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jueves, 31 de enero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 1 DE FEBRERO DE 2019

Viernes, 1 febrero de 2019

En aquel tiempo, Jesús decía al gentío: El Reino de Dios se parece a un hombre que echa la semilla en la tierra. Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega. Dijo también: ¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, pero después de sembrarla crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra. Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado". En el relato evangélico nos encontramos con dos parábolas de Jesús. Ambas se centran en el Reino de Dios. Ahora la atención se desplaza de la sementera al período intermedio y a la fase final. El Reino se parece a una semilla que germina por sí sola. Entre la sementera y la cosecha, la semilla va creciendo y madurando calladamente, sin que el hombre lo advierta o lo comprenda, sin que pueda impedir o acelerar el proceso. El dinamismo del Reino es también así, de forma inicial es un deseo de Dios que uno pone en su corazón y poco a poco va creciendo hasta dar fruto. Es una parábola que invita a la serenidad y a la confianza del creyente. Dios mismo es quien obra por dentro en la persona humana. Por su parte, en la parábola del grano de mostaza se acentúa el sorprendente y grandioso resultado final de la acción de Dios. Desde esta perspectiva esta parábola alienta la esperanza en un futuro esplendoroso, pero insistiendo al mismo tiempo en el imprescindible valor del momento presente, por muy pequeña que sea la semilla del grano de mostaza. En resumen, hay que reconocer que en la simplicidad y normalidad de cada día se esconde el germen del Reino de Dios.

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