
MIERCOLES, 3 de abril de 2019
En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Mi padre sigue actuando, y yo también actúo. Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no solo quebrantaba el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios. Jesús tomó la palabra y les dijo: En verdad, en verdad os digo: El Hijo no puede nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al Hijo como honran al Padre...". El hecho de que Jesús se manifieste como Hijo de Dios es un tema medular, una afirmación sustancial. Tan arriesgada y comprometida testificación chirrió estridentemente en los oídos de los dirigentes judíos, defensores a ultranza del más puro monoteísmo. Para ellos era una blasfemia. Que un hombre se atreviera a profanar la 'sacralidad' inviolable del sábado, que se proclamara igual a Dios, que tuviera el atrevimiento de llamar a Dios 'su Padre', era algo intolerable. En el texto evangélico aparece con claridad que entre el Padre y el Hijo hay comunión de voluntades y de acción, una unidad de relación, operación y gloria. Solo Dios es la Vida, fuente y origen de toda vida. Esta misma Vida se la ha comunicado al Hijo; por eso el Hijo actúa como el Padre, dando vida a los que quiere, porque su Padre le ha dado este poder por su igualdad de naturaleza y de soberanía. Jesús ya no es portavoz de Dios, como lo fueron los profetas, es el Hijo. El que cree en Jesús y vive en consonancia ha pasado ya al ámbito de la vida de Dios. A esta prerrogativa de dar la Vida ha añadido el Padre el poder de juzgar. El tiempo de Cuaresma es oportuno para conocer más a fondo al Hijo de Dios, que es nuestro Salvador. Él, al entregar su vida por nosotros, nos da la vida nueva y definitiva.
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