
Sábado, 20 de abril de 2019
Durante la mañana y la tarde del Sábado Santo, la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte, su descenso a los infiernos y se abstiene absolutamente del sacrificio de la Santa Misa. Se recomienda que en este día se celebre en las iglesias el Oficio de lectura y las Laudes, con participación de los fieles. Al anochecer de este día se comienza a celebrar la Vigilia Pascual, la madre de todas las Santas Vigilias (San Agustín). ¿Qué se nos pide en esta noche? En primer lugar Velar. No podemos dormir, como durmieron los guardias del sepulcro. No basta tener la mente despierta, sino el corazón a punto. Orar con la presencia del Señor resucitado, orar con el agradecimiento y el alleluia pascual. Como se canta en el pregón pascual: "¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!". Escuchar: durante la proclamación de la Palabra de Dios, escucharemos cómo Dios actuó en las diversas etapas de la Historia de la Salvación. Dos siempre toma la iniciativa para ofrecernos la salvación. Celebrar. La Vigilia pascual no es una simple celebración, es la celebración de las celebraciones, la madre de todas las celebraciones. La liturgia de esta vigilia es festiva y el misterio es gozoso. En el pregón pascual cantamos desde el corazón: "Porque estas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero cordero (...) ¡Que noche tan dichosa (...) en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!". Ciertamente, en esta noche Cristo resucitado quiere unirse a nosotros y resucitar en nosotros. Celebremos la comunión con Cristo, las bodas de nuestro Dios. En síntesis, esta noche celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, pero no solo la de Cristo, también la nuestra. Cristo nos resucita de la tristeza, de la desesperanza, del vacío y del sinsentido. Nos resucita de la esclavitud, del vicio, de la maldad.
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