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martes, 5 de febrero de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 6 DE FEBRERO DE 2019


Miércoles, 6 de febrero de 2019

Por aquel entonces, "Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí? Y se escandalizaban a cuenta de él. Les decía: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando".  Jesús no es bien acogido en su pueblo. El rechazo de sus paisanos y la falta de fe impiden que puedan recibir sus milagros. Las gentes de Nazaret neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza sanadora. Jesús no logra acercarlos a Dios ni curar a todos, como hubiera deseado. Su presencia solo despierta en ellos asombro. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Al sentirse despreciado, Jesús recuerda a sus paisanos un refrán conocido: No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa. Al mismo tiempo se extraña de su falta de fe. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar. ¿Cómo acogemos a Jesús los que nos creemos 'suyos'? ¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza sanadora? Señor Jesús, creemos en ti, pero aumenta nuestra fe.

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