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viernes, 29 de marzo de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 30 DE MARZO DE 2019


Sábado, 30 de marzo de 2019

En aquel tiempo, "dijo Jesús esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás: Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido". Estamos ante dos formas de acercarse a Dios. La del fariseo que piensa ganar la salvación con su propio esfuerzo, y la del publicano, que reconoce con humildad su condición de pecador y pide a Dios la conversión. Jesús mismo hace un comentario de la parábola. Nos dice que mientras el fariseo, que se siente orgulloso de sí mismo, que piensa que es perfecto, que todo lo hace bien y desprecia a los otros, no es justificado, porque la humildad acerca a Dios y el orgullo aleja de él. En el caso del publicano, la humildad que hace sentir la debilidad y necesidad de Dios, atrae la compasión de Dios. En este tiempo de Cuaresma, hemos de reconocer que en nuestro interior tal vez convive un fariseo y un publicano. Preguntémonos, ¿qué actitudes de orgullo descubro en mi vida que deberían ser rebajadas? Por el contrario, ¿qué temores y cansancios ensombrecen mis días que deberían ponerse en pie con ánimo renovado? La humildad es caminar en la verdad.

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