
Miércoles Santo 17 de abril de 2019
En aquel tiempo, "uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: ¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego? Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces, andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ácimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua? El contestó: Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor? Él respondió: el que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido! Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: ¿Soy yo acaso, Maestro? Él respondió: Tú lo has dicho". Por aquel entonces, el primer día de la fiesta estaba dedicado a los preparativos de la cena. Jesús busca un lugar donde prepararla y celebrarla. Según nos dice san Lucas (22,8) Jesús encarga de preparar las cosas a Pedro y a Juan. Les da una contraseña, con la cual conocerán a un hombre, probablemente un criado, que les guiará a la casa del señor, a quien deben notificarle que la hora de su partida de este mundo está próxima y que quiere celebrar esta última pascua en su casa juntamente con sus discípulos. El anuncio de la traición de Judas representa el comienzo del plan de muerte contra Jesús en el marco de la cena pascual. Todos los apóstoles, al escuchar las palabras del Maestro, se impresionaron profundamente, y entristecidos, sabiendo por experiencia que Jesús conoce los pensamientos más secretos de los corazones, no se les ocurre protestar contra el que abrigue semejante traición, sino que cada uno pregunta humildemente: ¿Soy yo acaso, Maestro? Jesús conoce los detalles del complot que sus adversarios han tramado contra él. Sin embargo, sabe que la entrega responde al plan de Dios. En los otros relatos de la cena pascual, el traidor queda sin identificar. En este relato se aclara que Jesús se refiere a Judas, descrito como 'el que lo va a entregar'. Además, Judas pone precio a su traición: treinta monedas de plata. Más todavía, el traidor tuvo la audacia de preguntar él también a Jesús, tal vez para denunciarse a sí mismo guardando silencio. Jesús hizo un supremo esfuerzo para atraer a aquel discípulo al buen camino. Señor Jesús, gracias porque tú eres siempre fiel. En esta Semana Santa Jesús quiere también celebrar la Pascua en nuestra casa. Hemos de acogerle en nuestro corazón.
Participa con tu comentario...
Publicar un comentario