A RECONCILIARTE CON TU HERMANO
Los profetas, como portavoces
de Dios, van educando al pueblo en el camino de la Alianza. En este sentido, en
la primera lectura de la Eucaristía de hoy, el profeta Ezequiel "(Ez.
18,21-28) frente al colectivismo típico, presente en el pueblo de Israel que
está en el exilio, habla de la responsabilidad personal. Cada persona concreta
vive una relación personal con Dios; cada cual es responsable ante Dios y ante
los demás de sus propios actos. Lo que Dios quiere es que el pecador se convierta.
Dios no quiere la muerte del malvado, sino que se convierta de su camino y que
viva. Como dice el salmista (Sal 129,1-4. 6-8), el Señor redimirá a Israel de
todos sus delitos. Del Señor procede el perdón; hemos de poner en Él nuestra
esperanza, más que el centinela en la aurora. Jesús quiere ante todo la
reconciliación entre los hermanos. Esto es lo fundamental. Por tanto, como dice
Jesús, "si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí
mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el
altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano,
y entonces vuelve a presentar tu ofrenda". El tiempo de Cuaresma es el
tiempo oportuno para la reconciliación con Dios, con nosotros mismos, con los
demás y con toda la creación. El Evangelio de hoy se fija de un modo especial
en la reconciliación con nuestros hermanos, con las personas con las que
rozamos diariamente. Infunde, Señor Jesús, en nosotros tu Espíritu de humildad,
para que estemos prontos a tender la mano del perdón a los hermanos. Así
estaremos en la mejor disposición de presentar la ofrenda ante tu altar.
SÁBADO,
28 DE FEBRERO DE 2026. San Mateo (5,43-48)
"SED,
PERFECTOS, COMO VUESTRO PADRE..."
Moisés recuerda una vez más al pueblo de Israel que
debe mantenerse fiel a la Alianza. Para ello es imprescindible que guarde y que
cumpla con todo el corazón y con toda el alma los Mandamientos Dt.26,16-19). Si
así sucede, entonces el Señor es el Dios de Israel e Israel es el pueblo del
Señor. Por parte del Señor la fidelidad a la Alianza está garantizada. Es el
pueblo de Israel el que está llamado permanentemente a la fidelidad. El
salmista (Sal. 118,1-2. 4-5. 7-8) reconoce al respecto: "Dichoso el que, con
vida intachable, camina en la voluntad del Señor". Además se compromete de
este modo: "Te alabaré con sincero corazón; cuando aprenda tus justos
mandamientos, quiero guardar tus leyes exactamente, tú no me abandones".
En la liturgia de Cuaresma la llamada a la fidelidad a la Alianza nueva y
definitiva en Cristo es permanente. En el Evangelio de hoy (Mt.5,43-48), Jesús,
como un nuevo Moisés, se dirige a sus discípulos para decirles que deben estar
siempre dispuestos a perdonar y a reconciliarse. El mandato primordial es el amor sin fronteras a todos. Vivir, apoyados en la
gracia de Dios, el camino del amor sin fronteras, es lo que nos pide el Señor
Jesús a que queremos ser sus discípulos. Este es el 'ejercicio espiritual' que
nos lleva a vivir con gozo la llamada a la santidad: "Sed perfectos, como
vuestro Padre celestial es perfecto". Para recorrer la senda que lleva a
la santidad, urge ensanchar nuestro corazón egoísta y excluyente.

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