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miércoles, 2 de enero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 3 DE ENERO DE 2019


Jueves, 3 de enero de 2019
"Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel. Y Juan dio testimonio diciendo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo. Yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios".  Juan Bautista señala a Jesús como el Cordero de Dios, en alusión al cordero pascual cuya sangre liberó de la esclavitud al pueblo de Israel. Realmente Jesús es el verdadero Cordero pascual, al que, vaticinado por el profeta, 'no se le quebrará ningún hueso' (Jn 19,36). La gracia de perdonar los pecados es privilegio exclusivo de Dios, prerrogativa suprema reservada a los tiempos mesiánicos. Diariamente el sacerdote, antes de la comunión, nos recuerda las palabras con las que Juan Bautista presentó a Jesús. ¡Cuántas veces decimos y escuchamos estas palabras de forma rutinaria y fría! Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo y nos comunicas la vida divina, enardece nuestro corazón cada vez que vayamos a recibirte. También en el Evangelio de hoy Jesús aparece como el Hijo de Dios que puede bautizar con Espíritu Santo. En consecuencia, dejarnos bautizar por Jesús conlleva acoger su Espíritu como fuente de vida nueva. Para despertar diariamente a la fe cristiana, es necesario abrir de par en par las puertas de nuestro corazón al Espíritu Santo, Señor y dador de vida. Esta Persona divina tiene la misión de cristianizarnos día a día.  

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