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domingo, 2 de septiembre de 2012

MINUTO DE ORACIÓN


Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda, y habitar en tu monte santo? El que procede honradamente y practica la justicia; el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua; el que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino; el que considera despreciable al impío y honra a los que temen al Señor; el que no retracta lo que juró aun en daño propio; el que no presta dinero a usura ni acpeta soborno contra el inocente. El que así obra nunca fallará. ( Salmo 14).

"Danos, Señor, hambre y sed de la divina Palabra, que ella es vida para las almas, luz para las mentes, soplo vivificador. Tú lo has proclamado: 'Las palabras que os digo son espíritu y vida'.

¡Oh Biblia santa, oh libro divino! Se encuentran y se fundan en ti sublimidad y santidad. Recorrer tus páginas es como pasar a través de las más bellas y seductoras armonías... Pero el punto central en el que sublimidad y santidad se encuentran y desbordan en su plenitud es el Nuevo Testamento, es tu Evangelio, oh Jesús.

La sublimidad del Evangelio no es torrente que pasa e hinche con su voz potente los ecos de las montañas de donde se precipita, sino río tranquilo siempre abundante en sus aguas y siempre maravilloso en su majestad; no es estallido de rayo al que sigue la tormenta, sino el expandirse gradual y plácido de la luz serena, que avanza a su paso, hasta inundar la tierra y los cielos".

Beato Juan XXIII, el Papa bueno.

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