
Martes Santo, 16 de abril de 2019
En aquel tiempo, "estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: Señor, ¿quién es? Le contestó Jesús: Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado. Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: Lo que vas a hacer, hazlo pronto (...). Pedro replicó: Señor, ¿Por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti. Jesús el contestó: ¿Con qué darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces". Comienza el Evangelio de hoy recordándonos la traición de Judas. Jesús le había llamado a formar parte de los Doce. Como señal de cierta predilección le había confiado el cargo de administrador de los bienes comunes que compartía con sus discípulos. Aquella noche de la Cena Pascual, Jesús no había dudado de ponerse de rodillas, como un esclavo, para lavar los pies de sus discípulos. Ante la frialdad de Judas, Jesús, que era humano, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: Uno de vosotros me va entregar. En el mundo oriental, en aquel entonces, el gesto de Jesús de entregar un trozo de pan untado a Judas, era un detalle de particular delicadeza. Judas ha optado entre la luz y la noche. Algo muy serio se rompió en el corazón de Judas. El evangelista concluye la descripción de esta escena con un punto final, lapidario y seco: Era de noche. Termina el relato con el anuncio por parte de Jesús de la negación de Pedro. Ahora bien, tal negación tendrá un final feliz: el arrepentimiento y la confianza en el perdón. En este día de Martes Santo renovemos nuestra fidelidad a Jesús. A pesar de los fallos, siempre confiamos en el perdón de Dios.
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