"EL QUE
ACEPTA MIS MANDAMIENTOS Y LOS GUARDA..."
Después de hablar de la comunidad en general, Jesús se refiere
ahora a cada miembro con estas palabras: "El que acepta mis mandamientos y
los guarda, ese me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré
y me revelaré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha sucedido
para que te reveles a nosotros y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: El que
me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos
morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras". En su
conversación con sus discípulos, pasa Jesús al singular, a la relación que el
Padre y él establecen con cada miembro de la comunidad. Jesús no uniforma, sino
diferencia. Su comunidad no es gregaria. Por eso el principio que enuncia se
aplica a cada individuo, y cada uno es responsable de su práctica. Quien guarda
el mensaje de Jesús responde a su amor, acogiéndolo, y su amor es su presencia
y la del Padre. Esta presencia se experimenta como una cercanía. El Padre y
Jesús, que son uno, establecerán su morada en el discípulo. Vivirán juntos en
la intimidad de la nueva familia. El Padre y Jesús responden a la fidelidad de
cada discípulo dándole la experiencia de su compañía; esto se expresa con la
imagen venir y quedarse a vivir con él. Jesús, como en otras ocasiones,
identifica su mensaje con el del Padre. Cumplir este mensaje representa, en
síntesis, la comunión con Dios y la práctica de la caridad con el prójimo.
MARTES,
5 DE MAYO DE 2026. San Juan (14,27-31a)
"LA PAZ OS DEJO, MI PAZ OS DOY"
Jesús continúa con sus palabras
de despedida. Dijo a sus discípulos: "La paz os dejo, mi paz os doy; no os
la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se
acobarde". Jesús se despide deseándoles la paz. Su paz no queda reducida a
un simple saludo. Tiene otra calidad. Es la paz que brota de las
bienaventuranzas y que nos compromete en la edificación de una tierra nueva y
reconciliada. Las despedidas provocan tristeza. Jesús trata de animar, de dar
serenidad a sus discípulos. Jesús cita sus palabras anteriores: "Me habéis
oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de
que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes
de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo. Ya no hablaré mucho con
vosotros, pues se acerca el Príncipe del mundo, no es que él tenga poder sobre
mí, pero es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que
el Padre me manda yo lo hago". La ausencia de Jesús no es definitiva, ni
siquiera prolongada. Ir al Padre, aunque sea a través de la muerte, no es una
tragedia, puesto que su muerte va a ser la manifestación suprema del amor del
Padre, la victoria sobre el mundo y la muerte. Jesús, que había predicho la
traición para que sus discípulos comprendieran más tarde la magnitud de su amor
y se confirmaran en que él era el Mesías, repite ahora la frase a propósito de
su promesa de volver. La marcha de Jesús es inminente, la estancia con los
suyos toca a su fin. Jesús no está en absoluto sometido al poder del Príncipe
del mundo. La muerte de Jesús debe convencer a todos de la autenticidad de su
mensaje y de su fidelidad al que le envió. Jesús nos ha dejado el regalo de la
paz. El beato Juan XXIII pedía al Señor: "Destierra de nuestros corazones
cualquier cosa que pueda poner en peligro la paz, ilumina a nuestros
gobernantes para que puedan garantizar y defender el gran don de la paz".
MIERCOLES,
6 DE MAYO DE 2026. San Juan (15,1-8)
YO SOY LA VERDADERA
VID
En aquel tiempo, "dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy la verdadera
vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo
arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya
estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en
vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí si no permanece en la
vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los
sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque
sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el
sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden. Si
permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis,
y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante;
así seréis discípulos míos". La alegoría de la vid resulta familiar a los
discípulos. Además, la imagen de la viña la leían y comentaban en los libros
proféticos. Tal imagen evoca la unión de la vid con los sarmientos y la
fecundidad. Todo sarmiento unido a Jesús tiene que estar vivo, lozano y pujante
para dar fruto y no defraudar las esperanzas del Viñador. Los discípulos solo
podrán producir frutos en la medida de su unión vital con Jesús. El día en que
no fluya por ellos la savia, morirán por falta de jugo vital. Sin Jesús no
podemos hacer nada. El evangelista utiliza mucho el verbo permanecer, para
describir la relación entre Jesús y los discípulos. El don precede siempre a la
acción. El peligro de no permanecer vitalmente unidos a Jesús está realmente
presente. Al final del texto vuelve a aparecer la figura del Padre, con que
Jesús abre y cierra la alegoría. La unidad del amor, que surge de la fe en
Jesús, se traduce en la inmanencia mutua entre Jesús y el Padre y entre Jesús y
sus discípulos. Esta comunión de amor no es algo estático, sino dinámico. Lo
mismo que lleva a Jesús a buscar, mediante el cumplimiento de su misión, la
gloria del Padre, esa comunión del discípulo con Jesús le llevará a actuar de
modo fecundo y buscar que el Padre sea glorificado. Señor Jesús, si
permanecemos unidos a ti, daremos fruto abundante."PERMANECED EN MÍ"
JUEVES,
7 DE MAYO DE 2026. San Juan
(15,9-11)
"...Y VUESTRA ALEGRÍA LLEGUE A PLENITUD"
Jesús continúa con su discurso
de despedida. Les dice a sus discípulos: "Como el Padre me ha amado, así
os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos,
permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi
Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté
en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud". El Padre mostró su amor
a Jesús con la comunicación del Espíritu, que es la comunicación del amor fiel.
Jesús pide encarecidamente a sus discípulos que permanezcan en su amor. Jesús
pone en paralelo la relación de los discípulos con él y la suya con el Padre.
Cumplir los mandamientos equivale a mantenerse en su amor. Vuelve a insistir en
la necesidad de la praxis como criterio de la unión con él. Por primera vez
aparece en la cena el tema de la alegría de Jesús de la que participan sus
discípulos. La razón de nuestra alegría es el amor hasta el extremo que Jesús
ha manifestado por nosotros. No hay amor más grande. La fidelidad, la
reciprocidad, el permanecer conectados como el sarmiento a la vid es la
respuesta que podemos dar. Solo podemos conocer la verdadera alegría por la
manifestación que Jesús nos hace de su amor. Como decía san Damián de Molokai:
"No tengan la menor inquietud por mí, pues cuando se sirve a Dios se es
siempre feliz".
VIERNES,
8 DE MAYO DE 2026. San Juan (15,12-17)
"A VOSOTROS OS LLAMO AMIGOS"
En el Evangelio de hoy se nos
habla del mandamiento nuevo y de la amistad con Jesús. Jesús dice a sus
discípulos: "Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os
he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos,
porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos,
porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer". El
mandamiento que constituye la comunidad de Jesús y le da su identidad es el
amor. El amor con que nos amó Jesús. Explica Jesús su adhesión a él en términos
de amistad. Esta nace de la comunión con Jesús y de la común vivencia en la
entrega a los demás. Jesús declaraba ser el maestro y el señor, pero de modo
nuevo. En el lavado de los pies se había hecho el primero en la tarea del
servicio más humilde. Desde esta perspectiva, Jesús les llama amigos, más
tarde los llamará también hermanos (Jn.20,17). El grupo de amigos de Jesús vive
en su compañía, en comunicación y confianza. La diferencia entre el siervo y el
amigo se basa en la ausencia o realidad de la confianza. Jesús define, pues, la
amistad por dos rasgos: la confianza plena y la prontitud para dar la vida.
Jesús ha tomado la iniciativa para elegirnos. Nos ha enviado para que demos
fruto abundante y duradero, contando con el apoyo del Padre. Todo esto es
posible si nos amamos los unos a los otros.
SÁBADO,
9 DE MAYO DE 2026. San Juan (15,18-21):
"NO ES EL SIERVO MÁS QUE SU AMO"
Llevar a cabo el mensaje de
Jesús conlleva una vida arriesgada y a veces la persecución. Así se lo
recuerda Jesús a sus discípulos: "Si el mundo os odia, sabed que me ha
odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como
cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he elegido sacándoos del
mundo, por eso el mundo os odia". Jesús habla de la inevitabilidad del
odio, por la ruptura de los discípulos con los valores del mundo. Se aprecia
que la comunidad sufre persecución, y el evangelista le recuerda, por boca de
Jesús, que esta es la continuidad inevitable de lo sucedido con Jesús. El favor
o la desgracia ante 'el mundo' depende de la aceptación o no de sus valores.
'El mundo' exige que los individuos se integren en él, acomodándose a sus
principios y no dándose por enterados de su injusticia. Da muestras de su
amistad a los que se ponen de su parte. Los discípulos han roto con él, por
efecto de la elección de Jesús. No se puede estar con Jesús y el mundo a la
vez; decidirse por Jesús conlleva romper con el mundo. Sigue afirmando Jesús:
"Recordad lo que os dije: No es el siervo más que su amo. Si a mí me han
perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra,
también guardarán la vuestra. Y todo eso lo que harán con vosotros a causa de
mi nombre, porque no conocen al que me envió". La adhesión a Jesús es
causa de persecución. Los discípulos son conocidos con el grupo de Jesús, y eso
causa la hostilidad y la persecución. En todas las épocas de la Iglesia están
presentes los mártires. Estos y todos los que han llevado la fe hasta las
últimas consecuencias por fidelidad al Evangelio, nos muestran la fecundidad
del seguimiento de Cristo. En su testimonio hemos de sostenernos en este
momento de la historia.
DOMINGO,
10 DE MAYO DE 2026. San Juan (14,15-21)
"NO OS DEJARÉ HUÉRFANOS, VOLVERÉ"
Estamos ya en el sexto
domingo de Pascua. En la lectura de los Hechos (Hech.8,5-8.14-17) se nos
describe la expansión de la Iglesia. Felipe anuncia el mensaje cristiano en
Samaría. Por su parte, Pedro y Juan son enviados allí para confirmar a los
fieles por la imposición de manos y el don del Espíritu. En su primera carta,
el apóstol, Pedro (IPe.3,15-18) por un lado nos exhorta a vivir el misterio
pascual de Cristo que murió en la carne, pero volvió a la vida por el Espíritu;
por otro, nos dice "estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza
a todo el que os la pidiere". Animados por el Espíritu del Señor
resucitado, el cristiano ha de estar dispuesto a dar razón de lo que cree ante
cualquier posible interlocutor. Al despedirse de sus discípulos, Jesús les
dice: "Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que
os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la
verdad". Por primera vez menciona Jesús el amor de sus discípulos a él; la
fe en él denota, por tanto, una adhesión personal que culmina en el amor. La
adhesión a su persona y a su obra se convierte en un impulso de identificación.
Jesús ejerce una actividad mediadora ante el Padre para la comunicación del
Espíritu a los suyos. El término 'valedor', aplicado al Espíritu, significa el
que ayuda en cualquier circunstancia. Sigue diciendo Jesús: "El mundo no
puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo
conocéis, porque vive en vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos,
volveré". Jesús está preparando a sus discípulos para el momento de su
ausencia; les da todas las seguridades para que no estén intranquilos. No los
dejará desamparados, huérfanos. El Padre con el Hijo y el Espíritu nos aman y
están con nosotros en el camino de la vida.
LUNES,
11 DE MAYO DE 2026. San Juan
(15,26–16,4a)
"Y TAMBIÉN
VOSOTROS DARÉIS TESTIMONIO"
En el Evangelio de hoy se habla de la misión como
testimonio del Espíritu y los discípulos y la persecución sufrida por los
discípulos. En relación con lo primero, Jesús dice: "Cuando venga el
Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede
del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio,
porque desde el principio estáis conmigo". Jesús anuncia a sus discípulos
la actividad del Espíritu en la misión, dando testimonio en favor de Jesús
mismo, condenado por el mundo. El testimonio de los discípulos ante el mundo
continúa el del Espíritu en la comunidad. Los discípulos pueden dar testimonio
de Jesús por estar con él desde el principio. Todo discípulo, en cualquier
época, está llamado a dar testimonio de Jesús. Para dar este testimonio es
imprescindible aceptar como norma toda la vida de Jesús. Respecto a la
persecución, Jesús dice: "Os he hablado de esto, para que no tambaleéis.
Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que
os dé muerte pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han
conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que, cuando llegue la
hora, os acordéis de que yo os lo había dicho". Jesús intenta prevenir a
sus discípulos, para evitar su deserción en el futuro. Jesús anuncia de
antemano a los discípulos que serán marginados por los que se proclaman
representantes de Dios e intérpretes de su voluntad. El mundo religioso odiará a
los discípulos de Jesús por negar la adhesión a sus principios. Espíritu de la
verdad, que tu cuidado sobre nosotros nos lleva a amar más a Jesús y a nuestros
hermanos. En el peligro sé nuestra luz y guía.
MARTES,
12 DE MAYODE 2026. San Juan (16,5-11)
"SI ME VOY, OS LO ENVIARÉ"
Jesús dice abiertamente a sus
discípulos: "Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me
pregunta: ¿Adónde vas? Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha
llenado el corazón. Sin embargo, lo que digo es la verdad: os conviene que yo
me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si
me voy, os lo enviaré". Los discípulos siguen sin comprender la muerte
como marcha al Padre; para ellos es el fin de todo. No piden explicaciones, que
consideran superfluas, sino que se llenan de tristeza al pensar en la
separación, que ellos interpretan como soledad definitiva. En cambio, para
Jesús hará más bien a los discípulos la presencia y ayuda del Espíritu que su
propia presencia externa. Sin embargo, para comunicar el Espíritu tiene que dar
antes la prueba última, definitiva y radical de su amor por el hombre: dar su
vida por nuestra salvación. El Espíritu va a dar a los discípulos la
posibilidad de amar como Jesús. ¿Qué hará el Espíritu cuando venga?
"Dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una injusticia,
de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me
voy al Padre, y ya no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este
mundo está condenado". El mundo o sistema injusto se ha erigido en juez de
Jesús y lo ha condenado como a un criminal. Ahora, el Espíritu, que es la
fuerza de Dios, va a abrir de nuevo el proceso para pronunciar la sentencia
contraria. Los que se hicieron jueces son los culpables; el condenado tenía la
razón y, en consecuencia, el sistema que se atrevió a cometer semejante
injusticia está condenado por Dios. Positivamente, el Defensor nos conducirá al
Amor pleno y verdadero. Pongamos nuestra confianza en la brisa de su soplo cotidiano
y permanente.
MIÉRCOLES,
13 DE MAYO DE 2026. San
Juan (16,12-15)
"EL ESPÍRITU DE LA VERDAD"
Jesús, dirigiéndose a sus discípulos, describe
la ayuda del Espíritu en la misión en estos términos: "Muchas cosas me
quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él,
el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no
será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me
glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene
el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo
anunciará". En efecto, Jesús había comunicado a sus discípulos lo que
había oído del Padre. Su mensaje, sin embargo, tiene consecuencias que ellos
aún no han sacado ni pueden comprender por el momento. Existe, por tanto, mucho
terreno inexplorado en la verdad de Jesús, que solo podrá ser conocido a medida
que la experiencia coloque a la comunidad delante de nuevos hechos o
circunstancias; éstas irán iluminando el sentido de su muerte-exaltación. El
Espíritu comunicará lo que oiga a Jesús, será su profeta. La interpretación del
Espíritu guía a los discípulos en su actividad. El proceso de aprendizaje es
progresivo. Jesús nos deja en las manos del Espíritu Santo. Esta Persona divina
es nuestro Maestro interior que, con su infinita paciencia, nos va llevando a
la verdad plena sobre Jesucristo. Dejémonos enseñar por el Espíritu Santo en
las diversas circunstancias de nuestra vida. Él nos irá mostrando el mensaje
del Señor Jesús.
JUEVES,
14 DE MAYO DE 2026. San Juan
(15,9-17)
PERMANECED EN MI AMOR
En aquel tiempo,
"dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me ha amado, así os he amado
yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en
su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra
alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros
como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus
amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo
siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo
amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois
vosotros lo que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado
para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure, de modo que lo que pidáis
al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros".
Termina la alegoría de la vid, comienza la del amor y la amistad. La prueba más
palmaria y concluyente de su amor es que Jesús nos introduce en el misterio del
amor del Padre, del que él mismo ha brotado. Esto debe llenarnos de consuelo y
de gratitud. Preguntémonos de verdad, ¿es posible que Jesús me ame con el mismo
amor con que el Padre le ama a él? Esto es cierto. Ahora bien, el imperativo
'permaneced' entraña exigencias morales o, lo que es lo mismo actuar de acuerdo
con el amor que Dios nos tiene. Jesús nos habla de un modo realista. Solo
permaneceremos en el amor de Jesús, si guardamos sus mandamientos. Jesús hace
referencia a otro don: la alegría. Desea que participemos en su alegría. Jesús
nos da su mandamiento: "que os améis unos a otros como yo os he
amado". La vida nos va mostrando que la práctica de este amor no es fácil,
al estar compuesto de servicio, respeto, ternura, alegría. Son las dimensiones
básicas del amor profundo. La característica del amor de Jesús es la entrega
con dimensión universal y profunda. Pero, ¿quién ama así y hasta ahí, 'como yo
os he amado? Jesús nos admite en su amistad. Nos trata como amigos. El paso de
ser un cercano, un conocido, a ser un amigo, está en la comunicación plena que
hace un corazón a otro. Jesús ha elegido a sus discípulos y los ha destinado a
dar fruto abundante y duradero. Los eligió con un amor de preferencia, los que
él quiso. Termina el texto con este mandato: 'Que os améis unos a otros'. Sigue
vigente hasta el final de los tiempos este mandamiento nuevo del Señor Jesús.
VIERNES,
15 DE MAYO DE 2026. San Juan
(16,20-23a)
"...Y SE ALEGRARÁ VUESTRO CORAZÓN"
Para mostrar como la tristeza
de los discípulos se convertirá en alegría, Jesús acude a la imagen del parto.
Dice al respecto: "La mujer, cuando va a dar a luz, siente tristeza,
porque ha llegado su hora; pero, en cuanto da a luz al niño, ni se acuerda del
apuro, por la alegría de que al mundo le ha nacido un hombre. También vosotros
ahora sentís tristeza; pero volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y
nadie os quitará vuestra alegría. Ese día no me preguntaréis nada". Esta
comparación, en boca de Jesús, señala no sólo su propia resurrección, sino la
que el hombre experimenta al salir de la persecución-opresión y vivir en
libertad. La imagen del parto se sitúa, pues, en la doble perspectiva: la
muerte-resurrección de Jesús y la tristeza-alegría de los suyos. La mención de
'la hora' de la mujer recoge el tema de 'la hora' de Jesús, en su doble
aspecto: el negativo, como muerte, desenlace de la persecución provocada por el
odio, a la que hace alusión 'el apuro', y el positivo, como manifestación
suprema del amor de Dios y paso de Jesús al Padre. La muerte de Jesús
representa los dolores de parto; su resurrección, el nacimiento del hombre. La
alegría será permanente. Una vez que los discípulos hayan visto el triunfo de
la vida sobre la muerte, no habrá motivo de tristeza, la victoria es segura. El
gozo de la comunidad estriba en la presencia de Jesús resucitado, signo de la
vida invencible, experiencia de que no puede ser extinguida por el poder de la
muerte.
SÁBADO,
16 DE MAYODE 2026. San Juan (16,23b-28)
"EL PADRE
MISMO OS QUIERE"
Jesús continúa diciendo a sus discípulos: "En
verdad, en verdad os digo: si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo dará.
Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que
vuestra alegría sea completa. Os he hablado de esto en comparaciones; viene la
hora en que ya no hablaré en comparaciones, sino que os hablaré del Padre
claramente. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al
Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y
creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo
el mundo y me voy al Padre". La comunión con Jesús introduce una nueva
situación en la vida de los discípulos: son hijos de Dios. Ellos pueden pedir
cualquier cosa al Padre y Él se la concederá. Esta realidad es sumamente
dichosa y representa el motivo del gozo 'completo'. El Señor Jesús invita
a orar al Padre, siempre cercano e identificado con el Hijo. El mismo
Jesús nos enseñó el Padrenuestro como la oración del cristiano. Jesús dijo a
aquellos primeros discípulos y nos dice también a nosotros que Él ha venido a
la tierra para ser una sola cosa con los discípulos y llevarles hasta el Padre.
Ahora bien, Él vuelve al Padre no solo, como había descendido, sino con los
discípulos de ayer, de hoy y de mañana, que con su sangre ha ganado para
nosotros. Siempre que oramos como cristianos, lo hacemos al Padre por el Hijo
en el Espíritu Santo. Dios, rico en misericordia, está siempre dispuesto a
escucharnos y a concedernos lo que más nos conviene para nuestra salvación.
DOMINGO,
17 DE MAYO DE 2026. San Mateo
(28,16-20)
"YO ESTOY
CON VOSOTROS TODOS LOS DÍAS..."
En la primera lectura de la Eucaristía de hoy
(Hech.1,1-11), se nos describe el acontecimiento de la Ascensión con estas palabras:
"Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la
vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos
hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, ¿qué hacéis ahí
plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo
volverá como le habéis visto marcharse". La solemnidad de la Ascensión
muestra claramente el misterio de Cristo resucitado: su triunfo sobre la
muerte, el sentarse a la derecha del Padre con su mismo poder y gloria en
cuanto hombre, su condición de Juez del universo y la historia, Señor de todo
lo creado. Ahora bien, el Resucitado no se ha ido para desentenderse de este
mundo. Al despedirse de los once discípulos y encargarles la tarea de anunciar
el Evangelio, les dijo: "Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo". El Señor nos acompaña todos los días en el camino
de la vida. Cada día del año, hasta el final de la historia, está presente en
nuestra vida la corriente que nos llega a través del Amor del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo.
LUNES,
18 DE MAYO DE 2026. San Juan
(16,29-33)
"¿AHORA
CREÉIS?"
Jesús ha dicho a los suyos que se acercaba la hora de
entender plenamente, no que hubiera llegado ya. En este sentido los discípulos
le dijeron: "Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora
vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que
saliste de Dios. Les contestó Jesús: ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para
llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su
lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre".
Jesús muestra su escepticismo ante semejante motivación. La fe verdadera tiene
por objeto a Jesús en la cruz; consiste en la adhesión a su Persona, como
manifestación del amor de Dios. Jesús les conoce mejor que ellos mismos. La no
adecuación de su fe se va a mostrar muy pronto: cuando se enfrenten con la
realidad de la muerte de Jesús. Se imaginan ser plenamente discípulos, antes de
aceptar su muerte y recibir el Espíritu. Su fe es a todas luces insuficiente.
Pero el Padre está con Jesús, y su presencia se manifestará más que nunca
en ese momento, cuando todos lo hayan abandonado. Jesús termina las palabras de
despedida de este modo: "Os he hablado de esto, para que encontréis la paz
en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo".
Así terminan las advertencias de Jesús acerca de la persecución de los
discípulos por parte del mundo. Jesús quiere tranquilizar a los suyos. Jesús da
por descontado el hecho de la persecución; si los discípulos se mantienen
fieles a él, ésta es inevitable. Para el que cree en Jesús, el orden injusto
quedará desacreditado para siempre. Con su entrega hasta el extremo Jesús ha
vencido al mundo.
MARTES,
19 DE MAYO DE 2026. San Juan
(17,1-11a)
"HA
LLEGADO LA HORA"
En el Evangelio (Jn.17,1-11) de hoy se recoge parte de la
oración de Jesús al Padre. En actitud orante, Jesús dijo: "Padre, ha
llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el
poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.
Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu
enviado, Jesucristo". La oración que pronuncia Jesús está íntimamente
ligada a sus instrucciones anteriores. El evangelista recoge un momento único
de intimidad, sumamente revelador. Se puede afirmar que Jesús resume toda su
obra, en su despedida de los discípulos, con esta oración, donde vislumbramos
hacia donde se dirigen sus obras. En medio de esa relación entre el Padre y el
Hijo, también nosotros somos introducidos. Para hablar con el Padre, Jesús
levanta los ojos al cielo. Ha llegado 'la hora' anunciada en Caná. Ante su
hora, que culminará en su muerte, Jesús está completamente tranquilo; es más,
va a pedir que no se demore. Sabe que significa su victoria. Al pedir al Padre
que manifieste la gloria de su Hijo, Jesús muestra el carácter dinámico de la
comunicación de la gloria-amor. Jesús no puede manifestar su propia gloria sin
el acuerdo del Padre, porque lo que manifiesta es la gloria que el Padre le
está comunicando. Todo hombre puede obtener esa vida, aceptando el ofrecimiento
que el Padre le hace en Jesús. Quien, rechazando el amor, rechaza la vida,
queda en la muerte. La vida que Jesús quiere comunicar al hombre consiste
en el conocimiento personal e inmediato del Padre, único Dios verdadero.
MIÉRCOLES,
20 DE MAYO DE 2026. San Juan
(17,11b-19)
"GUÁRDALOS
EN TU NOMBRE"
En el Evangelio de hoy (Jn.17,11b-19) se recoge
otro trozo de la oración de Jesús al Padre. Jesús oró al Padre, diciendo:
"Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado, para que sean
uno, como nosotros...". El apelativo, 'Padre santo' prepara la petición
final de esta oración. 'conságralos en la verdad'. En su oración; Jesús no pide
al Padre que saque a los que Él le ha dado del mundo, sino que los proteja de
los criterios y maneras de proceder propios de los que se dejan conducir por el
mal. El discípulo de Cristo, no huye del mundo, sino que en el mundo anuncia
con valentía el Evangelio con su vida y con su palabra. Aparece por primera vez
el objetivo último de la oración de Jesús: "Que sean uno". Para
conseguir este objetivo, Jesús pide la protección del Padre. Jesús quiere que
sus discípulos permanezcan en la unidad. El Padre y Jesús son uno. Están
plenamente unidos. La comparación que hace Jesús de la unidad de los discípulos
con la que existe entre él y el Padre elimina toda idea de dominio; se trata,
pues, de la unidad de amor que identifica y compenetra. El objetivo de la
oración de Jesús es que exista la unidad, es decir, que sea realidad su
alternativa y exista en medio del mundo la prueba visible del amor de Dios al
hombre. Ella es el presupuesto de la misión y, en cierto modo, su término.
Permanecer unidos en torno a Él representa la garantía de un estilo de
presencia en la sociedad que es capaz de testimoniar la verdadera fraternidad
que Jesús siembra en el corazón de sus discípulos, por medio del Espíritu.
Desgraciadamente, la familia cristiana no goza hoy día de la plena comunión.
Existen muchas realidades que nos unen, pero todavía no gozamos de la plena
unidad. Todos los bautizados, prolongando la oración del mismo Jesús en la
historia, hemos de pedir al Padre el don de la unidad.
JUEVES,
21 DE MAYO DE 2026. San Juan
(17,20-26)
"PARA QUE TODOS SEAN UNO"
En su oración al Padre, dice
Jesús: "Padre santo, no solo por ellos ruego, sino también por los que
crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre,
en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo
crea que tú me has enviado..." (Jn.17,20-26). Jesús no sólo ora por
aquellos discípulos que tiene con él, sino también por la comunidad del futuro.
De este modo ensancha el horizonte de su oración a la comunidad de las épocas
sucesivas. Él está seguro de que su obra continuará; siempre habrá personas que
respondan a la llamada de la vida. Son sus discípulos los encargados de ir
transmitiendo el mensaje de Jesús. Este mensaje, difundido por los discípulos,
producirá la adhesión personal a Jesús. Lo que Jesús desea y pide para su
comunidad de toda época es la unidad. La unión de la comunidad es condición
para la unión con el Padre y Jesús. La presencia e irradiación de Dios desde la
comunidad, a través de las obras que revelan su amor, será la prueba
convincente de la misión divina de Jesús. La presencia del Padre se constata en
la unidad perfecta, efecto del amor mutuo expresado en el servicio fraternal.
Ha de ser visible, puesto que constituye un testimonio ante el mundo:
resplandece en la actividad en favor del hombre. Esta comunión entre los
discípulos constituye un argumento capaz de convencer a la humanidad. La
manifestación del amor en el seno de la comunidad cristiana será lo que
provoque la fe en el mundo. En consecuencia, la división dentro de la familia
cristiana contradice la voluntad de Cristo, es un escándalo para los demás y
entorpece gravemente la evangelización del mundo.
VIERNES,
22 DE MAYO 2026. San Juan (21,15-19)
"¿ME AMAS
MÁS QUE ESTOS?"
Terminada la comida comunitaria, el Resucitado dice a
Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Él contestó:
Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: Apacienta mis corderos. Por
segunda vez le pregunta: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Él le contesta: Sí,
Señor, tú sabes que te quiero. Él le dice: Pastorea mis ovejas. Por tercera vez
le pregunta: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Se entristeció Pedro de que le
preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó: Señor, tú conoces todo,
tú sabes que te quiero. Jesús le dice: Apacienta mis ovejas". Las palabras
que el Resucitado dirige personalmente a Pedro representan la exigencia del
seguimiento. Es Jesús quien toma la iniciativa y vuelve a utilizar el apelativo
que había empleado en su primera entrevista: 'Simón, hijo de Juan' (Jn.1,42).
El Resucitado trata de enfrentar a Pedro con su actitud. En presencia de los
demás discípulos, pregunta a Pedro si puede aducir el único título que podría
justificar su pretensión de ser el primero: un amor mayor que el de los demás.
Pedro no podrá afirmar eso, siendo el único de ellos que lo ha negado, aun
después de haber sido invitado por el otro discípulo a acompañar a Jesús en su
entrega y muerte (Jn.18,15-18). La respuesta de Pedro es afirmativa, pero la
matiza evitando toda comparación, que, dado su historial, resultaría en
disfavor suyo. Con el verbo que emplea, diverso del que ha usado Jesús, profesa
su cariño de amigo. Ante la declaración de amistad de Pedro, Jesús le pide una
muestra de ella, que no puede consistir más que en su entrega a los demás. La tercera
pregunta del Resucitado, que parece mostrar desconfianza hacia sus afirmaciones
anteriores, entristece a Pedro. Hemos de reconocer que nuestro amor hacia Jesús
es frágil. Es necesario avanzar en nuestra entrega total a la persona del
Resucitado. Éste termina diciendo a Pedro: "Sígueme".
SÁBADO,
23 DE MAYO DE 2026. San Juan
(21,20-25)
"TÚ,
SÍGUEME"
Pedro, una vez que, renunciando a su Mesías imaginario,
se ha vinculado a Jesús, ha aprendido de nuevo su mensaje bajo la figura del
pastoreo y ha deshecho sus negaciones con su triple profesión de amistad.
Entonces recomienza su discipulado. "Pedro, volviéndose, vio que los
seguía el discípulo a quien Jesús tanto amaba, el mismo que en la cena se había
apoyado en su pecho y le había preguntado: Señor, ¿quién es el que te va a
entregar? Al verlo, Pedro dice a Jesús: Señor, y este, ¿qué? Jesús le contesta:
Si quiero que se quede hasta que yo venga, a ti, ¿qué? Tú sígueme". El
evangelista caracteriza al discípulo a quien Pedro ve, recordando lo sucedido
en la Última Cena. Son dos los que ahora siguen a Jesús: el que nunca había
dejado de seguirlo y Pedro, el que ahora comienza. Aquel discípulo no
pronunciará palabra; será Pedro el que plantee una cuestión. Jesús no contesta
a la pregunta. Afirma en primer lugar que el porvenir del otro discípulo
depende él y que no es un asunto que interese a Pedro. Lo que importa es
seguirlo fielmente entregándose a los demás. Aun en el caso de que el
otro discípulo no hubiese de morir, para Pedro el único itinerario es el
que Jesús le ha marcado: manifestar la gloria de Dios dejando que le arrebaten
la vida por amor a las ovejas. La vida nos va enseñando que lo decisivo es
amar. Sólo el amor es digno de fe. Desde tal amistad con Jesús, se comprende su
llamada a seguirle. Los verdaderos discípulos coinciden en la dirección
del seguimiento, detrás de Jesús, el único modelo, para llegar a la entrega
total. Señor Jesús, que te reconozcamos como el único Camino de nuestra vida.
DOMINGO,
24 DE MAYO DE 2026. San Juan (20,19-23)
"RECIBID
EL ESPÍRITU SANTO"
Celebramos hoy la Solemnidad de Pentecostés. Los
cincuenta días de Pascua se celebran como 'un único día de fiesta'. La Pascua
se completa así con el don del Espíritu Santo. Las lecturas de la Eucaristía
nos hablan del acontecimiento de Pentecostés desde diversos ángulos. En el
libro de los Hechos se narra la venida del Espíritu sobre los primeros
cristianos que estaban todos reunidos en un mismo lugar (Hech.2,1.11). Para
Lucas es importante subrayar la manifestación externa del Espíritu y así
asegurar la objetividad de su descenso sobre los apóstoles. En este sentido, el
Espíritu aparece relacionado con dos símbolos: el viento y el fuego. La
presencia del Espíritu lo invade todo, llenando la casa y confiriendo unidad a
los apóstoles reunidos en espera y oración. En todas las lenguas se oye hablar
de las acciones de Dios. El Apóstol, en la primera Carta a los Corintios
(ICor.12,3b-7.12-13), nos dice que: "Hemos sido bautizados en un mismo
Espíritu, para formar un solo cuerpo". El Espíritu es el admirable
constructor de la unidad de la Iglesia. La presencia del Espíritu es fuente de
comunión eclesial. En el Evangelio (Jn.20,19-23) se presenta a la persona del
Espíritu Santo como el aliento del Resucitado. Jesús dice a sus discípulos:
"Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Y, dicho esto,
exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo". El
don del Espíritu Santo otorgado por el aliento del Resucitado supone una nueva
creación y una verdadera resurrección en los apóstoles que "estaban con
con las puertas cerradas por miedo a los judíos". Este gesto de exhalar el
aliento no hay que entenderlo solo para ese momento en el inicio de la misión
de la Iglesia, sino como un 'Pentecostés permanente' que Jesús realizará
siempre de nuevo en 'el tiempo de la Iglesia' en todo aquel que se bautice en
el Espíritu (cfr. Jn.3,26.34). Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de
la tierra.
LUNES,
25 DE MAYO DE 2026. San Juan (19,25-34)
AHÍ TIENES A TU MADRE
En aquel tiempo,
"junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María,
la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús al ver a su madre y junto a ella al
discípulo que tanto quería, dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego,
dijo al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora, el discípulo la
recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba
cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un
jarro de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de
hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: Está
cumplido. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos, como era el
día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el
sábado. porque aquel sábado era un día grande, pidieron a Pilato que les
quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las
piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al
llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas,
sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto
salió sangre y agua". Hoy celebramos la memoria de Santa María,
Madre de la Iglesia. Junto a la cruz de Jesús estaba un grupo muy reducido de
personas: Un grupo de mujeres: su madre, la hermana de su madre, María la de
Cleofás, y María la Magdalena. Estaba también el discípulo que Jesús tanto
quería. Los testigos que están al pie de la cruz forman el núcleo
de la nueva familia de la fe. Los discípulos son 'hermanos' y miembros de la
familia. Precisamente Jesús nos quiere dar como madre a su madre. Al ver a su
madre, le dice: 'Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dijo al discípulo: 'Ahí
tienes a tu madre'. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa'.
San Pablo VI, en un discurso pronunciado el 21 de noviembre de 1964 en la
sesión de clausura de la tercera etapa conciliar, declara a la Santa María
'Madre de la Iglesia. He aquí sus palabras: "Así, pues, para gloria de la
Virgen y consuelo nuestro, Nos proclamamos a María Santísima Madre de la
Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de
los pastores que la llaman Madre amorosa, y queremos de ahora en adelante sea
honrada e invocada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo
título". Como aquel discípulo amado, la acogemos en nuestro corazón como
Madre amorosa.
MARTES,
26 DE MAYO DE 2026. San
Marcos (10,28-31)
"¿QUÉ NOS VA A TOCAR?"
Pedro, en nombre de los
demás apóstoles, dijo a Jesús: "Nosotros lo hemos dejado y te hemos
seguido; ¿qué nos va a tocar? Jesús les dijo: Os aseguro: cuando llegue la
renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también
vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a
las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre
o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida
eterna". Los que habían aceptado la llamada de Jesús habían renunciado
poco o mucho de lo que tenían para seguir a Jesús. Por el corazón de Pedro pasa
un sentimiento muy común entre los humanos. Nos gusta tener asegurado nuestro
futuro. Los discípulos, con muestras de preocupación, también quieren saber que
van a recibir por la renuncia y generosidad en el seguimiento a Jesús. Éste
promete a sus apóstoles que en aquel día solemne, en el que se manifestará de
una manera espléndida y nunca vista su gloria y la de su obra la Iglesia, ellos
serán de una manera particular asociados al acto mismo de juzgar a los hombres.
También les promete la vida eterna. No serán sólo los apóstoles los que reciban
una recompensa singular por su renunciamiento a los bienes de este mundo. Los
que por amor a cristo y a la causa del Evangelio se hayan despojado de todo
recibirán una recompensa muy generosa. Dios jamás se deja ganar en generosidad.
Ni siquiera un baso de agua quedará sin recompensa. Celebramos la fiesta de San
Benito Abad, padre de los monjes de occidente, patrono de Europa. El ideal
cristiano que plasmó en su Regla podría sintetizarse en las palabras que le
dijo al buen ermitaño Martín, que, poco seguro de sí mismo, había atado con una
cadena su pierna a una roca: "Si eres siervo de Dios, le dijo, que no sea
una cadena la que ate, sino el amor de Cristo".
MIERCOLES, 27 DE MAYO DE 2026. San Marcos (10,32-45)
Narra el tercer anuncio
de Jesús sobre su pasión y resurrección, que contrasta con la petición de poder
de Santiago y Juan, revelando la incomprensión de los discípulos sobre la
verdadera grandeza en el Reino de Dios, la cual no es dominio, sino servicio radical y entrega, reflejado en el
ejemplo del Hijo del Hombre que vino para servir y dar su vida en rescate por
muchos, transformando el modelo de liderazgo mundial.
JUEVES, 28 DE MAYO DE 2026. San Mateo (26,36-42)
JESUCRISTO,
SUMO Y ETERNO SACERDOTE
Hoy celebramos la fiesta de
Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El calendario litúrgico de la Iglesia en
España aporta una fiesta propia: Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (jueves
posterior a Pentecostés). Como siempre la Palabra de Dios nos ayuda a vivir con
sentido esta festividad. La primera lectura, tomada de la Carta a los Hebreos
(Heb 10,4-10) señala que "cuando Cristo entró en el mundo dijo: Tú no
quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas
holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el
libro: Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad. Primero dice: No quieres ni
aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias, que se
ofrecen según la ley. Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad.
Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos
quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez
para siempre". La sangre de
animales no puede abrir el camino hacia Dios. Cristo sabe que lo que
agrada a Dios, el único homenaje que él
acepta es la obediencia. Así lo haya formulado
en el Salmo 40. De ahí que al entrar en el mundo, por la Encarnación,
pero sobre todo y especialmente por la muerte y resurrección, hace ofrenda de
su propio cuerpo, de su existencia mortal. Precisamente ya no se trata de un
rito exterior, ni de algo ajeno a él mismo, sino de sí mismo y de su
existencia. Él se ofrece por nuestros pecados. Por su sacrificio, Jesucristo
limpia la conciencia, el interior del hombre. Como el salmista (Sal 40) hemos
de presentarnos ante el Señor, diciendo con toda sinceridad: "Aquí estoy,
Señor, para hacer tu voluntad". Tal como nos recuerda el Evangelio (Mt
26,36-42) Jesucristo es nuestro Mediador, que conoció el miedo, la traición, la
soledad, el abandono, hasta la entrega de sí mismo por nuestra salvación. He
aquí al Sumo y Eterno Sacerdote que celebramos en este día. La Eucaristía es
memoria de la entrega total de Jesucristo. En la celebración de la Santa Misa,
participamos de la ofrenda de Jesucristo y adquirimos el compromiso de hacernos
pan con él para nuestros hermanos.
VIERNES, 29 DE MAYO
DE 2026. San Marcos (11,11-25)
"MI CASA ES CASA DE ORACIÓN".
En aquel tiempo, "entró Jesús en el templo y se puso a echar a los
vendedores, diciéndoles: Escrito está: Mi casa es casa de oración; pero
vosotros la habéis convertido en una cueva de bandidos. Todos los días enseñaba
en el templo. Lo sumos sacerdotes, los escribas y los notables del pueblo
intentaban quitarlo de en medio; pero se dieron cuenta de que no podían hacer
nada, porque el pueblo entero estaba pendiente de sus labios". El
evangelista ha fundido en este texto dos episodios: Los vendedores del
templo (Lc 19,45-46) y el magisterio de Jesús en el templo (Lc 19, 47-48). Al
entrar Jesús en el templo, expulsa a los que estaban vendiendo. El ejercicio
del comercio dentro del templo le convierten en una cueva de bandidos, como había
profetizado el profeta Jeremías (Jer 7,6.10-11). Esta acción profética de
Jesús fue decisiva para que las élites del pueblo judío decidan acabar
con su vida. Jesús purifica el templo para poder ejercer en él su ministerio
docente. El pueblo sencillo estaba pendiente de sus labios. Señor Jesús, danos
un corazón humilde, para acoger tu mensaje de liberación.
SÁBADO, 30 DE MAYO DE 2026. San Marcos (11,27-33)
"¿CON QUÉ
AUTORIDAD HACES ESTO?"
Los sumos sacerdotes, los
escribas y los ancianos, al ver lo que Jesús había hecho y dicho en el templo,
le preguntaron: "¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado
semejante autoridad? Jesús les respondió: Os voy a hacer una pregunta y, si me
contestáis, os diré con qué autoridad hago esto: El bautismo de Juan ¿era cosa
de Dios o de los hombres?". Se pusieron a deliberar la respuesta. Le
contestaron: "No sabemos". Entonces Jesús les replicó:
"Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto".Por el texto
evangélico sabemos que los gestos simbólicos de Jesús, especialmente el de la
purificación del templo, encuentran inmediatamente su réplica por parte de las
autoridades judías. En este pasaje se pone de manifiesto que los sumos
sacerdotes, los escribas y los ancianos se habían sentido desbancados en su autoridad,
veían amenazado su prestigio y, en tono de frío legalismo, obligan a Jesús a
mostrar sus credenciales. Es decir, Jesús debía declarar públicamente
quién cree ser, dando razón de su actuación tan decidida en el
templo. Señor Jesús, que sepamos siempre acoger tus palabras y
aprender de tu comportamiento. Que nuestro culto sea siempre en espíritu y en
verdad.
DOMINGO, 31 DE JUNIO DE 2026. San Juan (3,16-18)
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
Hoy es domingo, el día del Señor. Celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. La Palabra de
Dios incide en mostrarnos que nuestro Dios nos ama apasionadamente. La primera
lectura (Ex.34,4b-6.8-9) nos presenta de madrugada a Moisés subiendo al monte
Sinaí. El Señor se lo había mandado. Allí se produjo el encuentro del Señor con
Moisés. Este pronunció el nombre del Señor que pasó ante Moisés diciendo:
"Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en
clemencia y lealtad. Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le
dijo: Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque es un
pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad
tuya". El Señor se revela ante Moisés, proclamando su nombre, su ser y su
actividad: justo y paciente. Su castigo es limitado, su misericordia infinita;
fiel y solidario con cuantos le necesitan; el que ama a sus criaturas y siempre
está cerca. El Señor no sólo accede a cuanto le pide Moisés, sino que le
propone algo único y radical; la renovación del pacto. En el encuentro con
Nicodemo, Jesús nos ofrece esta fotografía del Padre: "Tanto amó Dios al
mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen
en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para
juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él". Jesús en persona
es el don del amor de Dios a la humanidad. El designio amoroso de Dios no
discrimina; ofrece la vida a todos sin excepción. Quien no la obtenga es porque
rechaza su oferta, negando la adhesión a Jesús. Dios envió a su Hijo para
salvar al mundo. El Hijo lleva a cabo el designio del Padre, entregando su vida
por nosotros en la cruz. El Apóstol, dirigiéndose a los fieles de Corinto
(IICor.13,11-13), ya nos presenta a las tres Personas divinas con estas
palabras: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión
del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros". Nuestro Dios es
una familia que ama entrañablemente a la familia humana. Las tres Personas
divinas quieren acompañarnos en el camino de nuestra vida. Hemos de recibirlas
en nuestro corazón, como compañeras y patronas de nuestra existencia. En este
día oramos de un modo especial por los monjes y monjas de vida contemplativa
que oran por nosotros en sus conventos.

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