
Jueves, 29 de marzo de 2019
En aquel tiempo, "un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Qué mandamiento es el primero de todos? Respondió Jesús: El primero es: Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser. El segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos. El escriba replicó: Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios. Jesús viendo que había respondido sensatamente, le dijo: No estás lejos del Reino de Dios. Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas". Ante la multitud de normas, no pocas veces insignificantes, un escriba le pregunta a Jesús cuál es el primer mandamiento. La respuesta de Jesús, que tiene en cuenta dos textos del Pentateuco (Dt 6,4-5; Lv 19,18), se caracteriza por la seguridad soberana con que une el amor a Dios y el amor al prójimo. Sólo el amor a Dios hace posible el amor al prójimo y sólo en el amor al prójimo puede manifestarse el amor a Dios. Este mandamiento del amor es el mayor, porque sólo él es el que da sentido y orientación a todos los demás. Cuando se acumulan preceptos y ritos, es difícil saber qué es lo fundamental. Cualquier observancia religiosa y cualquier acto de culto carecen de significado y de valor, si no son cumplidos a la luz y en la perspectiva del amor. Señor Jesús, ayúdame a amar a Dios y a mi prójimo cada día. Esto sólo es posible si nos apoyamos en la gracia de Dios. En esta Cuaresma tenemos la oportunidad de vivir con generosidad el amor a Dios y a los hermanos.
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