
Domingo, 21 de abril de 2019
Hoy es domingo, el día del Señor. Celebramos el domingo de Pascua de Resurrección. En la primera lectura (Hch 10, 34a. 37-43) se recoge el testimonio de Pedro ante una familia pagana de la vida, de la muerte y de la resurrección de Jesús. He aquí algunas afirmaciones que sintetizan la identidad y la misión del Señor Jesús. Él todo lo hizo bien, porque Dios estaba con él. Lo colgaron de un madero, pero Dios lo resucitó. Nosotros somos testigos. Quien cree en él se salva. San Pablo (Col 3,1-) nos habla de las consecuencias que se derivan de la fe en la resurrección de Jesús. Creer en la resurrección significa buscar los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha del Padre. No debemos ser esclavos de lo que nos ata a la tierra. Nuestra vida solo tiene sentido si vivimos unidos al Resucitado. Por su parte, el Evangelio (Jn 20, 1-9) nos muestra el itinerario de fe en la resurrección de tres discípulos: María Magdalena, Pedro y Juan. Uno no está donde está, está donde ama. De ahí que María Magdalena no estaba en su casa, estaba junto al sepulcro. Y el corazón siempre llega primero. Después correrían los dos discípulos. Juan llegó primero al sepulcro; "e inclinándose vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos". Pedro y Juan fueron a corroborar lo que María Magdalena afirmaba. El desconcierto y el desasosiego los sumen en la perplejidad más absoluta; sentimientos que, al final, explotan en una carrera apasionada hacia el sepulcro. Pedro precede a Juan. Juntos vivieron las horas amargas de la pasión, aunque con suerte desigual. A ambos les impulsa por dentro el mismo anhelo: el interés por esclarecer lo sucedido. Pedro y Juan constatan que los lienzos, con que José de Arimatea y Nicodemo envolvieron y embalsamaron el cadáver de Jesús, estaban allí convenientemente ordenados, lo que descartaba toda posibilidad de robo o de traslado a un lugar desconocido. Pedro comprueba 'oficialmente' los hechos objetivos que sus ojos ven. Juan vio lo mismo y comenzó a creer. Señor Jesús, nosotros creemos, pero ven en ayuda de nuestra incredulidad. Tú has resucitado y nos has abierto la puerta de la resurrección.
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