
Queridos amigos y amigas del blog: ha llegado el momento de organizar una salida al campo para recoger las bayas de los espinos.
Ya hace tiempo hablamos de este arbusto y de las propiedades de sus flores tomadas en infusión.
Sus frutos (en mi pueblo les llamamos “andreas”) contienen, además de muchos minerales y flavonoides, cantidades considerables de vitamina C, B3, B2 y B1 por lo que merece la pena aprovecharlos.
Comidos en crudo son un poco insípidos y también engorrosos por lo pequeños y por el huesecillo que contienen pero podemos hacer con ellos una jalea estupenda.
Si recolectamos los frutillos con cuidado, retirándolos sin el peciolo, los árboles no sufrirán en absoluto y a los pájaros no les importará compartir su comida con nosotros (ejem…digo yo)
Resumiendo, que podemos pasar una jornada estupenda en contacto con la Naturaleza, haciendo ejercicio y recolectando frutos muy saludables. ¿Quién se anima?
Yo ya he recolectado unos pocos y he preparado una jalea que, además de ser muy saludable por lo que hemos comentado anteriormente, está muy buena. Tiene un sabor exótico (para mí, claro) y no se con cual compararlo, pero me encanta.
Pienso usarla sola, añadiéndola a los batidos de frutas, con quesos, en tartas y pasteles… ya iremos viendo.
JALEA DE ANDREAS (bayas del espino albar)
INGREDIENTES
La proporción es: por cada vasito de bayas - 1/2 vasito de agua – azúcar (más adelante se especifica la cantidad)– 1/2 limón
ELABORACIÓN
Lavamos la fruta, la medimos con un vasito y la colocamos en la olla exprés.
Le añadimos los vasitos correspondientes de agua y el limón partido en trozos con cáscara incluída pues es en ella (sobre todo en la parte blanca) donde tiene la pectina, que es la sustancia espesante natural que hará que la jalea se espese y adquiera la consistencia gelatinosa.
Cerramos la olla y lo dejamos cocer. Si es la olla rápida serán unos 7 u 8 minutos a máxima potencia, si es la olla exprés normal, unos 14 o 15 minutos.
Preparamos un cuenco, colocamos encima un colador grande o el pasapurés y volcamos sobre éste el contenido de la olla.
Dejamos que escurra bien todo el líquido hacia el cuenco, aplastando la fruta con un tenedor. Quedarán sin pasar los huesecillos y la pulpa, pero no importa porque ésta habrá soltado ya sus sustancias en el líquido.
Pesamos el líquido obtenido y le añadimos el mismo peso en azúcar o quizá un poquito menos los poco dulceros. Es cuestión de probar.
Lo ponemos al fuego en una cacerola, o en la misma olla pero destapada, removiendo de vez en cuando.
Lo cocemos durante aproximadamente ½ hora o hasta que veamos que adquiere consistencia, teniendo en cuenta que al enfriar espesará más.
Podemos conservarla como cualquier mermelada, envasándola, nada más retirarla del fuego, en tarros esterilizados con cierre hermético.
Llenamos los tarros hasta arriba, los cerramos bien enseguida y los conservamos en lugar fresco y oscuro (o en el frigorífico).
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