
Viernes, 15 de febrero de 2019
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía hablar; y le piden que le imponga la mano. Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le tocó la lengua. Y mirando al cielo, suspiró y le dijo: Effetá (esto es, 'abrete'). Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba correctamente. Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más insistencia lo proclamaban ellos. Y en el colmo del asombro decían: Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos".En este texto se recoge una escena muy conocida. A Jesús le presentan un sordo que, a consecuencia de la sordera, apenas puede hablar. La vida del sordo tiene serios inconvenientes. Solo se oye a sí mismo. Vive encerrado en su propia soledad. La palabra 'effetá' es de procedencia aramea y significa ábrete. Con esta palabra y con los gestos que realiza Jesús en los oídos y la lengua del sordomudo, Jesús curó al sordomudo. En este sentido, Jesús está realizando las mismas obras de Dios que anunciaron los profetas: abrir los ojos del ciego, desatar la lengua de los mudos y espabilar los oídos de los sordos. Aquel hombre, al ser curado, sale de su aislamiento. Descubre lo que es vivir escuchando a los demás y conversando abiertamente con todos. La gente que contempló el gesto sanador de Jesús quedó admirada. Jesús lo hace todo bien, como el Creador. Señor Jesús, abre nuestros oídos, para escuchar tu palabra. Abre nuestros labios para que proclamemos las maravillas que realizas en nosotros.
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