
Lunes, 8 de abril de 2019
En aquel tiempo, "Jesús hablo a los fariseos, diciendo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Le dijeron los fariseos: Tú das testimonio de ti mismo; tu testimonio no es verdadero. Jesús les contestó: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero, porque sé de dónde he venido y adónde voy; en cambio, vosotros no sabéis de dónde vengo y adónde voy. Vosotros juzgáis según la carne; yo no juzgo a nadie; y, si juzgo yo, mi juicio es legítimo, porque no estoy yo solo, sino yo y el que me ha enviado, el Padre (...) Ellos le preguntaban: ¿Dónde está tu Padre? Jesús contestó: Ni me conocéis a mí ni a mi Padre; si me conocierais a mí, conoceríais también a mi Padre. Jesús tuvo esta conversación junto al arca de las ofrendas, cuando enseñaba en el templo. Y nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora". Después de salvar la vida a la mujer adúltera, Jesús vuelve al templo y sigue enseñando. Dirigiéndose a los fariseos, Jesús afirma que es 'la luz del mundo'. En la fiesta de las Chozas, los judíos celebraban en una ceremonia el anhelo humano de la luz. En este contexto de euforia religiosa, Jesús exclamó: Yo soy la luz. El que sigue a Jesús no camina a oscuras, sino que tendrá la luz de la vida. Jesús se manifiesta como la luz existencial. La luz era símbolo del Mesías. "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande (Is 9,1-2). Jesús es, a la vez, revelador y revelación, y con dimensiones universales, puesto que ilumina a toda la humanidad. Es 'la Luz'. Para Jesús, dar testimonio de sí es revelar sus relaciones con el Padre, que es verdaderamente el Enviado. Jesús se presenta ante los dirigentes judíos como Hijo de Dios, y a Dios como su Padre. Al hablar del misterio de la Iglesia, el concilio Vaticano II comienza con estas palabras: "Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15), con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia" (LG n.1). Cristo tiene luz propia. Con dicha luz ilumina a toda la Iglesia. Señor Jesús, gracias por iluminar diariamente los pasos de mi vida.
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