Páginas

lunes, 29 de abril de 2019

EL PAN DE LA PALABRA: DÍA 30 DE ABRIL DE 2019



Martes, 30 de abril de 2019

En aquel tiempo, "dijo Jesús a Nicodemo: Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu. Nicodemo le preguntó: ¿Cómo puede suceder eso? Le contestó Jesús: ¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? En verdad, en verdad te digo: hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hablo de las cosas celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna". En este relato evangélico se nos recuerda algo del encuentro de Jesús con Nicodemo.  Éste es un miembro del Sanedrín, que ha seguido de cerca la trayectoria de Jesús. En ciertos círculos Nicodemo pasa por ser un discípulo vergonzante de Jesús, que tiene miedo de perder su imagen y va a visitarlo, agazapado en las sombras de la oscuridad. En concreto, una revelación tan nueva y profunda de Jesús causa sorpresa y confusión en Nicodemo. Jesús aclara su revelación sirviéndose de un elemento cotidiano, sencillo y misterioso: el viento. Este era considerado entonces como una fuerza misteriosa. Existe, es un hecho real, pero escapa a nuestro control, porque no conocemos su origen, ni su destino. Eso mismo sucede con el Espíritu. Este es una realidad trascendente, que escapa al control de nuestras  evidencias humanas. Nicodemo ahora ya acepta la realidad. Ahora le preocupa el modo de la intervención del Espíritu. ¿Cómo nacer de nuevo? Jesús se presenta como él único que puede contestar a la pregunta de Nicodemo. Una revelación tan clara y contundente se apoya en un argumento de autoridad personal, ya que el Hijo, que ha tenido acceso al Padre, lo que nadie puede decir, nos va a explicar las cosas del cielo. La Cruz será el signo máximo del amor llevado hasta el extremo. Jesús es realmente nuestro Salvador; se entregó del todo por nuestra salvación. Si creemos en él tendremos la vida eterna. Avivemos nuestra fe en el Crucificado que ha resucitado; él es la fuente inagotable de vida eterna.Miércoles, 29 de mayo de 2019
En aquellos días, "dijo Jesús a sus discípulos: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará  hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará". Durante su vida pública Jesús eligió y llamó a sus discípulos. Les fue enseñando el misterio del Reino. Pero, ¿le habían comprendido? No habían querido ni oír hablar de la pasión y muerte de su Maestro. ¿Cómo iban a entender el sentido profundo de las mismas? Se comprende, por tanto, que será el Espíritu quien los conducirá a la comprensión de Jesús y de su mensaje. El Espíritu, pues, nos llevará a la Verdad completa que es Jesús. El Espíritu no es un mero poste repetidor, sino central generadora de luz y de vida nueva. Con otras palabras, el Espíritu no es como un canal, que reduce toda su actividad a recibir agua y dejarla pasar  pasivamente a los que necesiten el agua. El Espíritu continuará tomando de lo de Jesús, actualizándolo y dándolo a conocer a los creyentes o no creyentes, que buscan a Jesús con sincero corazón. Ven, Espíritu Santo. Ven a fortalecer nuestras manos para seguir construyendo el Reino de Dios siempre intuido y nunca del todo construido en este mundo.

Participa con tu comentario...

Publicar un comentario