Entramos en una fiesta popular y entrañable, la fiesta de Todos los Santos; la ha preparado Dios para los que lo aman. Hay alegría, mucha alegría. Todo es de todos. Dios está en medio, como una fuente, y nos da sus dones para caminar mejor el camino.
¿Quiénes son éstos? Son los verdaderos vencedores de la historia, que han hecho presente en medio de las crisis la ternura de Dios. En algún momento pareció que eran vencidos por el mal y borrados de la historia, -¡metía éste tanto ruido!-, pero ahora no, ahora las voces de los pequeños de la tierra retumban como trompetas para proclamar un milagro patente: Es el Señor quien lo ha hecho. A Él la alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias para nuestro Dios.
En la fiesta de la gran familia de los hijos de Dios se respira comunión. “Creemos en la comunión de los santos”, La comunión fortalece toda debilidad, alienta toda desesperanza. Muchos hermanos y hermanas, que nos han precedido en el signo de la fe y han vivido el Evangelio, cruzan sin pudor toda frontera para seguir haciendo el bien en la tierra. Todos juntos, en el amor, en la santidad, hacemos visible a Dios, porque Dios es la fuente de toda santidad.
¡Las bienaventuranzas! Son la carta magna de la nueva humanidad. Don de Dios y tarea para el día a día. La dicha se asoma en los que han elegido ser pobres, limpios, verdaderos, justos, solidarios, sencillos. De esa forma se han dejado abrazar por el Dios que abraza toda la realidad humana.
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.
¡Y el mundo se volvió del revés; las mujeres gritaron verdades en las plazas!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.
¡Y la tierra se abrazó finalmente a los suyos y hubo risas en una cena sin fin!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.
¡Y las lágrimas danzaron al son de la gracia con la música del amor!
¡Qué alegría, Señor!
¡Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados.
¡Y la paz y la justicia se besaron en las bodas y hubo pan y vino para todos!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
¡Y la ternura fue la lengua común de todos los pueblos!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
¡Y una nueva mirada lo dejó todo vestido de hermosura!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los hijos de Dios.
¡Y salió el arco iris de una nueva humanidad y hubo flores en todos los balcones! ¡Qué alegría, Señor!
Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos.
¡Y un gran aplauso levantó a todos los caídos y les dio la dignidad perdida!
¡Qué alegría, Señor!
Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.
¡Y la tierra se convirtió en un cielo, donde todos cantan y bendicen al Dios del amor, donde todos se aman y se ayudan!
¡Qué alegría, Señor!
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