Desde la eternidad posees tu ser -misterio insondable y maravilloso-, tu ser de Hijo en el Padre y de Padre en el Hijo. Que existamos nosotros o no, Tú permaneces inmutable -el Hijo es todo para el Padre y el Padre es todo para el Hijo-, mientras que las otras cosas no son sino vanidad.
¡Oh misterio adorable! No llego a él con la razón. Creo.
Creo porque has hablado Tú, Señor. Acepto con gozo el testimonio que de Ti mismo has dado. Tú sabes bien quuién eres. ¿Quién si no podría saberlo? Cierto no yo, polvo y ceniza; sólo sé lo que Tú me has dicho. Acepto tu testimonio, Creador mío, y creo firmemente y repito, siguiéndote a Ti, lo que no comprendo, porque quiero vivir en la fe. Prefiero creer en Ti que confiar en mí mismo.
Dios infinito, desde la eternidad lo eres todo por Ti mismo. El Padre es todo para el Hijo, y el Hijo para el Padre. ¿No debes ser también todo para mí, pobre criatura, Tú tan grande para mí tan pequeño?"
Beato Henry Newman
Participa con tu comentario...
Publicar un comentario