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martes, 12 de febrero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 13 DE FEBRERO DE 2019


Miércoles, 13 de febrero de 2019

Por aquel entonces, "llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: Escuchad y entended todos: nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola. Él les dijo: ¿También vosotros seguís sin entender? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón sino en el vientre y se echa en la letrina. (Con esto declaraba puros todos los alimentos). Y siguió: Lo que sale de dentro del hombre, eso sí hace impuro al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro". La sentencia que Jesús dirige a la gente en general desconcertó a los oyentes, dada la mentalidad y el ambiente en que vivían. Se comprende, pues, que en casa los discípulos le pidieran una explicación. Jesús se la  brinda. Para él lo que hace impuro a las personas no es tanto el alimento que se toma, cuanto las actitudes que brotan del corazón. ¿Qué significa el corazón? El Catecismo de la Iglesia Católica nos lo dice: "El corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión semítica o bíblica: donde yo 'me adentro'). Es nuestro centro escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en relación: es el lugar de la Alianza". Esta descripción del corazón humano nos ayuda a entender la importancia que Jesús le concede al corazón humano. Se trata, pues de cuidar la limpieza profunda del corazón. Si lo hacemos entonces seremos acreedores de esta bienaventuranza: "Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios".  

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